Siento un enorme respeto tanto por Paul Krugman como por la excomisionada de la FTC, Lina Khan. Por eso me resultó frustrante ver la breve discusión que mantuvieron sobre los gestores de beneficios farmacéuticos (Pharmacy Benefit Managers o PBM) durante una entrevista más extensa que Krugman realizó a Khan.
Khan señaló cómo, en su calidad de comisionada de la FTC, intentó combatir las prácticas anticompetitivas de los PBM que elevaban los precios de los medicamentos. Si bien es probable que Khan tuviera razón al afirmar que los PBM abusaban de su poder de mercado para inflar los precios, tanto ella como Krugman pasaron por alto el problema fundamental y evidente que nadie quería ver: los medicamentos son caros debido al gobierno, y específicamente a los monopolios por patentes que les otorga el gobierno.
Sé que insisto constantemente en este punto, pero es una cuestión de gran importancia, tanto en términos económicos (US$550.000 millones anuales en total) como por su impacto directo en la salud y la supervivencia de las personas. El aspecto clave aquí es que no necesitamos monopolios de patentes para financiar el desarrollo de nuevos fármacos; podemos hacerlo mediante otros mecanismos, como la financiación pública directa. De hecho, ya lo hacemos en gran medida a través de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y otras agencias gubernamentales.
Hay tres razones por las que este asunto es de vital importancia:
En principio, la financiación pública podría cubrir este vacío, pero no hay razón para establecer una división tajante en la investigación para el desarrollo de productos patentables y la que se hace para otras curas y tratamientos. Algunos albergábamos la esperanza de que RFK Jr. impulsara una mayor financiación para la investigación en este sentido, pero parece más interesado en propagar disparates sobre las vacunas y el Tylenol, además de montar un espectáculo circense con sus rutinas de ejercicio.
Como comisionada de la FTC, Khan no estaba en condiciones de promover mecanismos alternativos para financiar el desarrollo de nuevos fármacos; sin embargo, tiene plena libertad para plantear la cuestión en debates de amplio alcance como el que mantuvo con Krugman. La industria farmacéutica estaría dispuesta a todo para preservar su actual modelo operativo, por lo que, incluso si lográramos poner el tema sobre la mesa, el camino hacia cualquier cambio sería largo y arduo. No obstante, deberíamos ser capaces de iniciar el debate. Me decepcionó que Khan y Krugman no abordaran esta cuestión.