Cuando la ciencia médica se niega a corregirse a sí misma
(When medical science refuses to correct itself)
Ed Pigott y Jay Amsterdam
Mad in América, 29 de agosto de 2026
https://www.madinamerica.com/2026/08/when-medical-science-refuses-to-correct-itself/
Editado en castellano por el equipo editorial de Salud y Fármacos
Tags: estudios de depresión, fraude en ensayos de tratamientos para la depresión, mecanismos de rendición de cuentas en investigación, riesgo de fraude en investigación, investigación psiquiátrica, estudio STAR*D, Celexa, inhibidor selectivo de recaptación de serotonina, ISRS, depresión iatrogénica, depresión inducida por médicos, depresión resistente al tratamiento, antidepresivos, Wellbutrin, Zoloft, Effexor, Buspar, suicidio, comportamiento suicida grave, ideación suicida repentina
Se supone que la ciencia debe autocorregirse. Pero ¿qué sucede cuando las revistas encargadas de defender este principio se convierten en sus guardianas? Hemos estado colaborando durante casi una década para corregir el fraude que impregna el estudio sobre la depresión más influyente jamás realizado. Y lo que revelan nuestros esfuerzos es que los mecanismos de rendición de cuentas en la investigación médica están fallando.
Si bien el riesgo de fraude en la investigación psiquiátrica financiada por compañías farmacéuticas es ampliamente reconocido [1-4], este fraude se produjo en un estudio financiado con fondos públicos que se presumía fiable. Esta suposición dificultó la impugnación del fraude y permitió que sus erróneos resultados fueran ampliamente aceptados e incorporados en la práctica médica cotidiana.
Los dos autores hemos colaborado en la redacción de este artículo. Sin embargo, la primera parte de este esfuerzo por corregir los datos del estudio STAR*D se remonta a dos décadas atrás, cuando uno de nosotros, Ed, descubrió irregularidades en los resultados publicados. Por ello, este blog alterna entre una parte inicial en primera persona del singular y una posterior en primera persona del plural para reflejar esta circunstancia.
Antecedentes
El estudio STAR*D (Sequenced Treatment Alternatives to Relieve Depression) es el ensayo clínico con antidepresivos más grande, de mayor duración y costo que jamás se haya realizado. Los contribuyentes estadounidenses aportaron US$35 millones y STAR*D se diseñó para identificar el mejor tratamiento de seguimiento para los numerosos pacientes con depresión que no responden adecuadamente a su primer tratamiento con antidepresivos o a tratamientos posteriores.
Para reflejar lo que sucede en la práctica clínica, STAR*D utilizó un diseño de investigación abierto (es decir, los pacientes sabían qué medicamento(s) estaban tomando) que reclutó a pacientes que buscaban atención médica o psiquiátrica de rutina e incluyó a personas con comorbilidades médicas y psiquiátricas, maximizando así la generalización y la relevancia clínica de los hallazgos de STAR*D.
El estudio STAR*D incluyó a 4.041 pacientes que dieron positivo en la prueba de detección de depresión y que posteriormente comenzaron el tratamiento con Celexa, un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS). Los pacientes que no respondieron a Celexa en la fase 1 del ensayo seleccionaron opciones de tratamiento aceptables para su aleatorización en las fases 2 a 4, con el fin de «empoderar a los pacientes, fortalecer la alianza terapéutica, optimizar la adherencia al tratamiento y mejorar los resultados» [5, pág. 483]. En la Fase 2 también se ofreció la opción de utilizar terapia cognitiva; sin embargo, muy pocos pacientes la eligieron, por lo que se excluyó de los principales artículos sobre la fase 2 publicados en The New England Journal of Medicine (NEJM) [6, 7].
Además de permitir que el paciente eligiera las opciones de tratamiento en las fases 2 a 4, STAR*D implementó otras medidas para optimizar los resultados clínicos. Estas incluyeron un riguroso sistema de monitorización de síntomas (SMS) durante cada visita para guiar el manejo intensivo de la medicación y garantizar que se maximizara la probabilidad de lograr la remisión y que quienes no la alcanzaran fueran realmente resistentes al medicamento [8, pág. 31].
Los pacientes y sus familiares también recibieron información basada en la teoría del desequilibrio neuro bioquímico de la depresión durante cada visita. Esta información incluía una representación visual clara del cerebro y los neurotransmisores, así como el mecanismo de acción de la medicación que estaba tomando cada paciente, y hacía hincapié en que la depresión es una enfermedad como la diabetes o la hipertensión. El profesional sanitario debía recalcar que la depresión puede tratarse con la misma eficacia que otras enfermedades [9, págs. 6-8].
