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Innovación

Momelotinib (Omjjara) para la mielofibrosis

(Momelotinib [OMJJARA] in myelofibrosis)
Prescrire International 2026; 35 (277):10-11
Traducido por Salud y Fármacos, publicado en Boletín Fármacos: Prescripción, Farmacia y Utilización 2026; 29(2)

Tags: momelotinib, hemorragias digestivas, mielofibrosis, ruxolitinib, fedratinib, inhibidores de la Janus quinasa, trombocitopenia esencial, policitemia vera, mielofibrosis secundaria, ensayo Simplify-2, danazol

Nada nuevo

Probablemente es menos eficaz que el ruxolitinib para aliviar los síntomas, y no se ha demostrado que represente un avance terapéutico como tratamiento de segunda línea.

No se ha demostrado que el momelotinib alargue la supervivencia de los pacientes con mielofibrosis. En un ensayo clínico con pacientes que previamente no habían recibido tratamiento con un inhibidor de la Janus quinasa, el momelotinib pareció ser menos eficaz para aliviar los síntomas que el ruxolitinib.

En dos ensayos clínicos comparativos en pacientes que ya habían sido tratados con ruxolitinib, no se demostró que el momelotinib representara un avance terapéutico tangible sobre los otros medicamentos disponibles. El momelotinib tiene los mismos efectos adversos que los otros inhibidores de la Janus quinasa, pero conlleva un menor riesgo de anemia grave y un mayor riesgo de trombocitopenia grave que el ruxolitinib. Además, se han notificado hemorragias digestivas graves y a veces mortales con el momelotinib, así como necrólisis epidérmica tóxica.

OMJJARA momelotinib comprimidos

  • 100 mg, 150 mg o 200 mg de momelotinib por comprimido

GlaxoSmithKline

  • Inmunosupresor; inhibidor de varias quinasas, incluidas las Janus quinasas
  • Indicación: “esplenomegalia o síntomas relacionados en pacientes adultos con anemia de moderada a grave que tienen mielofibrosis primaria, mielofibrosis secundaria a policitemia vera o mielofibrosis secundaria a trombocitemia esencial y que no han sido tratados previamente con un inhibidor de la Janus quinasa o que han recibido tratamiento con ruxolitinib”. [Procedimiento centralizado UE – medicamento huérfano]
  • Dosis: 200 mg una vez al día; hay que reducir la dosis diaria en los pacientes con insuficiencia hepática grave o si se producen ciertos efectos adversos.

Comparar antes de decidir
La mielofibrosis es una enfermedad mieloproliferativa rara. Se puede presentar como enfermedad primaria o secundaria a la policitemia vera o la trombocitemia esencial [1-3]. La mielofibrosis es una fibrosis de la médula ósea con hematopoyesis medular desordenada y hematopoyesis extramedular que provoca principalmente esplenomegalia.

Las principales manifestaciones clínicas de la mielofibrosis son: síntomas inespecíficos, como fatiga, pérdida de peso, sudores nocturnos, prurito y fiebre; hemorragia; trastornos relacionados con la anemia; y dolor y trastornos gastrointestinales relacionados con la esplenomegalia. La mielofibrosis se presenta principalmente después de los 60 años. El pronóstico para los pacientes con mielofibrosis es variable: la mediana de supervivencia oscila entre dos y 10 años [1-3].

A principios de 2026, el objetivo principal del tratamiento farmacológico de la mielofibrosis es aliviar los síntomas e incluye, en particular, fármacos citotóxicos, inmunosupresores (incluyendo corticosteroides) y, a veces, el androgénico danazol, que sirve principalmente para tratar la anemia [1-3].

El ruxolitinib es un inmunosupresor que inhibe las Janus quinasas (JAK), un grupo de enzimas que participan en la producción de células sanguíneas y en la inmunidad. En los ensayos clínicos, el ruxolitinib redujo el volumen del bazo en aproximadamente la mitad de los pacientes mientras siguieron el tratamiento, alivió los síntomas al menos a corto plazo y probablemente alargó la supervivencia. Sin embargo, alrededor de un tercio de los pacientes interrumpieron el tratamiento debido a los numerosos efectos adversos graves del fármaco. No se demostró que el fedratinib, otro inhibidor de la JAK autorizado para tratar la mielofibrosis, represente un avance clínico [1-3].

¿Qué hay de nuevo?
El inmunosupresor momelotinib inhibe varias quinasas, incluidas las JAK [2,4]. La Unión Europea lo ha autorizado para tratar a pacientes con mielofibrosis primaria, mielofibrosis secundaria a policitemia vera o mielofibrosis secundaria a trombocitemia esencial [2].

