En 2025, un estudio de cohorte que utilizó una base de datos de servicios médicos británicos analizó los efectos adversos del paracetamol en personas de 65 años o más. Se comparó a 180.483 pacientes que habían recibido al menos dos recetas de paracetamol (sin combinarlo con ningún otro analgésico) durante un período de seis meses con 402.478 pacientes que habían recibido menos de dos recetas de paracetamol durante un período equivalente.
Este estudio mostró que los pacientes más expuestos al paracetamol tuvieron un mayor riesgo de úlcera gastroduodenal, perforación o hemorragia, úlcera gastroduodenal sin complicaciones, hemorragia intestinal, insuficiencia cardíaca, hipertensión y enfermedad renal crónica.
Los cocientes de riesgo fueron estadísticamente significativos: oscilaron entre 1,07 y 1,36 [1]. Este perfil de efectos adversos es similar al de los antiinflamatorios no esteroideos (AINE). Estos datos proporcionan evidencia de muy baja calidad, ya que no se han descartado todas las fuentes de sesgo (incluido el uso de analgésicos de venta sin receta), pero coinciden con los resultados de otros estudios [2, 3].
Los mecanismos subyacentes a la acción antipirética y analgésica del paracetamol no se comprenden muy bien. Parte de su efecto está relacionado con su acción sobre el sistema nervioso central, pero el paracetamol también inhibe la síntesis de prostaglandinas a través del antagonismo de la ciclooxigenasa (COX), un efecto que comparte con los AINE [2-4].
En la práctica, a pesar de no ser muy sólidos, estos datos sugieren que no se debe trivializar el uso de paracetamol en adultos mayores. Se debe utilizar la dosis diaria más baja que proporcione un alivio aceptable del dolor, y se debe evitar el tratamiento prolongado.
Referencias