En 2006, The American Journal of Psychiatry (AJP) y NEJM publicaron los siete artículos principales del estudio STAR*D. Dos décadas después, estos artículos de gran impacto siguen influyendo profundamente en las guías de tratamiento con antidepresivos a nivel mundial. El artículo resumen informó que el 67% de los pacientes con depresión lograron una remisión completa tras intentar con cuatro fármacos consecutivamente [10], una cifra que continúa influyendo en las guías clínicas y en las expectativas sobre la probabilidad de éxito del tratamiento de los profesionales de la salud y del público en general.
Pero, como yo (Ed) pronto descubrí, todo era una mentira.
Mi Columbo (detective) interior se activó…
Intrigado tras leer un artículo de primera plana del Washington Post sobre STAR*D, descargué el artículo sobre la Fase 1 del estudio de Celexa en la primavera de 2006 [8]. Una lectura atenta reveló relatos de fraude en la investigación que inflaban la tasa de remisión del tratamiento con Celexa.
La primera señal fue el novedoso diseño de investigación para evaluar la eficacia de los antidepresivos. Lo denominé diseño “que te etiqueta como si estuvieras curado” [11]. Utilizando el algoritmo SMS de STAR*D, muchos pacientes fueron declarados en remisión después de solo 4 a 6 semanas con Celexa y fueron retirados rápidamente del grupo de sujetos de Celexa para el paso 1 y transferidos al grupo de sujetos de atención de seguimiento de 1 año, a pesar de que la fase aguda del tratamiento con Celexa duró hasta 14 semanas.
Este truco garantizaba que quienes recibían Celexa por remisión nunca podrían recaer, explotando así el hecho bien conocido de que la depresión fluctúa en la gran mayoría de los pacientes. Para conocer la verdadera tasa de remisión del estudio STAR*D, tendría que esperar a que se publicaran los datos de seguimiento a los 12 meses.
La segunda señal de alerta fue que el estudio STAR*D excluyó del análisis de datos a 234 pacientes que abandonaron su tratamiento con Celexa durante las dos primeras semanas, a pesar de que el protocolo especificaba que dichos pacientes debían considerarse fracasos terapéuticos. Los investigadores de STAR*D nunca revelaron que estos pacientes estaban tomando Celexa cuando abandonaron el tratamiento. Esta maniobra, por sí sola, aumentó la tasa de remisión reportada para Celexa del 25,4% al 28%.
Más tarde supimos que este engaño tenía un propósito adicional, aún más preocupante. En su artículo sobre la primera fase del estudio, los investigadores del estudio STAR*D afirmaron que «no hubo suicidios entre los 2.876 participantes en este estudio de Celexa de fase aguda» [8, pág. 33]. Sin embargo, esta afirmación solo era cierta si se excluía del análisis a los 234 pacientes que abandonaron el estudio de Celexa prematuramente, cuando tenían mayor riesgo de suicidio.
En 2009, los investigadores del estudio STAR*D publicaron un análisis de la aparición de ideación suicida durante el tratamiento con Celexa [12] e informaron que el 7% de los pacientes que no presentaban ideación suicida al inicio del estudio manifestaron ideación suicida durante las dos primeras semanas de tratamiento con Celexa. Los investigadores reconocen además que «Uno de los participantes que no regresó después del inicio del estudio fue reportado como un probable caso de suicidio secundario a una caída desde el techo de su complejo de apartamentos 10 días después de que se le prescribiera Celexa» [12, pág. 69].
Qué astutos los investigadores principales del programa STAR*D. Esta violación del protocolo tuvo un doble beneficio: infló la tasa de remisión y, al mismo tiempo, encubrió un suicidio.
Entonces sonó la sirena en medio de la niebla… Preocupado, descargué el artículo sobre el diseño de investigación de STAR*D de 2004 y descubrí que la segunda medida utilizada para informar la tasa de remisión de Celexa fue específicamente excluida de ser utilizada como tal porque no estaba cegada, y era fundamental para el algoritmo SMS de STAR*D que guiaba el tratamiento [13]. Esta violación del protocolo elevó aún más la tasa de remisión de Celexa al 33%.
Ahora estaba enganchado, esperando con ansias la publicación de cada nuevo artículo…
La niebla se hizo más espesa… En marzo de 2006, descargué los artículos del NEJM sobre el cambio de fármaco en el paso 2 y la potenciación con Celexa del estudio STAR*D [6, 7]. Estos dos estudios de eficacia comparativa fueron la razón de ser de STAR*D y la justificación para su publicación en la revista médica más importante de EE UU. Sin embargo, los dos artículos del NEJM ocultaron el número de pacientes de STAR*D que progresaron del tratamiento de paso 1 al de paso 2.
