Resumen
En el contexto de la pandemia por la covid-19, las actividades de farmacovigilancia detectaron y evaluaron síntomas, como trastornos raros de la coagulación sanguínea, miocarditis y eritema multiforme, potencialmente vinculados a algunas vacunas basadas en adenovirus y ARNm. Si bien algunos presuntos efectos secundarios fueron evaluados rápidamente, otros, como los trastornos menstruales tras la vacunación con ARNm, fueron objeto de prolongados debates.
Este artículo explora el proceso de evaluación de los trastornos menstruales por parte de la EMA, que en un principio se resistió, pero finalmente reconoció, una posible conexión entre el sangrado menstrual abundante y la vacuna de ARNm contra la covid-19 de Comirnaty (también conocida como Pfizer).
Tras hacer un análisis del proceso de evaluación del PRAC, sugiero que la injusticia epistémica y la negligencia sistémica con la que se trata a la menstruación contribuyeron a las dificultades de esta evaluación. Este artículo subraya que el sesgo estructural en la atención sanitaria, la investigación en salud y las políticas se acumula en diferentes etapas de la farmacovigilancia, influyendo en la evidencia sobre la seguridad de las vacunas.
Aunque las vacunas son generalmente seguras, podrían ser, de hecho, más seguras —o al menos saber que son más seguras— para algunos grupos. Para abordar estas cuestiones, un enfoque pluralista y transdisciplinario del conocimiento debería desempeñar un papel crucial, cuestionando cómo se produce la evidencia y reconociendo los posibles sesgos interseccionales.