Salud y Fármacos is an international non-profit organization that promotes access and the appropriate use of pharmaceuticals among the Spanish-speaking population.

PRESCRIPCIÓN, FARMACIA Y UTILIZACIÓN

Prescripción

Guerra civil en la psiquiatría: ¿hay posibilidad de acuerdo? (A civil war in psychiatry: Is there common ground?)
Allen Frances
MedPageToday’s, 29 de octubre de 2014
http://www.nogracias.eu/2014/10/30/una-guerra-civil-en-la-psiquiatria-hay-posibilidades-de-acuerdos/ Traducido por No Gracias

Algunos psiquiatras inflexibles son ciegos reduccionistas biológicos que asumen que los genes son el destino y que hay una píldora para cada problema.

Algunos anti-psiquiatras inflexibles son ciegos ideólogos que sólo ven los límites y los daños de los tratamientos para la salud mental, y no su necesidad o cualquiera de sus beneficios.

He pasado una frustrante buena cantidad de tiempo tratando de abrir las mentes de los extremistas de ambos extremos, rara vez con progresos.

Afortunadamente, sin embargo, hay muchas personas razonables en los dos campos que pueden diferir notablemente en su evaluación general de la psiquiatría, pero todavía pueden ponerse de acuerdo en que sin duda no es todo bueno o ni todo malo. Con una mente abierta como punto de partida, por lo general, se puede encontrar una base común; opiniones divergentes aparentemente sobre cuestiones abstractas no lo son tanto cuando se discute cómo hacer frente a los problemas prácticos.

Y encontrar un terreno común nunca ha sido más importante. Nosotros, simplemente, no podemos permitirnos el lujo de una guerra civil entre los distintos defensores de los enfermos mentales, en un momento en que se necesita tan desesperadamente una defensa fuerte y unida.

Los servicios de salud mental en los EE UU son un desastre que ha fracasado: financiación insuficiente, desorganización, falta de acceso, mala asignación, desánimo e influencia de los intereses comerciales. El no-sistema actual es una desgracia vergonzosa que no cambiará a menos que las distintas voces que se preocupan por los enfermos mentales pueden lograr una mayor armonía.

Esta es la cruel paradoja: Aquellas personas que necesitan ayuda no pueden conseguirla. Tenemos medio millón de pacientes gravemente enfermos en prisión por delitos de alteración del orden público que fácilmente podrían haberse evitado si hubieran recibido el tratamiento y la vivienda adecuada. Dormir en un escalón, el robo de una Coca-Cola o gritar en una calle puede llevar a la detención de una persona. Una vez detenida, no poder pagar la fianza y/o no encajar con las rutinas de la cárcel llevan a encarcelamientos prolongados y, con demasiada frecuencia, el confinamiento solitario del loco. Los EE UU de hoy son probablemente el peor lugar para sufrir de una enfermedad mental grave.

Mientras tanto, aquellos que no necesitan la medicina psiquiátrica tienen demasiada: Nos gastamos 50 mil millones de dólares al año en píldoras a menudo innecesarias y potencialmente peligrosas, que promueven los grandes traficantes de medicamentos, prescritas por los médicos negligentes, y buscados por pacientes con el cerebro lavado por la publicidad. En la actualidad hay más muertes en los EE UU por sobredosis de drogas que por accidentes de tráfico, y la mayoría de ellas provienen de medicamentos bajo prescripción, no de drogas de la calle.

El lío está profundamente arraigada porque 1) hay pocos y bastante impotentes defensores de los más desfavorecidos; 2) los intereses comerciales son ricos y poderosos, y controlan medios de comunicación y políticos, así como los beneficios del status quo; y, 3) la comunidad de salud mental está dividida por una guerra civil desde hace mucho tiempo que distrae de una defensa unificada para los enfermos mentales graves.

Los dos primeros factores no van a cambiar fácilmente. Esta lucha de David contra Goliat solo será posible si somos capaces de encontrar un término medio para una defensa unificada de los enfermos mentales.

Creo que personas razonables podrían ponerse de acuerdo fácilmente en cuatro objetivos comunes bastante obvias:

  1. Tenemos que trabajar por la libertad de los que han sido encarcelados de forma inapropiada.
  2. Tenemos que proporcionar una vivienda adecuada para reducir los riesgos y las indignidades de la falta de vivienda.
  3. Tenemos que proporcionar medicación de las personas que realmente la necesitan y evitar medicar a los que no.
  4. Tenemos que proporcionar apoyo psicosocial adecuado y de fácil acceso y tratamiento en la comunidad.