El estudio STAR*D incluyó a 4.041 pacientes. Sin embargo, solo 3.110 cumplieron con los criterios de gravedad de la depresión para el trastorno depresivo mayor (TDM) cuando fueron valorados por evaluadores expertos que desconocían en que estadío del estudio estaban los pacientes (ingreso, salida o seguimiento), y por lo tanto cumplieron con los criterios de inclusión de STAR*D para el análisis de datos [8, Figura 1]. Los 931 pacientes restantes permanecieron en STAR*D porque los investigadores no conocieron las puntuaciones de gravedad de la depresión de los pacientes al ingresar al estudio hasta después de que finalizó la fase de atención de seguimiento de 12 meses y se rompió el enmascaramiento del estudio.
El diagrama de flujo de Celexa paso 1 informa que 1.201 pacientes deprimidos elegibles avanzaron al paso 2 del tratamiento [8, Figura 1]. Pero al combinar los grupos de tratamiento del paso 2 informados en NEJM y en AJP el total es 1.439. Esto significa que, sin una divulgación pública clara, los investigadores de STAR*D incluyeron a 238 pacientes en sus análisis que no cumplieron con los criterios de inclusión porque cuando se inscribieron por primera vez en el estudio la gravedad de la depresión era insuficiente.
La noche es más oscura justo antes del amanecer… En noviembre de 2006, descargué el artículo resumen de STAR*D, que informaba sobre las tasas de remisión para los tratamientos de los pasos 1 a 4 y los datos de seguimiento de 12 meses mediante análisis de supervivencia [10].
La figura clave del análisis de supervivencia fue prácticamente imposible de interpretar (véase más abajo).

Fuente: Reproducido del artículo resumen de AJP [10] para crítica académica bajo la doctrina de uso justo de EE UU. Tomado del artículo de Ed Pigott y Jay Amsterdam: When medical science refuses to correct itself. Mad in América, 29 de agosto de 2026. Traducido por el equipo editorial de Salud y Fármacos. Aclaración: El artículo original de AJP [10] disponible en https://psychiatryonline.org/doi/10.1176/ajp.2006.163.11.1905 incluye la siguiente nota de la Figura 3: Se encontró una diferencia global estadísticamente significativa entre los pasos (χ² = 23, gl = 3, p < 0,0001). Las comparaciones post hoc ajustadas con correcciones de Bonferroni, revelaron diferencias estadísticamente significativas entre los pasos 1 y 2.
Como la mayoría de los lectores, intenté descifrar en el gráfico cuántos pacientes en remisión sobrevivieron al seguimiento sin recaer ni abandonar el tratamiento. Tras semanas analizando las líneas onduladas, me di cuenta de que la respuesta estaba a la vista, no en el gráfico, sino en la tabla que se encuentra encima.
Al cambiar el enfoque, descubrí que solo 108 (2,7%) de los 4.041 pacientes originales del estudio STAR*D lograron la remisión después de usar hasta cuatro medicamentos antidepresivos cada vez más agresivos, y sobrevivieron al seguimiento sin recaer ni abandonar el tratamiento.
El fracaso del modelo de tratamiento STAR*D —ensayos secuenciales con antidepresivos cada vez más agresivos y sus combinaciones— era evidente. Los investigadores simplemente no destacaron la bajísima tasa de supervivencia. En cambio, promovieron una tasa de remisión acumulada del 67%, una afirmación falsa que se desmorona al analizarla, pero que se ha repetido innumerables veces en revistas médicas, medios de comunicación y consultas con pacientes durante los últimos 20 años, y que se mantuvo gracias al silencio de las dos revistas que otorgaron credibilidad mundial a STAR*D.
Luchar contra molinos de viento…
En 2008, junto con mis colegas, presenté nuestro primer reanálisis del estudio STAR*D al NEJM. Este manuscrito recibió un rechazo automático a pesar de documentar que solo 108 de los 4.041 pacientes del estudio STAR*D lograron una remisión sostenida sin recaídas ni abandono del tratamiento [14].
En abril de 2009 presenté a AJP nuestro análisis crítico de los hallazgos de STAR*D, documentando numerosas violaciones del protocolo, cada una de las cuales infló aún más las tasas de éxito reportadas por STAR*D.
