Durante 35 años, en EE UU, se ha aplicado la vacuna contra el virus de la hepatitis B a los recién nacidos protegiendo a millones de ellos, salvaguardándolos de los riesgos de la infección viral crónica y de enfermedades hepáticas potencialmente mortales a lo largo de su vida [1]. Trágicamente, en diciembre de 2025, la vacuna contra la hepatitis B se convirtió en víctima de su propio éxito.
Basándose en dudas infundadas sobre la seguridad de las vacunas y en el número de inmunizaciones infantiles que figuran en el calendario vacunal, el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP o Advisory Committee on Immunization Practices) de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC o Centers for Disease Control and Prevention), recomendó sustituir la práctica universal de administrar la primera dosis de la vacuna a todos los recién nacidos, por “una decisión individual que se debe tomar, tras consultar con un profesional de la salud”, para que los padres decidan si quieren administrar la dosis de la vacuna contra la hepatitis B a los bebés nacidos de mujeres que dan negativo a las pruebas del antígeno de superficie del virus de la hepatitis B (HbsAg o hepatitis B surface antigen) [2, 3].
El término “HbsAg negativo” significa que, en el momento de hacerse la prueba, la persona no tiene una infección activa por el virus de la hepatitis B.
En la actualidad, los CDC recomiendan tres dosis de la vacuna contra la hepatitis B: la primera dosis al nacer, y las siguientes a partir del primer o segundo mes, y entre los seis y los 18 meses de edad [4]. En caso de retraso en la administración de la dosis que se aplica al nacer, el comité sugiere que la dosis inicial “no se administre antes de los dos meses de edad” [5].
Desacreditar el calendario de vacunación infantil —el cual está basado en la evidencia— probablemente confunda y alarme tanto a ciudadanos como a médicos. Pedir que las decisiones se tomen de forma individual supondría que los CDC renuncian a su responsabilidad, ya que son ellos quienes deberían proporcionar recomendaciones definitivas sobre la vacuna contra la hepatitis B y otras vacunas cuyos beneficios superan con creces sus riesgos [6].
A finales de diciembre, las autoridades federales de salud aprobaron este cambio. Es probable que la recomendación del ACIP provoque que las tasas de vacunación bajen y que la gente confíe menos en la seguridad y eficacia de vacunas que pueden ser vitales. Al igual que sucedió con las afirmaciones falsas del gobierno federal sobre la relación entre el autismo y las vacunas, se pondrá en tela de juicio la capacidad del gobierno federal para ofrecer una orientación sólida en cuanto a las vacunas [7].
Los niños que no estén vacunados corren el riesgo de contraer infecciones no diagnosticadas en sus madres y de exponerse al virus después del nacimiento.
Aunque cada año nacen miles de bebés de mujeres infectadas por el virus de la hepatitis B, aproximadamente una de cada cinco mujeres embarazadas en EE UU no se somete a pruebas de detección de la hepatitis B, y un tercio de las mujeres que dan positivo no reciben los servicios de seguimiento que se recomiendan [8].
La recomendación del ACIP podría haber sido peor. La recomendación debería mantener la disponibilidad de la vacuna para todos los recién nacidos, independientemente del estado de infección de la madre, así como la cobertura del seguro para la dosis que se administra al nacer. La recomendación tampoco afecta la práctica vigente de administrar una dosis de la vacuna contra la hepatitis B y la inmunoglobulina antihepatitis B a los bebés nacidos de mujeres que dan positivo en la prueba de la hepatitis B o cuyo estado se desconoce [9].
El ACIP también recomendó que, cuando se considere la necesidad de administrar más de una dosis de la vacuna contra la hepatitis B los padres deben consultar con los proveedores de atención la médica, a fin de decidir si se deben realizar análisis de los niveles de anticuerpos para evaluar la protección que confiere la primera dosis [10]. Es probable que esta recomendación ad hoc reduzca aún más el número de niños que reciben las tres dosis de la vacuna que completa el esquema. La recomendación está siendo revisada por los CDC y aún no se ha implementado.
Poner en peligro un éxito de salud pública por las dudas infundadas respecto a la vacuna contra la hepatitis B, es de hecho una tragedia. Ahora más que nunca, los departamentos de salud estatales y las asociaciones profesionales médicas deben proporcionar al público una orientación sólida sobre las vacunas —que el ACIP y los CDC ya no ofrecen de forma rutinaria—, y los seguros médicos deben mantener la cobertura de las vacunas que recomiendan.
Referencias