Los ensayos de desescalada, interrupción y desimplementación han ido surgiendo en diversos contextos de atención médica cuando se sospecha que determinadas intervenciones se realizan de forma inapropiada, se aplican más allá de los límites establecidos por la evidencia disponible o continúan después de que han dejado de aportar un beneficio significativo.
Estos estudios evalúan si conviene reducir una intervención y cómo hacer menos (como disminuir las dosis de medicamentos, interrumpir el tamizaje o acortar los regímenes de tratamiento), [y si esto] puede generar resultados superiores o al menos no inferiores a los resultados que se obtienen al seguir ofreciendo los servicios de la misma manera.
Al evaluar los efectos de las estrategias para reducir las intervenciones existentes en los resultados en salud, los eventos adversos y/o la carga para los pacientes o la sociedad, estos ensayos cuestionan la suposición tradicional [equivocada] de que una mayor atención clínica implica inherentemente una mejor atención clínica.