Esta presentación incluía una carta dirigida al Dr. Freedman, editor jefe de AJP, en la que se destacaba cómo una presentación imparcial de los hallazgos de STAR*D desacredita las directrices de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría para el tratamiento de la depresión [15]. Informé al Dr. Freedman que “solo 108 de los 4.041 pacientes de STAR*D (2,7%) que inicialmente comenzaron con Celexa en el paso 1 remitieron (después de intentar con hasta cuatro tratamientos) y durante el seguimiento no abandonaron el tratamiento ni recayeron”.
Me ofrecí a enviarle al Dr. Freedman mis intercambios de correos electrónicos con el Dr. Wisniewski, bioestadístico jefe de STAR*D, para confirmar la exactitud de nuestros análisis [16, 17]. El Dr. Freedman nunca solicitó los correos electrónicos y nuestra solicitud recibió otro rechazo estándar sin revisión por pares.
En julio de 2009, mis colegas y yo presentamos a Psychotherapy and Psychosomatics (PPS) nuestro manuscrito titulado “Eficacia y efectividad de los antidepresivos: estado actual de la investigación”. La primera sección revisaba estudios previos sobre antidepresivos controlados con placebo y la segunda analizaba los hallazgos del estudio STAR*D. Se publicó en julio de 2010 y se convirtió en el artículo más descargado de PPS durante 22 meses consecutivos [18].
Eureka: La base de datos a nivel de paciente de STAR*D
Poco después de la publicación en PPS, comencé a colaborar con investigadores de la Universidad de Connecticut que habían obtenido la base de datos a nivel de paciente del estudio STAR*D del NIMH.
En junio de 2012, presentamos al NEJM un reanálisis de la base de datos, siguiendo el protocolo aprobado por el NIMH que obtuve a través de una de las tres solicitudes de la Ley de Libertad de Información (FOIA) [19]. La carta de presentación indicaba:
“Nuestro artículo merece ser publicado en NEJM porque vuelve a analizar la base de datos de STAR*D siguiendo lo establecido en su protocolo de investigación. Este análisis documenta que los beneficios del tratamiento antidepresivo en la primera etapa que se han informado se han exagerado en gran medida… Además, nuestros análisis encontraron que los investigadores de STAR*D violaron los criterios de inclusión y exclusión del protocolo, lo que dio lugar a que pacientes que no presentaban depresión al inicio del estudio fueran incluidos en fases posteriores [20].
Una vez más, NEJM rechazó nuestro artículo sin revisión por pares.
Encontrar un alma gemela
En 2018, me asocié con el Dr. Jay Amsterdam, profesor emérito de psiquiatría de la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania, quien había dirigido su Unidad de Investigación sobre la Depresión durante más de dos décadas, desde 1980.
Jay tuvo una brillante trayectoria en la Universidad de Pensilvania en el campo de la investigación psiquiátrica. A pesar de perder la vista gradualmente, publicó más de 285 artículos revisados por pares y seis libros de texto sobre la depresión resistente al tratamiento [21-26]. La investigación de Jay incluye estudios prospectivos y retrospectivos que muestran consistentemente un aumento del 20% al 30% en la tolerancia a los fármacos (es decir, pérdida de la eficacia de los antidepresivos) con cada aumento en el número de tratamientos antidepresivos previos que ha recibido el paciente [27-34].
Los provocadores hallazgos de Jay publicados a lo largo de 25 años, se vieron reflejados en la pérdida progresiva de eficacia durante el estudio STAR*D, cuando los pacientes fueron expuestos a ensayos repetidos —y cada vez más agresivos— con medicamentos antidepresivos en las etapas 1 a 4. Lo que sugiere la investigación de Jay, entre otras [35-37], es que la administración repetida de medicamentos antidepresivos a lo largo del tiempo suele dar lugar a una depresión iatrogénica (es decir, inducida por el médico) resistente al tratamiento.
Este concepto —que un medicamento que antes era útil puede volverse iatrogénico— no es ajeno a la medicina. Los antibióticos pierden eficacia con el uso excesivo. Las benzodiazepinas y los estimulantes pierden potencia a medida que se desarrolla la tolerancia. Los antidepresivos parecen seguir la misma trayectoria [35-40]. Lo que comienza como tratamiento, con el tiempo, se convierte en parte del problema, transformando la depresión episódica en una enfermedad crónica y resistente al tratamiento. Y cuando la respuesta a esa pérdida de eficacia es simplemente más medicación, el ciclo se perpetúa con demasiada frecuencia.