La discusión se produce sobre el grado en que son necesarios los medicamentos y la coerción, y sobre quién debe recibir financiación para proporcionar el tipo de apoyo psicosocial que se necesita.

Todos estamos de acuerdo en que hay demasiados medicamentos recetados por personas equivocadas a personas equivocadas por indicaciones erróneas. El ochenta por ciento de toda la medicina psiquiátrica es prescrita por los médicos de atención primaria influidos por la publicidad engañosa de las farmacéuticas después de muy breves consultas. Muchos psiquiatras también tienden a equivocarse al ser demasiado rápidos en prescribir. Los anti-psiquiatras se equivocan en la otra dirección, pensando que porque ellos personalmente han actuado sin medicamentos, nadie los necesita.

Creo que las personas razonables pueden estar de acuerdo en que tenemos que reeducar a los médicos y al público sobre que los medicamentos tienen efectos nocivos, no sólo beneficios, y que se deben reservar sólo para indicaciones ajustadas y cuando son realmente necesarios. Es ridículo que el 20% de nuestra población tome todos los días un medicamento con efectos psicoactivos y, es igualmente ridículo, que alguien vaya a la cárcel por síntomas que hubieran respondido a medicación si el tiempo de espera para una cita hubiera sido de un día, y no de dos meses.

La coerción es un tema aún más polémico, pero en el que también es posible encontrar puntos de acuerdo. Cuando, hace más de 50 años, Tom Szasz comenzó a luchar por el empoderamiento de los pacientes, la libertad y la dignidad, la principal amenaza para éstos era un sistema hospitalario estatal, un nido de víboras que almacenaba más de 600.000 pacientes, por lo general involuntariamente y con frecuencia inadecuadamente. Ese sistema ya no existe. En la actualidad hay sólo alrededor de 65.000 camas psiquiátricas en todo el país, y el problema es encontrar un camino en el hospital, no encontrar una salida.

Los anti-psiquiatras están peleando esta última guerra. La coacción psiquiátrica se ha convertido en gran medida un tigre de papel: rara, a corto plazo y, por lo general, un intento bien intencionado para ayudar a las personas a evitar la verdadera amenaza que hoy en día es la prisión. Despenalizar la enfermedad mental y excarcelar a los enfermos mentales debe ser una bandera común. Y cuando se discuten situaciones específicas, hay mucho más acuerdo sobre la coacción psiquiátrica que cuando se discute mediante simplificaciones.

Por último, está el conflicto que causa la inevitable competencia por los escasos recursos entre los programas de salud mental administrados profesionalmente y los basados en la rehabilitación. La lucha por los trozos del pastel es particularmente feroz cuando el pastel es demasiado pequeño y está siempre disminuyendo.

El terreno para el acuerdo está aquí en el reconocimiento del hecho de que una sola talla no sirve para todos. Necesitamos todo tipo de diferentes sistemas de apoyo psicosocial, porque diferentes personas tienen diferentes necesidades y gustos. Deberíamos estar unidos para hacer crecer el pastel; no luchar por rodajas un poco más grandes de un pastel que disminuye.

Roma está ardiendo y nadie parece estar haciendo mucho al respecto. Las instituciones de la torre de marfil (como las asociaciones profesionales y el Instituto Nacional de Salud Mental) y las organizaciones de base tienen que dejar a un lado las diferencias y centrarse en la defensa común de dos metas que todos puedan compartir: ayudar a nuestros conciudadanos más desfavorecidos a recuperar la libertad y la dignidad, y el control del uso excesivo, desenfrenado y descuidado de la medicación.

Allen Frances es Catedrático emérito del departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Durham (EEUU). Presidió el grupo de trabajo del DSM 4, el manual diagnóstico y estadístico de enfermedades mentales usado por millones de médicos en todo el mundo. Frances ha estado en España recientemente presentando su libro “¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la psiquiatría”. Ha publicado recientemente este artículo que traducimos por su interés

“Nunca habrá ningún tipo de compromiso aceptable para los duros defensores a muerte de la psiquiatría o para sus críticos más fanáticos.

creado el 12 de Septiembre de 2017