Información incompleta sobre reacciones adversas: un problema estructural
Muchos pacientes consultan en internet los efectos secundarios antes de consumir un medicamento y confían en las listas de posibles reacciones clasificadas como “frecuentes”, “raras” o “graves”. Sin embargo, estas fuentes suelen ofrecer información incompleta, incorrecta, imprecisa y/o fuera del contexto específico de cada caso.
Las extensas listas carecen de valor clínico si no informan sobre la incidencia real de cada evento adverso. Sin datos de frecuencia absoluta, riesgo relativo y duración de exposición, el paciente y el profesional no pueden estimar adecuadamente el balance beneficio-riesgo del fármaco que está consumiendo o consumirá.
Origen de los datos y conflictos de interés estructurales
Las compañías farmacéuticas generan la mayoría de los datos sobre las reacciones adversas que pueden ocurrir tras el consumo de los medicamentos, y suelen utilizar la información que proced de los ensayos clínicos, que frecuentemente supervisan las organizaciones de investigación por contrato (CRO).
El objetivo primario de estos estudios es demostrar la significancia o superioridad estadística del nuevo fármaco frente a placebo para obtener la aprobación regulatoria. En este contexto, la recolección de eventos adversos no tiene el mismo nivel de prioridad. El diseño del protocolo experimental, la formulación de preguntas y la clasificación de los síntomas influyen de manera directa en la detección y el registro de las reacciones adversas.
Ensayos de corta duración y subdetección de eventos tardíos
La mayoría de los ensayos pivotales tienen una duración limitada, lo que impide identificar los efectos que emergen tras exposiciones prolongadas.
Una revisión sistemática con metaanálisis publicada en The Lancet (1 de noviembre de 2025) evaluó 151 estudios y 17 reportes de la FDA sobre 30 antidepresivos en 58.534 participantes; la mediana de duración del ensayo clínico fue de 8 semanas. Este horizonte temporal no permite detectar desenlaces como la pérdida de la densidad mineral ósea y el mayor riesgo de fracturas de cadera. Los autores identificaron una asociación entre los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y la disminución de la densidad mineral ósea, y recomendaron mayor vigilancia clínica.
Vulnerabilidades en la supervisión y captura de eventos adversos
La FDA analiza los datos presentados, pero no supervisa directamente la ejecución de los ensayos clínicos.
Los patrocinadores y sus comités de ética definen los métodos de identificación, registro y seguimiento de los síntomas que experimentan los participantes en esos ensayos. La forma en que el investigador formula las preguntas puede modular la notificación de los eventos adversos. Este aspecto metodológico representa un punto crítico para la farmacovigilancia, ya que pequeñas variaciones en el interrogatorio pueden alterar sustancialmente las tasas de efectos adversos que se reportan.
El caso semaglutida: una variabilidad difícil de explicar
Los ensayos clínicos de semaglutida muestran discrepancias notables en las tasas de diarrea, tanto en los brazos activos como en placebo. En estudios con Ozempic, 1,9% de los pacientes en el placebo reportaron diarrea, mientras que en ensayos con Wegovy la tasa de diarrea en los grupos placebo alcanzó 16–19%. En el brazo activo con Ozempic 1 mg (8,8% de los participantes), registraron diarrea mientras en el brazo Wegovy 2,4 mg 22–30% la reportaron.
Aunque la mayor dosis de Wegovy podría explicar parte del incremento, la diferencia marcada en el grupo placebo sugiere que influyó el diseño o la forma cómo se indagó sobre los síntomas. Además, la ficha técnica de Wegovy incluye advertencias sobre depresión e ideación suicida, que no aparecen en la de Ozempic, pese a contener el mismo principio activo, lo que evidencia inconsistencias regulatorias importantes.
Lentitud regulatoria y señales históricas en la evaluación de las fluoroquinolonas
Las fluoroquinolonas como el ciprofloxacino (aprobado en 1987) y el levofloxacino (aprobado en 1996) se prescribieron durante décadas para infecciones frecuentes, antes de que las autoridades regulatorias y de vigilancia reconocieran plenamente los riesgos psiquiátricos y neurológicos graves que conlleva este grupo de antibióticos.
Los pacientes reportaron dichos eventos adversos desde principios de los años noventa, y la literatura médica identificó señales claras hacia 2008, año en que la FDA exigió una advertencia de recuadro negro sobre el daño en los tendones. La advertencia sobre el daño neurológico potencialmente permanente no se emitió hasta 2013, y la alerta sobre los aneurismas aórticos (una complicación potencialmente mortal) se emitió en 2018. Estos retrasos suponen más de 30 años de fluoroquinolonas prescritas mientras los efectos secundarios graves e incapacitantes pasaban prácticamente desapercibidos.
Este intervalo tan prolongado entre una señal de riesgo y una acción regulatoria ilustra las grandes limitaciones del sistema para responder con oportunidad a las necesidades de los pacientes.
La caída del cabello causada por los betabloqueadores de la que nadie habla
Los betabloqueantes como el metoprolol, el atenolol y el carvedilol se recetan a decenas de millones de estadounidenses para la hipertensión arterial y las afecciones cardíacas. La información para la prescripción menciona la “alopecia” como un posible efecto secundario, pero sospecho que pocos médicos advierten a los pacientes al respecto. Un cardiólogo puede percibir la caída del cabello como un efecto secundario “menor” o “raro”.
La información incompleta sobre los efectos secundarios de los medicamentos:
Implicaciones para la farmacovigilancia clínica y comunitaria
La información incompleta sobre los efectos adversos exige una actitud crítica tanto de los profesionales de la salud como de los pacientes, cuidadores y la comunidad en general.
La evaluación del riesgo requiere considerar la duración de los ensayos clínicos, las características de la población estudiada, el método de captura de los eventos adversos y la coherencia entre distintas formulaciones de un mismo fármaco.
La farmacovigilancia activa, el análisis independiente de datos y la educación del paciente constituyen herramientas esenciales para compensar las limitaciones inherentes a los ensayos precomercialización.
Fuente Original:
Graedon J. How Can You Trust Incomplete Drug Side Effect Information? Incomplete Drug Side Effect Information is a hidden problem in medicine. The People´s Pharmacy, https://www.peoplespharmacy.com/articles/how-can-you-trust-incomplete-drug-side-effect-information