En marzo de 2019, publicamos un «Llamado a la acción: reanálisis del estudio STAR*D (Secuencial Treatment Alternatives to Relief Depression)» en The British Medical Journal (BMJ) [41]. Además de documentar las numerosas violaciones del protocolo por parte de los investigadores del estudio STAR*D, encontramos una nueva y asombrosa:
El estudio STAR*D incluyó en el análisis de datos a 117 pacientes que se encontraban en remisión según lo definido por el protocolo antes de comenzar su tratamiento en el paso 2.
Este engaño descarado violó tanto el protocolo como el sentido común al contabilizar dos veces a los pacientes en remisión. Solo descubrimos esta flagrante violación del protocolo porque ahora teníamos el conjunto de datos a nivel de paciente del estudio STAR*D y nos tomamos la molestia de revisarlo.
Como parte de nuestra solicitud de beca para el programa Restoring Invisible and Abandoned Trials (RIAT) [42], notificamos a los investigadores principales del estudio STAR*D sobre nuestro llamado a la acción, documentamos sus violaciones del protocolo y anunciamos nuestra intención de volver a analizar la base de datos respetando fielmente el protocolo original aprobado por el NIMH. Invitamos a los investigadores principales a realizar el reanálisis ellos mismos, pero declinaron.
Que comience el RIAT
Con la financiación de RIAT, contratamos a dos estudiantes de posgrado de Penn (ahora los doctores Colin Xu y Thomas Kim) para analizar la base de datos. Junto con el Dr. Irving Kirsch, director asociado del Programa de Estudios sobre Placebo de la Universidad de Harvard, publicamos en BMJ Open el artículo titulado «¿Cuáles son las tasas de remisión, respuesta y grado de mejoría tras hasta cuatro terapias antidepresivas en pacientes con depresión en la práctica clínica? Un reanálisis de los datos a nivel de paciente del estudio STAR*D con fidelidad al protocolo de investigación original» [43].
Antes de la publicación, el editor de BMJ Open invitó a los investigadores principales de STAR*D a responder públicamente a nuestro reanálisis y a la documentación sobre sus violaciones al protocolo. Nuevamente, se negaron a hacerlo [44]. En contraste con la afirmación de los investigadores de STAR*D de una tasa de remisión acumulada del 67%, encontramos que al analizar los datos según el protocolo fue solo del 35%, y esto fue antes de evaluar cuántos de los que remitieron realmente se mantuvieron bien.
La importancia de nuestro artículo en BMJ Open fue rápidamente reconocida por los editores de Nature Mental Health y Psychiatric Times. Dos meses después de su publicación, el editor jefe de Nature Mental Health escribió:
“Algunos de los pilares fundamentales del conocimiento clínico en psiquiatría han comenzado a erosionarse… Trabajos recientes han cuestionado estadísticas arraigadas y ampliamente aceptadas sobre la eficacia de los antidepresivos. Un reanálisis de la base de datos a nivel de paciente del estudio STAR*D demostró que, en contraste con la tasa de remisión acumulada del 67% informada previamente, tras examinar las principales desviaciones metodológicas del protocolo de investigación y las publicaciones relacionadas, la tasa real de remisión fue de solo el 35,0% de los participantes, una caída drástica en lo que se había convertido en una estimación de referencia para la eficacia de los antidepresivos” [45].
A esto le siguió el editor jefe de Psychiatric Times, quien escribió en un artículo de portada titulado “¿STAR*D destronado?”:
“Recientemente, una publicación provocativa y bien documentada en el BMJ reanalizó los datos brutos originales obtenidos del NIMH y cuestionó las conclusiones de las publicaciones STAR*D… Para nosotros en psiquiatría, si los autores del BMJ tienen razón, esto representa un gran revés, ya que todas las publicaciones y decisiones políticas basadas en los hallazgos de STAR*D que se convirtieron en dogma clínico desde 2006 deberán revisarse, reconsiderarse y posiblemente retractarse” [46].
Poco después, los doctores Nicolas Badre y Jason Compton publicaron un artículo en Psychiatric Times titulado «STAR*D: Es hora de enmendar y retractarse» [47]. El artículo se escribió en respuesta a un intercambio en Psychiatric Times que detallaba nuestras alegaciones de violaciones del protocolo [48] y la respuesta de los investigadores principales de STAR*D [49]. La conclusión de los doctores Badre y Compton se hizo eco de su título. Si nuestros análisis eran correctos, había llegado el momento de que la revista insignia de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría enmendara y retractara STAR*D.
Paso dos
A continuación, reanalizamos los artículos sobre el cambio de fármaco y la potenciación con Celexa del estudio STAR*D publicados en el NEJM y publicamos nuestros reanálisis RIAT en el servidor de preimpresiones medRxiv. Los doctores Martin Plöderl [50] y Kevin Kennedy [51] aportaron su experiencia a nuestro trabajo. Cada preimpresión incluía el código estadístico utilizado para analizar la base de datos, lo que permitió a investigadores de todo el mundo confirmar o refutar nuestros hallazgos.
