Resumen
El sistema de salud mental de Perú se caracteriza por la subinversión crónica, la fragmentación y la debilidad regulatoria, lo que deja a muchas personas sin acceso adecuado a la atención. En este contexto, las cadenas de farmacias privadas se han convertido en actores centrales en la provisión de servicios de salud mental, y de facto funcionan como puntos de acceso a los medicamentos psicotrópicos. Utilizando el concepto de corrupción institucional y haciendo un análisis basado en los derechos humanos, este artículo analiza cómo el predominio de las cadenas de farmacia ha transformado el acceso a los medicamentos psicotrópicos, en un proceso controlado por el mercado, en el que los intereses comerciales configuran los planes de tratamiento, profundizando la desigualdad y la medicalización excesiva y socavando el derecho a la salud.