EE UU abandonó oficialmente la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 22 de enero de 2026, pese a las advertencias de que esta medida perjudicará tanto a la salud estadounidense como a la salud global, y contraviniendo además una ley de EE UU que exige a Washington pagar los US$260 millones en cuotas que adeuda.
Nadie confía en que EE UU salde su deuda ni reconsidere su salida de la organización.
Para la OMS, la salida de EE UU ha desencadenado una crisis presupuestaria, que la ha obligado a reducir su equipo directivo a la mitad y a recortar sus actividades, aplicando recortes presupuestarios en toda la agencia. Washington aportaba alrededor del 18% de su financiación total. La OMS también prescindirá de cerca de una cuarta parte de su personal para mediados de este año.
Expertos en salud global señalaron que esta situación plantea riesgos para EE UU, para la OMS y para el mundo entero.
«La retirada de Estados Unidos de la OMS podría debilitar los sistemas y colaboraciones que requiere el mundo para detectar, prevenir y responder a las amenazas sanitarias», afirmó Kelly Henning, directora del programa de salud pública de Bloomberg Philanthropies, una organización sin fines de lucro con sede en EE UU [1].
La salida de EE UU de la OMS también afecta al sector farmacéutico. El desarrollo de fármacos, la fabricación, el cumplimiento normativo y la gestión de la cadena de suministro dependen, en su conjunto, de la estabilidad internacional y de procedimientos estandarizados para comercializar terapias de manera eficiente.
La OMS establece estándares de referencia globales, orientación técnica y marcos de convergencia particularmente en lo que respecta a las GMP (Buenas Prácticas de Fabricación), los sistemas de calidad, la farmacovigilancia y los medicamentos esenciales. La retirada de EE UU podría derivar en una divergencia entre los estándares estadounidenses y aquellos establecidos por la OMS y otros organismos internacionales. Dicha fragmentación complica los sistemas de control de calidad, dado que los fabricantes podrían verse obligados a cumplir con protocolos contradictorios para los diferentes mercados.
Según Pharma Tech, “Una preocupación crítica para los equipos que se dedican a la innovación y el desarrollo de fármacos es el sistema propuesto de Acceso a Patógenos y Distribución de Beneficios. Este sistema, que forma parte del Acuerdo sobre Pandemias de la OMS, está diseñado para garantizar el intercambio rápido de patógenos con potencial pandémico, a fin de facilitar el desarrollo de vacunas y terapias. Al retirarse EE UU de la OMS, las compañías farmacéuticas con sede en EE UU podrían perder el acceso rápido a los datos globales sobre patógenos, lo que podría ralentizar los procesos de descubrimiento de fármacos impulsados por la IA, procesos que la industria está priorizando para reducir los plazos de meses a semanas” [2].
La salida de EE UU de un organismo central de salud global añade una capa de incertidumbre geopolítica que puede complicar la resiliencia de las cadenas de suministro y los controles de compra de ingredientes farmacéuticos activos (IFA) y excipientes. «En entornos altamente regulados, la incertidumbre misma se convierte en un factor de aumento de costes» [2].
La OMS coordina los esfuerzos globales para combatir la resistencia a los antimicrobianos y las enfermedades infecciosas. Para las empresas especializadas en antiinfecciosos o vacunas, la pérdida de la participación estadounidense en las iniciativas lideradas por la OMS podría alterar el panorama de los centros de ensayos clínicos y de las adquisiciones internacionales a través de organizaciones, como la propia OMS.
«A corto plazo, la mayoría de las empresas seguirán operando conforme a los requisitos de la FDA, la EMA y el ICH, tal como lo hacían antes… La preocupación a largo plazo radica en determinar si una menor participación de EE UU debilita los esfuerzos de armonización global, en un momento en que las cadenas de suministro, los programas de desarrollo y las redes de fabricación están más interconectados que nunca. La interdependencia y las interconexiones resultan fundamentales en este contexto; la fragmentación en cualquier punto acaba generando fricción en todas partes» [2].
Referencias