Nuestro reanálisis de cambio de medicamentos de febrero de 2025, enviado al NEJM, encontró [52]:
- 44 pacientes (6,1% de los sujetos inscritos) cumplieron la definición de remisión incluida en el protocolo, antes de comenzar el tratamiento de cambio de fármaco con Wellbutrin, Zoloft o Effexor;
- Los médicos tratantes informaron de cuatro veces más incidentes de comportamiento suicida grave que los que se mencionaban en el artículo original del NEJM;
- Hubo un aumento significativo del 43% en la ideación suicida emergente del tratamiento (TESI) durante la terapia de cambio de fármacos con Wellbutrin (12,7%), Zoloft (11,2%) y Effexor (15,0%) en comparación con Celexa de paso 1 (9,0%) utilizando la misma metodología de evaluación de TESI que utilizaron los investigadores de STAR*D [53]; y
- En promedio, los pacientes que cambiaron de medicamento tuvieron 4,2 veces más probabilidades de experimentar ideación suicida repentina que de remitir y mantenerse bien durante los 12 meses de seguimiento.
Nuestro artículo presentado en octubre de 2025 al NEJM, que vuelve a analizar el artículo de STAR*D sobre la potenciación con Celexa, encontró [54]:
- 54 pacientes (9,6% de los sujetos inscritos) cumplieron la definición de remisión del protocolo antes de comenzar el tratamiento de aumento con Celexa, ya sea con Wellbutrin o Buspar;
- Hubo una diferencia cuádruple altamente significativa en las tasas de TESI entre Wellbutrin (3,6%) y Buspar (13,9%) con aumento de Celexa;
- La tasa de permanencia en buen estado de salud con Wellbutrin durante el seguimiento fue de solo el 5,1%, mientras que la de Buspar fue del 4,9%; y
- Los pacientes del estudio STAR*D a los que se les recetó Buspar tenían tres veces más probabilidades de experimentar ideación suicida repentina que de tener una remisión y mantenerse bien.
Nuestras dos presentaciones de reanálisis RIAT 2025 fueron acompañadas de cartas dirigidas al Dr. Eric Rubin, actual editor jefe del NEJM [55, 56]. Los puntos clave de las cartas fueron:
- Incluimos el código estadístico utilizado para analizar la base de datos de STAR*D, lo que facilita al consultor estadístico del NEJM confirmar o refutar nuestros hallazgos; e
- Informamos al Dr. Rubin que, a pesar de haber notificado a los investigadores principales del estudio STAR*D en tres ocasiones que habían incluido en sus artículos del NEJM a muchos pacientes que habían remitido antes de recibir tratamiento, estos no corrigieron el error y, en su lugar, presentaron una defensa engañosa alegando que habíamos creado “reglas para definir a posteriori qué participantes incluir” [49, 57].
Un llamado a la retractación
El ensayo STAR*D es el estudio más influyente jamás realizado sobre el tratamiento de la depresión y continúa dando forma a las guías de práctica clínica en todo el mundo. Sin embargo, sus hallazgos principales no son fiables debido a violaciones sistemáticas del protocolo. Las directrices del Comité de Ética en la Publicación (COPE) establecen que la retractación está justificada en casos de errores generalizados o mala conducta en la investigación que invalidan y hacen que los hallazgos sean engañosos [58]. Ambas se aplican aquí:
- La inclusión en los análisis de resultados de pacientes que habían remitido antes de recibir tratamiento invalida las conclusiones del ensayo.
- La negativa de los investigadores principales del proyecto STAR*D a corregir esta violación del protocolo, entre otras, a pesar de haber sido notificados en tres ocasiones, constituye una mala conducta en la investigación.
- La tergiversación de nuestra corrección como un cambio de criterio posterior es falsa. Simplemente aplicamos las reglas preestablecidas de STAR*D para la inclusión en el análisis de datos. Fueron los investigadores de STAR*D quienes modificaron estas reglas a posteriori, y lo hicieron sin divulgarlo públicamente.
A la luz de nuestra correspondencia, el Dr. Rubin ha tomado ya dos decisiones editoriales graves y éticamente reprobables: primero, al negarse a someter nuestros reanálisis RIAT a revisión por pares, y segundo, al negarse a retractarse de los artículos publicados por el NEJM a pesar de las contundentes pruebas de que sus conclusiones son inválidas. La cuestión ahora no es si las afirmaciones centrales de STAR*D son inválidas, sino si las revistas que les otorgaron autoridad mundial harán lo que exige la integridad en la ciencia: enmendar sus errores y retractarse.