El momelotinib, ¿alarga la supervivencia de esos pacientes? ¿Es superior a los medicamentos disponibles, en particular el ruxolitinib para aliviar los síntomas? ¿Y cuáles son sus efectos adversos?

En pacientes que no han recibido tratamiento previo con un inhibidor de la JAK el momelotinib es probablemente menos eficaz para aliviar los síntomas que el ruxolitinib. Los datos de las evaluaciones clínicas del momelotinib en pacientes que no habían recibido tratamiento con un inhibidor de la JAK provienen principalmente de un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego, de “no inferioridad” (“Simplify-1”) que lo comparó con el ruxolitinib. El ensayo incluyó a 432 pacientes con una edad media de 65 años [2, 3].

Todos los pacientes tenían anemia al inicio del estudio, pero el 58% tenía niveles de hemoglobina de al menos 10 g/dl. Esto significa que más de la mitad de los pacientes tenían anemia leve [2, 3]. Después de 24 semanas, que dado el curso clínico habitual de la enfermedad es un período de seguimiento breve, aproximadamente un 7,5% de los pacientes de cada grupo habían muerto [2, 3]. El volumen del bazo, evaluado mediante imágenes, había disminuido al menos un 35% (el criterio principal de valoración) en el 27% de los pacientes en el grupo momelotinib, frente al 30% en el grupo ruxolitinib (se demostró la no inferioridad, según el protocolo).

La mejoría de los síntomas, definida como una reducción del 50% o más en una puntuación de síntomas referidos por el paciente con respecto al inicio se notificó en el 28% de los pacientes en el grupo momelotinib, frente al 42% en el grupo ruxolitinib. Según el protocolo, no se demostró la no inferioridad del momelotinib respecto a este criterio de valoración. En otras palabras, es probable que el momelotinib sea menos eficaz que el ruxolitinib para el alivio de los síntomas de la mielofibrosis. Además, no se demostró que el momelotinib redujera la necesidad de transfusiones de sangre en comparación con el ruxolitinib [2, 3].

En pacientes tratados previamente con ruxolitinib: dos ensayos clínicos que utilizaron controles poco adecuados. Un ensayo clínico aleatorizado doble ciego de seis meses de duración (“Momentum”) comparó al momelotinib con el danazol en 195 pacientes con una edad promedio de 70 años [2, 3]. Todos los pacientes ya habían recibido ruxolitinib y habían interrumpido el tratamiento por eficacia insuficiente o efectos adversos inaceptables.

Utilizar danazol en el grupo control de un ensayo clínico para evaluar si el momelotinib mejora los síntomas o reduce el volumen del bazo parece ser una mala elección, ya que su principal efecto en la mielofibrosis es tratar la anemia y no los otros trastornos relacionados con la enfermedad. Hubiera sido más esclarecedor compararlo con un inmunosupresor o con un fármaco citotóxico. Todos los pacientes tenían niveles de hemoglobina inferiores a 10 g/dl, y aproximadamente la mitad de ellos tenían niveles de hemoglobina inferiores a 8 g/dl.

Después de 24 semanas, no se detectaron diferencias estadísticamente significativas en la mortalidad entre los grupos momelotinib y danazol [2, 3]. Se reportó una mejoría de los síntomas, definida nuevamente como una reducción del 50% o más en una puntuación de síntomas referidos por el paciente (un criterio coprincipal de valoración) respecto al inicio en el 25% de los pacientes en el grupo momelotinib, frente al 9% en el grupo danazol (p=0,0095).

Durante las últimas 12 semanas del ensayo, el 30% de los pacientes del grupo momelotinib no recibieron transfusiones de sangre y tenían niveles de hemoglobina de al menos 8 g/dl (el otro criterio coprincipal de valoración), frente al 20% en el grupo danazol. Esta diferencia no es estadísticamente significativa. Alrededor de un 22% de los pacientes del grupo momelotinib presentaron una reducción del volumen del bazo de al menos el 35%, frente al 3% de los pacientes en el grupo danazol (p=0,0011) [2, 3].

Un ensayo clínico aleatorizado sin enmascaramiento (“Simplify-2”) comparó al momelotinib con el “mejor tratamiento disponible” elegido por el investigador en 156 pacientes que ya habían recibido ruxolitinib, que no había sido lo suficientemente eficaz o había provocado efectos adversos inaceptables. La edad promedio era de 67 años [2-4]. Alrededor de un 89% de los pacientes del grupo control fueron asignados a continuar con ruxolitinib, como el “mejor tratamiento disponible”, en la mayoría de los casos por debajo de la dosis generalmente recomendada. Dado que todos los pacientes ya habían experimentado un fracaso terapéutico con el ruxolitinib antes de su inscripción, esta elección sesga los resultados del ensayo clínico [2, 3].

