Este artículo está dedicado a la memoria de una persona sana que comenzó a tomar finasterida hace varios años, “solo” para mejorar su cabello. En una semana, desarrolló síntomas neuropsiquiátricos graves que no remitieron tras suspender el medicamento. Los intentos de tratamiento de los mejores especialistas no surtieron efecto y, unos meses después, se suicidó.
Resumen
Antecedentes: La finasterida, se receta para tratar la alopecia androgénica, y hace mucho tiempo que se sospecha que causa reacciones neuropsiquiátricas graves como depresión, ansiedad y tendencias suicidas, incluso después de suspender el medicamento. Este estudio revisa sistemáticamente la evidencia que respalda esta sospecha y analiza las razones de este retraso en su reconocimiento.
Observaciones: Ya en 2002, varios estudios plantearon inquietudes sobre la depresión por consumo de finasterida. Entre 2017 y 2023, cuatro análisis independientes de sistemas de notificación de eventos adversos y cuatro estudios que utilizaron minería de datos para analizar las historias clínicas indicaron un aumento significativo del riesgo de depresión, ansiedad o conducta suicida con el uso de finasterida. Por lo tanto, se ha producido un retraso de dos décadas en la detección de la incidencia y la gravedad de los efectos neuropsiquiátricos, lo que permite que un medicamento prescrito para una indicación cosmética, la caída del cabello, perjudique a los consumidores.
Posibles daños e implicaciones: Durante más de 20 años, en todo el mundo, cientos de miles de personas podrían haber desarrollado depresión y cientos podrían haberse suicidado. El principio de precaución obliga a considerar que un medicamento que se usa con finos cosméticos y conlleva un riesgo de esta magnitud, tiene un balance beneficio-daño que exige la toma de medidas para proteger a la población. En este contexto, los fabricantes deben demostrar que la intervención no genera daño.
Causas del retraso en el reconocimiento del riesgo. El largo retraso en el reconocimiento de los riesgos asociados con la exposición a la finasterida incluye la omisión del fabricante de realizar y publicar estudios de farmacovigilancia sencillos, analizando las bases de datos, y la omisión por parte de los organismos reguladores de solicitar dichos estudios al fabricante o de realizarlos.
Conclusiones y relevancia. La evidencia actual muestra que el uso de finasterida puede causar depresión e inducir tendencias suicidas. Una revisión histórica de la literatura revela brechas entre la evidencia científica y las medidas regulatorias.
El mensaje es que, antes de aprobar un medicamento para su comercialización, los organismos reguladores deben exigir a los fabricantes que se comprometan a realizar y divulgar estudios analíticos, continuos posteriores a la aprobación, y este requisito debe ser aplicado.