La incompetente revisión por pares del NEJM hace 20 años provocó un retraso de dos décadas en el conocimiento público de que (1) los resultados de los tratamientos de cambio de medicamentos y de potenciación con Celexa eran mucho peores de lo que se afirmaba, y (2) los pacientes tenían muchas más probabilidades de volverse suicidas que de remitir y mantenerse bien.
Yo (y otros) [59 -62] nos dimos cuenta de que el estudio STAR*D estaba plagado de irregularidades científicas cuando se publicó por primera vez. Los editores y revisores del NEJM habrían detectado los mismos problemas que yo si simplemente hubieran leído el artículo de 2004 sobre el diseño de la investigación del STAR*D [15] y lo hubieran comparado con los dos informes presentados por los investigadores del estudio. El NEJM tuvo la oportunidad de exigir explicaciones sobre las violaciones del protocolo del STAR*D hace dos décadas, pero no lo hizo.
El Dr. Rubin se enfrentó a una disyuntiva al examinar nuestros artículos de 2025: exponer los fallos editoriales del NEJM desde 2006 —incluido el rechazo sin revisión por pares de nuestros artículos de 2008, 2012 y ahora ambos de 2025— o apostar a que este plan fraudulento del que el NEJM se había hecho partícipe permanecería en gran medida oculto, como ha ocurrido durante 20 años.
Lamentablemente, el Dr. Rubin optó por la segunda opción, decidiendo de hecho que el fraude facilitado por el NEJM permanecería oculto, sin importar el bienestar de los pacientes. El Dr. Rubin sabía que, como editor jefe del NEJM, su decisión era definitiva e inapelable.
Se requiere un cambio
El juramento hipocrático subraya que el primer deber de la medicina es no causar daño, y el cumplimiento de este deber exige honestidad en la investigación médica. Mientras el proceso de publicación y edición científica no permita la corrección independiente de los registros científicos —por incómoda que sea la verdad—, la ciencia médica seguirá protegiendo a sus instituciones académicas y corporativas a costa de su integridad y la seguridad pública.
Por estos motivos, recomendamos la creación de un defensor del pueblo independiente y sin conflictos de intereses financieros para evaluar las denuncias de mala conducta en la investigación. La seguridad del paciente y el avance de la medicina basada en la evidencia requieren un árbitro neutral, libre de conflictos de intereses institucionales y financieros, con autoridad para investigar la mala conducta y exigir correcciones o retractaciones cuando sea necesario.
Mientras tanto, NEJM debería verse obligado a enmendar el error que cometió. El prestigio de NEJM —y su plataforma mundial— se utilizaron para legitimar y difundir una narrativa profundamente errónea y engañosa sobre los medicamentos antidepresivos.
Esta misma plataforma debería utilizarse ahora para informar a los médicos y al público sobre los verdaderos riesgos de estos fármacos y la baja probabilidad de que proporcionen un beneficio sostenido, tal como lo demuestran nuestros reanálisis RIAT. De no hacerlo —a pesar de casi dos décadas de reiteradas advertencias de que las publicaciones STAR*D del NEJM contienen afirmaciones demostrablemente falsas y con consecuencias clínicas—, la revista debería enfrentar consecuencias legales por permitir -a sabiendas- que estas afirmaciones permanezcan sin corregir.
A quien mucho se le da
Para bien o para mal, las revistas médicas de alto impacto son las guardianas de la medicina basada en la evidencia, donde se presume que la ciencia es suprema. En la práctica, estas revistas proporcionan la base sólida y certificada de la industria de la salud estadounidense, valorada en US$5,3 billones, que representó aproximadamente el 18% del producto interno bruto de EE UU en 2024. Lo que publican determina qué tratamientos se consideran legítimos y, por lo tanto, son reembolsados por las aseguradoras privadas, Medicare y Medicaid.
Sin embargo, de estas instituciones a las que hemos confiado una influencia tan extraordinaria, como sociedad, exigimos sorprendentemente poco…
Al igual que el presidente en la sentencia Trump contra Estados Unidos de la Corte Suprema, las revistas médicas gozan de amplia inmunidad legal por actos oficiales. Son prácticamente intocables porque la ley las considera emisoras protegidas que ejercen discreción editorial, no instituciones cuyas publicaciones se utilizan en la toma de decisiones clínicas. Incluso tras repetidas y documentadas pruebas de fraude en la investigación, las revistas no tienen la obligación de investigar ni corregir los registros científicos.