Tras 24 semanas, no hubo diferencias estadísticamente significativas en la mortalidad entre los grupos: 14% en el grupo momelotinib, frente a 21% (p=0,24) [2-4]. Se observó una reducción del volumen del bazo de al menos un 35% (el criterio principal de valoración) en aproximadamente un 6,5% de los pacientes de ambos grupos (p=0,9). Dado que el ensayo clínico Simplify-2 no fue enmascarado y que la gran mayoría de los pacientes del grupo control recibieron ruxolitinib como el “mejor tratamiento disponible”, este ensayo clínico no demuestra que el momelotinib mejore otros resultados, como los síntomas de la mielofibrosis.

Menos casos de anemia que con el ruxolitinib, pero más casos de trombocitopenia y un historial de uso más corto. Cabe esperar que el momelotinib tenga los mismos efectos adversos que otros inhibidores de la JAK, en particular: infecciones y cánceres debido a su efecto inmunosupresor, trombosis venosa y arterial, hipertensión, trastornos hematológicos (incluyendo anemia, trombocitopenia y neutropenia), hemorragias (en particular hemorragia intracraneal y hemorragia digestiva), trastornos neurológicos, enfermedad pulmonar intersticial y lesión hepática [5].

En general, los efectos adversos observados en los tres ensayos clínicos comparativos descritos anteriormente coincidieron con este perfil de efectos adversos [2, 4].

En el ensayo clínico Simplify-1, hubo menos casos de anemia grave en el grupo momelotinib que en el ruxolitinib (6% de los pacientes frente al 23%, respectivamente), pero más casos de trombocitopenia grave (7% frente al 4,6%) [2-4]. En el ensayo clínico Momentum, se notificó trombocitopenia grave en el 22% de los pacientes del grupo momelotinib, frente al 12% de los pacientes del grupo danazol. En los tres ensayos clínicos comparativos, se notificaron cinco casos de hemorragia digestiva grave (uno de ellos mortal) en los grupos momelotinib, frente a ninguno en los grupos control [2-4].

En el ensayo clínico Simplify-1, se notificaron algunos eventos tromboembólicos graves y eventos cardiovasculares graves en el grupo momelotinib, frente a ninguno en el grupo ruxolitinib [4].

En el ensayo clínico Simplify-1, se notificó neuropatía periférica en el 10% de los pacientes del grupo momelotinib, frente al 6% en el grupo ruxolitinib; y en el ensayo clínico Momentum, en el 4% de los pacientes en el grupo momelotinib, frente al 2% en el grupo danazol [4].

Desde que se empezó a comercializar en ciertos países, entre los efectos adversos del momelotinib también se han notificado reacciones adversas cutáneas graves, incluyendo necrólisis epidérmica tóxica [6].

Interacciones farmacocinéticas previsibles. Dado que el momelotinib es metabolizado por varias isoenzimas del citocromo P450 (CYP), se pueden esperar interacciones con inductores o inhibidores de CYP [4, 7]. El momelotinib también es un inhibidor de varios transportadores de membrana, en particular la BCRP, lo que significa, por ejemplo, que el fármaco puede potenciar los efectos de ciertas estatinas, en particular de la rosuvastatina [4, 7].

En la práctica
A principios de 2026, cuando se tome la decisión de utilizar un inhibidor de la JAK, a pesar de sus efectos adversos, para tratar a pacientes con mielofibrosis primaria o secundaria, el fármaco de elección sigue siendo el ruxolitinib. Si el ruxolitinib no es suficientemente eficaz, no se ha demostrado que el momelotinib represente un avance terapéutico con respecto a otras opciones farmacológicas.

Revisión de la literatura hasta el 3 de junio de 2025
En respuesta a nuestra solicitud de información, GlaxoSmithKline nos envió documentos administrativos y elementos relacionados con el empaquetado.

Referencias

  1. Prescrire Editorial Staff “Fedratinib (Inrebic°) in myelofibrosis” Prescrire Int 2023; 32 (247): 97.
  2. EMA CHMP “Public assessment report for Omjjara. EMEA/H/C/005768/0000” 9 November 2023: 216 pages.
  3. HAS Commission de la Transparence “Avis-Omjjara” 4 September 2024: 29 pages.
  4. US FDA CDER “Application number 216873Orig1s000. Integrated review” 17 October 2023: 470 pages.
  5. Prescrire Rédaction “Inhibiteurs de Janus kinases: ruxolitinib, tofacitinib, etc.” Interactions Médicamenteuses Prescrire 2025.
  6. US FDA “Full Prescribing information-Ojjaara” April 2025.
  7. EMA “SmPC-Omjjara” 27 March 2025.
creado el 18 de Mayo de 2026