Los ensayos clínicos sustentan la evidencia sobre eficacia y seguridad, por lo que una interrupción súbita y masiva de su financiamiento debilita el desarrollo de la base científica para la práctica médica. A continuación, resumimos el artículo que escribió Bergeson [1], sobre la cancelación sin precedentes de subvenciones para la investigación en los National Institutes of Health (NIH), que afectó a miles de participantes reclutados.
Un análisis publicado en JAMA Internal Medicine [2] evidenció que más de 74.000 personas inscritas en ensayos clínicos sufrieron perjuicios por los recortes presupuestarios del National Institutes of Health. Entre el 28 de febrero y el 15 de agosto del 2025 se identificaron 11.008 estudios activos, se determinó que el 3,5% perdió apoyo económico y se canceló el financiamiento de 383 estudios activos sobre el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, los trastornos neurológicos y las enfermedades infecciosas como influenza y la covid-19. Más del 14% de los ensayos suspendidos estaban centrados en enfermedades infecciosas, la categoría más afectada.
La importante disminución de los recursos interrumpió numerosos protocolos de investigación, y afectó a los participantes de diferentes formas, según la etapa de los ensayos. Algunos de los participantes en los protocolos afectados por la falta de financiamiento podrían haberse registrado en estudios que nunca comenzaron; el 36% de los estudios afectados habían finalizado la recopilación de datos. Participantes de 43 ensayos que estaban en reclutamiento activo perdieron el acceso a los tratamientos, o recibieron un dispositivo experimental que se quedó sin monitoreo.
El desfinanciamiento abrupto de la investigación por razones ajenas a la seguridad o la eficacia constituye una falta ética al violar los principios del consentimiento informado, y pone en riesgo a los participantes expuestos a intervenciones en el contexto experimental, quienes pueden sufrir daños por interrupciones imprevistas o por seguimientos inadecuados de los efectos adversos, argumentaron Teva D. Brender, médica de la Universidad de California, y Cary P. Gross, médica de la Facultad de Medicina de Yale sobre la interrupción de la financiación a los ensayos de los NIH [1].
Las decisiones políticas que afectan el marco presupuestal para el desarrollo científico modifican la agenda de la investigación, afectan la generación de conocimiento, vulneran los derechos de los participantes, deterioran la relación entre la sociedad y el sistema biomédico, desalienta la participación en la investigación biomédica y erosiona la confianza pública [2].
Los autores de la investigación recalcan la importancia de continuar con el seguimiento a esta decisión política para comprender cómo afectarán las interrupciones presupuestarias a los futuros ensayos, al diseño de los estudios y a la integridad de los datos.
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