Ni siquiera la Primera Enmienda protege el hecho de gritar “¡Fuego!” en un teatro abarrotado y luego, tras descubrir que la afirmación es falsa, optar por el silencio mientras la gente sufre daños continuos.
Las revistas médicas hacen precisamente eso cuando se niegan a investigar y corregir investigaciones fraudulentas a pesar de haber sido notificadas claramente, convirtiendo la discreción editorial en un mecanismo para perpetuar el daño y fracasando en su misión social de proporcionar una plataforma equitativa para la investigación y el debate científicos.
Hoy estaríamos mucho más avanzados en el tratamiento de la depresión si los hallazgos del estudio STAR*D se hubieran informado con veracidad cuando se publicaron por primera vez hace dos décadas. Si bien nuestros preprints aún no han sido revisados por pares, de verificarse, sugieren pautas basadas en la evidencia para el tratamiento de la depresión muy diferentes a las promovidas por los investigadores de STAR*D.
Dado el mayor riesgo de ideación suicida emergente —y la baja probabilidad de un beneficio sostenido— tras un ensayo fallido con ISRS, lo más responsable es detenerse y reconsiderar el tratamiento, en lugar de seguir el modelo de atención STAR*D de intentarlo una y otra vez hasta el infinito con medicamentos antidepresivos cada vez más agresivos y sus combinaciones.
Cuando finalmente se confirmen estos hallazgos, el mayor fracaso no será la ciencia defectuosa de STAR*D, sino las decisiones de los editores jefes de AJP y NEJM de permitir que sus afirmaciones sigan influyendo en la práctica clínica mucho después de que su validez fuera puesta en entredicho.
Es una locura. Como sociedad, hemos permitido que una industria vital para la salud de EE UU goce de inmunidad legal ante las consecuencias adversas de sus acciones. Se necesitan reformas legales —como la obligación de responder tras la notificación, un estándar de imprudencia para la inacción deliberada y medidas cautelares para obligar a corregir los errores— para restablecer la rendición de cuentas sin comprometer la investigación y el debate científicos.
Durante casi dos décadas, AJP y NEJM se han negado a corregir el registro fraudulento de STAR*D y los pacientes siguen siendo víctimas colaterales.
Cuando las revistas médicas optan por el silencio en lugar de la verdad, los pacientes pagan las consecuencias, y la ley lo denomina libertad editorial. Ya es hora de acabar con esta práctica. Solo así, como sociedad, obtendremos lo que esperamos y merecemos de nuestras inversiones en ciencia médica.
Posdata de Ed Pigott
Mi co-investigador principal y querido amigo, Jay Amsterdam, falleció repentinamente el 28 de julio mientras esperábamos conocer el resultado de nuestra apelación a BMJ Open. El 14 de mayo, BMJ Open rechazó el reanálisis que nuestro grupo realizó del estudio STAR*D sobre el cambio de medicación, publicado en NEJM. Peor aún, el editor lo hizo sin darnos la oportunidad de responder a las críticas de los cinco revisores.
Esta noticia fue devastadora. Presentamos el manuscrito el 25 de marzo de 2025 y, catorce meses después, nos enteramos de que había sido rechazado sin darnos la oportunidad de responder. Así que Jay y yo pudimos leer las críticas —y conocer los nombres de cada revisor—, ¿pero no pudimos responder? ¿Qué sentido tiene eso?
Para el 31 de diciembre de 2025, el editor había recibido las cinco reseñas, una de las cuales fue escrita por el Dr. Maurizio Fava, investigador principal del programa STAR*D. Así que el editor tenía la reseña de Maurizio, y tuvimos que esperar casi 6 meses para leerla… ¿y luego no responder?
El 10 de agosto el editor me envió un correo electrónico que decía: “Agradezco su paciencia y lamento la espera… esperamos brindarle una actualización formal en los próximos días”. Y 12 días después, sigo esperando…
Jay y yo éramos muy diferentes. Él era un verdadero hombre del Renacimiento que citaba latín, mientras que yo, en esencia, abandoné la escuela secundaria en décimo grado para unirme al programa de reinserción laboral. Lo que compartíamos era un compromiso con la integridad… y la justicia. «Fortis Fortuna Adiuvat» —«La fortuna favorece a los valientes»—, solía decir Jay para animarme a enviar el mensaje.
El repentino fallecimiento de Jay me ha permitido comprender la valentía que demostró hasta el final. Carpe diem. Aprovechemos el día, sigamos adelante.
Referencias y enlaces
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