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Prescripción

El Dolor

Estrategias individualizadas para el manejo de pacientes con dolor crónico no oncológico de difícil control

Salud y Fármacos
Boletín Fármacos: Prescripción, Farmacia y Utilización 2026; 29 (1)

Tags: dolor lumbar crónico, oxicodona, naloxona, estreñimiento, fatiga, bajo estado de ánimo, riesgos de la desprescripción de opioides, suspensión de opioides, abstinencia, reducción de opioides, suicidio, crisis de salud mental, abandono del cuidado médico

Puntos clave del artículo de Chung-Wei C y Langford A [1]
Reducción de la prescripción de opioides en el dolor no oncológico

  • Los opioides se utilizan habitualmente para tratar el dolor no oncológico, pero su eficacia es limitada en comparación con el placebo o los analgésicos no opioides, y se asocian a un mayor riesgo de efectos adversos.
  • Se recomienda reducir la prescripción de opioides cuando los posibles riesgos de la terapia con opioides superan los posibles beneficios, e idealmente, se debe involucrar al paciente en la toma compartida de decisiones para adaptar el plan a sus circunstancias, objetivos y preferencias.
  • La aplicación inflexible de la reducción de la prescripción de opioides sin considerar al paciente individual puede empeorar los resultados y causar daños graves.
  • Las estrategias clave para la reducción de la prescripción de opioides incluyen la elaboración de un plan de reducción individualizado y consensuado con el paciente, que contemple una reducción gradual y adaptada de la dosis, con pausas si es necesario, un seguimiento frecuente para evaluar la respuesta y el progreso del paciente, y la oferta de tratamientos para minimizar los síntomas de abstinencia y otros efectos negativos (por ejemplo, la administración de naloxona para mitigar el riesgo de sobredosis).
  • También se recomienda maximizar el uso de estrategias no farmacológicas y no intervencionistas para el manejo del dolor y proporcionar apoyo psicosocial y atención multidisciplinaria, aunque la evidencia sobre su eficacia procedente de ensayos clínicos suele ser limitada.

Chung-Wei et al analizaron el caso de una mujer de 62 años con dolor lumbar crónico que recibe oxicodona desde hace más de tres años, sin mejoría clínica relevante y con efectos adversos como estreñimiento, fatiga y bajo estado de ánimo. Se plantea la necesidad de reevaluar el tratamiento ante la persistencia del dolor y las dudas de la paciente sobre la posibilidad de aumentar la dosis de opioides o explorar alternativas terapéuticas.

La evidencia muestra que los opioides producen reducciones pequeñas del dolor, no mejoran de forma consistente la función física ni la calidad de vida, y no hay datos sólidos sobre las consecuencias de su uso más allá de seis meses de tratamiento [1].

En comparación con algunos analgésicos no opioides, en particular los antiinflamatorios no esteroideos, los opioides no han demostrado aportar un beneficio terapéutico claro en el tratamiento del dolor crónico o de ciertas afecciones de dolor agudo.

Adicionalmente, los opioides incrementan el riesgo de eventos adversos frecuentes y/o graves como el estreñimiento, la somnolencia, la hiperalgesia, la sobredosis y el trastorno por uso de opioides. Las dosis altas y la prescripción simultánea de benzodiacepinas o gabapentinoides aumentan aún más estos riesgos [1].

Los investigadores definen la deprescripción como el retiro supervisado de medicamentos inapropiados con el objetivo de mejorar los resultados en salud; y enfatizan que la deprescripción de opioides debe involucrar activamente al paciente, basarse en la toma conjunta de decisiones, y se debe adaptar a los objetivos, valores y contexto clínico, porque la aplicación rígida o no individualizada de la deprescripción puede empeorar los resultados y causar daño.

La suspensión o reducción de los opioides disminuye el riesgo de sobredosis a largo plazo, pero también se asocia, especialmente al inicio, con mayor riesgo de suicidio, crisis de salud mental y abandono del cuidado médico. Estos riesgos aumentan cuando las dosis se reducen de forma rápida, la dosis basal es alta o la duración del tratamiento ha sido prolongada, lo que justifica estrategias planificadas y estrechamente monitorizadas [1].

Se recomienda que los clínicos elaboren junto con el paciente un plan individualizado de deprescripción que incluya una explicación detallada de la reducción gradual de dosis, un seguimiento frecuente, el manejo oportuno de los síntomas de abstinencia y la provisión de apoyos no farmacológicos (ver Cuadro 1). Las guías suelen sugerir reducciones del 5–10 % de la dosis equivalente de morfina cada 2 a 4 semanas, con pausas o ajustes según la tolerancia del paciente [1].

Los programas multimodales, el apoyo psicosocial y la atención interdisciplinaria facilitan la reducción de la dosis de opioides, aunque la evidencia sobre su suspensión completa sigue siendo limitada. Los autores señalan que la efectividad de muchas intervenciones es incierta y que ningún enfoque único resulta adecuado para todos los pacientes.

La tolerancia a los opioides disminuye durante la deprescripción y el reinicio de dosis previas aumenta el riesgo de sobredosis, por lo que los clínicos deben ofrecer educación clara sobre los riesgos y síntomas de la sobredosis de opioides y sobre el uso de naloxona. El texto también reconoce que algunos pacientes pueden requerir evaluación por posible trastorno por uso de opioides.

Para responder al caso clínico, los autores recomiendan discutir una prueba de deprescripción de opioides mediante la toma de decisiones compartida, con énfasis en una reducción gradual, un plan personalizado y un seguimiento continuo. Los autores proponen priorizar el mantenimiento de la función y la calidad de vida, ajustar el ritmo de reducción de dosis según la respuesta clínica y sostener este proceso con el apoyo clínico a largo plazo.

Nota de Salud y Fármacos. El artículo que hemos resumido es de libre acceso en inglés, y aporta mucha información útil para los prescriptores interesados en estos temas.

Fuente Original:

  1. Chung-Wei C; Langford A. Opioid Deprescribing in Patients with Noncancer Pain. N Engl J Med 2025;393:1833-1842 DOI: 10.1056/NEJMcp2414789 https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMcp2414789?query=health-policy
creado el 4 de Marzo de 2026