Entre 2020 y 2023, los pacientes suizos con diagnóstico de cáncer tuvieron acceso al 89% de los nuevos fármacos oncológicos aprobados por la EMA, mientras que el promedio europeo era del 50%. Dado que Suiza se encuentra entre los países europeos con mejor acceso a las nuevas terapias contra el cáncer, Tibau et al. analizaron el impacto de la disponibilidad de fármacos oncológicos en Suiza en la eficacia y la toxicidad asociadas a los tratamientos oncológicos nuevos y sus implicaciones para el ámbito internacional [1]. A continuación, presentamos los aspectos más destacados de dicho análisis.
Uno de los principales desafíos para la salud del siglo XXI es el aumento de los pacientes oncológicos. Las autoridades reguladoras, a nivel global, agilizan cada vez más la aprobación de nuevas terapias oncológicas, y es frecuente que para evaluar la efectividad de un producto nuevo solo requieran información sobre su efecto en criterios de valoración indirectos o subrogados [2], obviando los indicadores de eficacia clínica.
Dado el rápido aumento de la carga global de personas con cáncer, la decisión de aprobar nuevos fármacos oncológicos (usualmente de muy alto costo) debería apoyarse en el efecto del fármaco sobre la supervivencia global (SG) y la calidad de vida, como criterios principales de valoración ineludibles.
La aceleración de los procesos de aprobación de los nuevos fármacos oncológicos permitiendo que se utilicen criterios de valoración indirectos genera incertidumbre en torno al beneficio clínico real del medicamento, especialmente cuando no hay datos de supervivencia global y de calidad de vida al momento de su aprobación [3].
Rahimzadeh et al [4] publicaron un metaanálisis que evaluó la evidencia que respaldó la aprobación de fármacos oncológicos por Swissmedic entre 2001 y 2020, incluyendo los principios activos nuevos y las nuevas indicaciones de los previamente aprobados.
En este metaanálisis, los investigadores evidenciaron que cerca del 70% (n=264) de los ensayos pivotales que respaldaron las aprobaciones de los nuevos fármacos oncológicos en Suiza, utilizaron como criterio de valoración principal medidas indirectas, principalmente la supervivencia libre de progresión (SLP), con un beneficio clínico absoluto modesto en alargar la supervivencia (3,5 meses en la SLP y 2,4 meses en la SG), y un cociente de riesgo combinado para la SLP de 0,55, con IC del 95% 0,52-0,58 [4].
Se destaca que los cocientes de riesgo para la supervivencia global (SG, que fueron de 0,76 -IC del 95%: 0,74-0,77-) solo se pudieron estimar para 194 de 241 ensayos aleatorizados (80%), mientras que la ganancia en SG solo estuvo disponible en 93 ensayos pivotales (39%) [4].
Otros estudios que evaluaron la seguridad y la eficacia de nuevos fármacos oncológicos revelaron hallazgos preocupantes: aproximadamente uno de cada cuatro pacientes experimentó un evento adverso grave, incluyendo eventos potencialmente mortales, hospitalización o discapacidad significativa [1]. Además, teniendo en cuenta que los pacientes tratados en la práctica clínica habitual pueden tener condiciones de salud más delicadas (por lo general quedan excluidos de los ensayos clínicos pivotales), es razonable pensar que en los entornos cotidianos las tasas de toxicidad farmacológica pudieran ser más elevadas [1].
La relevancia de estos hallazgos radica en que la incertidumbre al momento de aprobar nuevos fármacos oncológicos puede tener consecuencias clínicas y económicas desfavorables, especialmente en sistemas de salud donde los precios de los medicamentos deberían estar vinculados al valor clínico que aportan a los pacientes oncológicos. Esta incertidumbre es particularmente relevante porque muchas terapias oncológicas son considerablemente tóxicas, lo que significa que los pacientes pueden estar expuestos a daños importantes a cambio de escasas ganancias en la supervivencia global u otros desenlaces clínicos importantes para el paciente y sus familiares, como lo es la calidad de vida [1].
Para reducir la incertidumbre sobre el beneficio clínico de los nuevos fármacos oncológicos, las agencias reguladoras deberían exigir evidencia más sólida en el momento de su aprobación; y, de no ser posible, se debe recopilar evidencia rigurosa durante el período posterior a la comercialización de los nuevos fármacos aprobados [1].
Aunque los avances en el desarrollo de moléculas contra el cáncer como las terapias dirigidas y los inhibidores de puntos de control inmunitario son importantes, en general los fármacos oncológicos ofrecen beneficios clínicos limitados y conllevan elevados precios; además muchas aprobaciones se basan en criterios de valoración indirectos, datos de supervivencia inmaduros y en ensayos pivotales de un solo brazo, ofreciendo información incompleta sobre su beneficio clínico a largo plazo [5]. Ante este patrón persistente cabe preguntarse ¿cómo se puede fomentar el desarrollo y el acceso a los fármacos oncológicos que hayan demostrando que aportan resultados clínicamente significativos para los pacientes? [1].
Herramientas como la Escala de Magnitud del Beneficio Clínico de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO-MCBS) que integran la eficacia, la toxicidad y la calidad de vida en las evaluaciones más amplias del beneficio clínico, pueden ayudar a contextualizar los resultados de los ensayos cuando no es factible evaluar la Supervivencia Global (SG) [1].
Los datos maduros de SG y calidad de vida deben servir posteriormente de base para las decisiones regulatorias y de reembolso de lo tratamientos. Se requieren estándares de evidencia más rigurosos antes y después de la aprobación de fármacos contra el cáncer [1].
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