En 2025, un equipo danés investigó el riesgo de enfermedades cardiovasculares en hombres que acudían a gimnasios y tomaban esteroides anabolizantes androgénicos para mejorar el rendimiento físico.
Entre 2006 y 2018, a través de los análisis de orina se identificó a 1.208 atletas recreativos (incluyendo a 19 mujeres) que consumían esteroides anabolizantes androgénicos y que acudieron a 342 gimnasios que participaban en un programa nacional llamado Dinamarca Anti-Doping [1].
Se comparó a cada uno de los 1.189 hombres que consumían esteroides anabolizantes androgénicos con 50 hombres de la misma edad elegidos entre la población general danesa. La edad media de estos hombres al inicio del estudio era de 27,4 años, y la duración media del seguimiento fue de 11 años.
Se utilizaron las bases de datos de los servicios médicos daneses para identificar los episodios cardíacos o tromboembólicos que ocurrieron durante este periodo de seguimiento.
Tras ajustar por edad, nivel educativo, situación laboral y diabetes, el uso de esteroides anabolizantes androgénicos se asoció con un mayor riesgo de episodios cardiovasculares en comparación con los controles: 1% de incidencia de infarto de miocardio frente al 0,3% (cociente de riesgos ajustado [aHR] 3,00; intervalo de confianza del 95% [IC95] 1,67- 5,39), y 1,1% de incidencia de intervenciones de revascularización coronaria frente al 0,4% (aHR 2,95; IC95: 1,68-5,18).
También se observó un aumento estadísticamente significativo del riesgo de tromboembolismo venoso (aHR: 2,42; IC95: 1,54-3,80), arritmia (aHR: 2,26; IC95: 1,53-3,32), miocardiopatía (aHR: 8,90; IC95: 4,99-15,88) e insuficiencia cardiaca (aHR: 3,63; IC95: 2,01-6,55) [1].
Los autores de este estudio destacan la falta de información sobre la duración de la exposición a los esteroides anabolizantes androgénicos y las dosis utilizadas, además de no haber tomado en cuenta otros factores de riesgo cardiovascular, todo lo cual resta solidez a los resultados.
En la práctica, los esteroides anabolizantes androgénicos se asocian al riesgo de trombosis venosa y arterial, además de a los riesgos de progresión acelerada del cáncer de próstata, trastornos mentales, como agresividad y violencia, y esterilidad masculina [2,3]. Esta información se debe compartir con todos los niveles los deportistas que utilicen sustancias dopantes, en particular productos hormonales.
Referencias