Una versión de este artículo se publicó en el número de diciembre de 2025 del boletín Public Citizen’s Health Letter.
En una medida muy inusual y sin precedentes, la FDA inició en septiembre de 2025 el proceso de aprobación de los comprimidos de leucovorina cálcica (anteriormente comercializados como Wellcovorin y genéricos) para pacientes con deficiencia cerebral de folato —un raro trastorno neurológico que afecta el transporte de folato al cerebro y presenta características similares al autismo— [1].
El folato es una vitamina B esencial que el cuerpo necesita para crear ADN y ARN [2]. Cabe destacar que la iniciativa partió de la FDA, y no de GSK —la empresa que comercializó Wellcovorin tras su primera aprobación en 1983—. Aunque GSK no comercializa leucovorina desde la década de 1990, cuando aparecieron las versiones genéricas, el acuerdo de la empresa para actualizar la información para la prescripción permitirá que los fabricantes de leucovorina genérica hagan lo mismo [3, 4].
La medida de la FDA forma parte de una narrativa más amplia sobre el interés de la Administración Trump en el autismo. El anuncio, del que se hizo gran publicidad, permitió que los funcionarios promocionaran “una medida audaz —abrir la puerta al primer tratamiento para el autismo reconocido por la FDA—” [5], pese a que la iniciativa fuera relevante para pocos pacientes, a que no hubiera pruebas convincentes de que el fármaco fuera seguro y eficaz para tratar la deficiencia cerebral de folato, y a que se hubieran utilizado procedimientos extraordinarios para facilitar su aprobación.
La leucovorina se prescribe normalmente para contrarrestar los efectos tóxicos del metotrexato, un fármaco con diversos usos, entre ellos el tratamiento de algunos tipos de artritis, embarazos ectópicos y leucemias, en combinación con otros tratamientos de quimioterapia. La leucovorina también se prescribe para tratar las sobredosis accidentales de fármacos que bloquean la acción del ácido fólico, incluyendo el metotrexato y otros fármacos que se utilizan para tratar el cáncer y enfermedades infecciosas.
Las personas con deficiencia cerebral de folato pueden presentar retraso en el desarrollo que se caracteriza por síntomas que se han atribuido al espectro autista como las dificultades en la comunicación y socialización, los procesos sensoriales, comportamientos repetitivos, así como otros problemas de movimiento y coordinación [6].
La deficiencia cerebral de folato es una enfermedad rara. Aunque se desconoce su prevalencia real, la forma genética puede afectar a una por cada millón de personas en todo el mundo [7]. En comparación, en 2022, la prevalencia de trastornos del espectro autista era mucho mayor: uno de cada 31 niños de 8 años en EE UU [8].
La evidencia que respalda la iniciativa de la FDA proviene de “informes de casos publicados [que] proporcionaron datos a nivel de paciente sobre más de 40 pacientes” con la forma genética de la enfermedad, y del “análisis sistemático de la literatura publicada entre 2009 y 2024” que realizó la agencia [9], y no en los sólidos ensayos clínicos que normalmente se requieren para respaldar la inclusión de una indicación adicional en la etiqueta de un medicamento ya aprobado.
Por lo general, para respaldar las actualizaciones del etiquetado de medicamento, las empresas presentan datos clínicos exhaustivos a la FDA. En el caso de la leucovorina, GSK presentará la actualización de la etiqueta a petición de la FDA, y ha negado cualquier implicación más allá de eso. Emma Walmsley, directora ejecutiva de GSK dijo que la empresa está respondiendo a “una solicitud administrativa” y añadió: “No tenemos ningún interés comercial, no tenemos ninguna investigación científica y no estamos buscando nada” [10].
A principios de enero de 2026, el análisis de la FDA de los datos sobre la leucovorina no se había publicado, y la etiqueta del medicamento no se había actualizado. Aunque es científicamente plausible que la leucovorina tenga un papel en el tratamiento de algunas personas con deficiencia genética de folato cerebral confirmada, se desconoce si el medicamento realmente tiene algún efecto [11].
En lugar de iniciar la aprobación de la leucovorina, la FDA debió haber pedido a los Institutos Nacionales de Salud, u otra entidad financiadora de la investigación, que patrocinara ensayos clínicos sólidos. Dichos ensayos habrían determinado si el fármaco es seguro y eficaz y, de ser así, cuál es la dosis adecuada y la frecuencia con la que se debe administrar. Además, en lugar de especular sobre si la leucovorina podría tener un papel en el tratamiento de la forma autoinmune de la deficiencia cerebral de folato [12, 13], la FDA debió haber pedido que los pacientes con esta forma de la enfermedad se inscribieran en los ensayos clínicos.
Referencias