Una empresa de telesalud dice que el tratamiento hormonal de la menopausia combate las arrugas, disminuye el entumecimiento mental, controla el peso, alivia el dolor articular, estimula el crecimiento del cabello y previene los ataques cardíacos. Grupos financiados por la industria farmacéutica y médicos que utilizan las redes sociales también los promueven para mejorar la salud y el bienestar. Sin embargo, Patricia Bencivenga y Adriane Fugh-Berman afirman que estos mensajes no son nada nuevo, y han escrito un artículo que hace un recuento histórico de la forma en que se han promovido terapias hormonales para la menopausia [1].
El Premarin, un estrógeno, se promocionó durante las décadas de 1950 y 1960 para preservar la juventud y la belleza; y se presentaba como un elixir que aliviaba no solo los sofocos, sino también el nerviosismo, la fatiga, la depresión y las noches de insomnio de las mujeres que entraban en la edad madura.
A mediados de la década de 1970, después de que diversos estudios demostraran que el estrógeno provocaba cáncer de útero, las ventas de hormonas se desplomaron; pero al cabo de un tiempo, las compañías farmacéuticas añadieron progestina para contrarrestar los efectos cancerígenos del estrógeno y lanzaron una nueva campaña promocional.
Las combinaciones de estrógeno y progestina se promocionaron para prevenir las enfermedades asociadas al envejecimiento y, en base a los resultados de estudios observacionales, decían que prevenían las enfermedades cardiovasculares, los accidentes cerebrovasculares y la demencia, y que ayudaban a vivir más tiempo. En realidad, el mejor estado de salud no era atribuible a las hormonas, si no a que las mujeres que consumían hormonas llevaban un estilo de vida más saludable.
Durante la década de 1980 y principios de la de 1990, las ventas de hormonas se dispararon. En la década de 1990, Wyeth, intentó que el tratamiento hormonal se aprobara para prevenir las enfermedades cardiovasculares. La FDA rechazó la solicitud, por falta de ensayos controlados aleatorizados (ECA) que lo probaran. El primer ECA sobre el uso de hormonas en mujeres con enfermedades cardiovasculares no halló beneficio alguno.
Posteriormente surgió la Iniciativa para la Salud de la Mujer (Women’s Health Initiative o WHI), financiada por los Institutos Nacionales de Salud, que probó el uso de estas hormonas por mujeres sanas. Se inscribieron más de 26.000 mujeres de entre 50 y 79 años (casi un tercio de ellas en la década de los cincuenta). A las mujeres que conservaban el útero se les asignó una combinación de estrógeno y progestina; aquellas que se habían sometido a una histerectomía recibieron únicamente estrógeno. Tras poco más de cinco años, en 2002, un comité de supervisión decidió interrumpir el ensayo de estrógeno y progestina porque se había superado un umbral de riesgo preestablecido. Menos de dos años después, se suspendió el ensayo basado exclusivamente en estrógeno, por la misma razón. Estos regímenes no solo provocaron daños, sino que no se observó ninguna reducción en la incidencia de enfermedades cardiovasculares.
Ahora, nos vuelven a bombardear con mensajes que aseguran que las hormonas mejorarán y prolongarán la vida de las mujeres; y la FDA ha eliminado la advertencia de que estos fármacos podrían aumentar el riesgo de cáncer de mama, demencia y ataques cardíacos.
Algunos ajustes a la información sobre riesgos están justificados. Los ataques cardíacos ocurren con mayor frecuencia en las usuarias de hormonas, en comparación con el grupo placebo, durante los dos primeros años de terapia hormonal; sin embargo, el seguimiento a largo plazo del estudio WHI muestra que, con el paso del tiempo, el número de ataques cardíacos fue el mismo en ambos grupos. En las mujeres histerectomizadas, el estrógeno solo redujo el riesgo de cáncer de mama. No obstante, el estrógeno solo también aumentó el riesgo de accidente cerebrovascular, cáncer de ovario y deterioro cognitivo leve. Las terapias combinadas de estrógeno y progestina aumentaron el riesgo de cáncer de mama, un efecto que se agravó con el tiempo. Las terapias combinadas también incrementan el riesgo de demencia, así como el de accidente cerebrovascular.
Es cierto que la terapia hormonal para la menopausia resulta eficaz para tratar los sofocos y la sequedad vaginal, y que algunas mujeres con síntomas menopáusicos molestos podrían decidir que los riesgos compensan los beneficios. Sin embargo, esto no es aplicable a la mayoría de las mujeres que atraviesan la transición menopáusica.
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