Una organización internacional sin ánimo de lucro para fomentar el acceso y el uso adecuado de medicamentos entre la población hispano-parlante

Conducta de la Industria

Reseña del libro “No más lágrimas: los oscuros secretos de Johnson & Johnson” (“No More Tears: the Dark Secrets of Johnson & Johnson”)

(Book Review of No More Tears: the Dark Secrets of Johnson & Johnson)
Alan Cassels
Brownstone Institute, 11 de febrero de 2026
https://brownstone.org/articles/book-review-of-no-more-tears-the-dark-secrets-of-johnson-johnson/
Traducido por Salud y Fármacos, publicado por Boletín Fármacos: Ética y Derecho, 2026; 29 (2)

Tags: violaciones de los derechos humanos por parte de las empresas farmacéuticas, empresas farmacéuticas abusivas, empresas que infringen la legislación, Risperdal, polvos de talco, Janssen

El nuevo libro de Gardiner Harris, “No más lágrimas: los oscuros secretos de Johnson & Johnson”, es más aterrador que cualquier película de terror que veas este año [1].

Me imagino enfrentándome a una pregunta para verificar mis destrezas, sobre un tema que conozco muy bien: los medicamentos de venta con receta. ¿Qué empresa farmacéutica estadounidense posee el récord de sanciones penales y civiles más graves por comercialización ilegal y el fraude?

Supongo que… ¿Quizás Pfizer? Lo digo porque recuerdo que una vez un juez estadounidense se refirió a Pfizer como una organización “reincidente” que habitualmente infringe la ley, paga multas y luego, repetidamente, vuelve a infringir la ley [2]. La multa de US$2.300 millones impuesta a Pfizer (el mayor acuerdo por fraude farmacéutico de la historia) por promover medicamentos para indicaciones no aprobadas, es solo ligeramente superior al acuerdo de US$2.200 millones con Johnson & Johnson por la promoción ilegal de Risperdal y otros medicamentos relacionados.

Sin embargo, de entre todas las empresas estadounidenses, la ganadora absoluta en cuanto al mayor volumen de sanciones penales o civiles por promoción engañosa, sobornos, fraude a los programas públicos de salud, y estafa a Medicare/Medicaid es Johnson & Johnson. J&J ha pagado aproximadamente US$8.500 millones en multas relacionadas con el marketing, vinculadas a la promoción ilegal, el fraude y la publicidad engañosa, mientras que Pfizer ocupa un distante segundo lugar con US$3.400 millones.

No hay que olvidar que esas multas solo se pagan después de que se descubre el fraude, y en la mayoría de los casos después de sortear una serie de obstáculos como retrasos, confusión, negociaciones, acuerdos secretos y, a veces, esperas insoportables por parte de pacientes y familias que aspiran a recibir algún tipo de reconocimiento y compensación por la muerte o las lesiones que han experimentado sus seres queridos.

Y esto ¿por qué es relevante?

Porque por la segunda cosa que las empresas farmacéuticas deberían ser conocidas, además de por desarrollar y comercializar medicamentos de grandes ventas, es por sus crímenes: cometerlos, intentar eludir el castigo y, después, solo cuando se ven obligadas a hacerlo, pagar por ello. Estos exorbitantes costos legales, por supuesto, los acaban pagando ustedes, el público que consume los medicamentos.

La famosa y respetada reputación de Johnson & Johnson, construida sobre marcas emblemáticas de gran éxito como Tylenol, Band-Aids, Baby Powder y Baby Shampoo, es objeto de críticas directas en el excelente nuevo libro de Gardiner Harris: No más lágrimas: Los oscuros secretos de Johnson & Johnson (Random House, 2025) [1]. Tras realizar una impresionante labor de investigación, Harris presenta un catálogo de las estrategias de marketing fraudulentas que implementó la empresa para promocionar sus medicamentos y productos médicos, que son impactantes por su descaro y su alcance.

Todas las grandes empresas farmacéuticas gastan cantidades sustanciales de dinero para defenderse de los litigios, en parte porque sus constantes e ingeniosas infracciones de la ley son una parte esencial de su modelo de negocio. La línea presupuestaria para resolver las acusaciones del Departamento de Justicia de EE UU por promocionar medicamentos para indicaciones no aprobadas, por cometer sobornos, y violar la Ley Federal de Facturas Falsas (FCA o False Claims Act) es muy costosa y, en esa categoría, Johnson & Johnson también ocupa el primer lugar.

“Entre 2010 y 2021, J&J gastó US$25.000 millones en litigios, una cifra que probablemente supere la de cualquier otra empresa de la lista Fortune 500”.

Como escribe Harris: “Durante mucho tiempo, Johnson & Johnson ha sido uno de los mayores clientes individuales de los bufetes de abogados corporativos a nivel mundial”. Una empresa tan grande y poderosa acaba distorsionando la forma en que se aplica realmente la ley en EE UU, y ayuda a explicar por qué tantas empresas farmacéuticas consideran que resulta más provechoso para sus accionistas infringir la ley que cumplirla.

En la práctica, esto significa que cualquier bufete de abogados de EE UU, con ganas de hacer crecer su negocio, preferiría representar a Johnson & Johnson antes que trabajar en su contra. Por ejemplo, a pesar de que las prácticas ilegales de promoción de J&J provocaron la desfiguración permanente de decenas de miles de niños y causaron la muerte prematura de miles de personas (gracias al antipsicótico Risperidal), ninguno de los médicos que recetaron estos fármacos, ni los vendedores que engatusaron a los médicos, ni los ejecutivos que coordinaron estas estrategias de promoción ilegales, acabó en la cárcel. Si algún bufete de abogados presionara lo suficiente para que se hiciera justicia en estos casos atroces, y se esforzara por llevar a los médicos o ejecutivos a la cárcel por sus actividades delictivas, la reputación de ese bufete se vería afectada para siempre. Así que, adivinen: eso casi nunca ocurre.

el consumo de medicamentos de venta con receta se sitúa entre la cuarta y la sexta causa más frecuente de muerte, los grandes bufetes de abogados están ahí para dar la mejor imagen posible a las empresas que comercializan ilegalmente esos medicamentos.

El argumento de Harris es muy claro: hay que reformar a fondo tanto el sistema judicial como los sistemas de regulación de medicamentos de EE UU, y él no se anda con rodeos cuando escribe:

“Para efectos prácticos, Johnson & Johnson ha sido una organización criminal… Y si una de las compañías más admiradas del mundo es, en realidad, una empresa criminal y una máquina de matar ¿qué más se nos está escapando? ¿Cuántos otros asesinos hay ahí fuera?”.

¿Cuántos, realmente?

A lo largo de más de 30 años investigando y escribiendo sobre la industria y la política farmacéutica, he reunido una biblioteca bastante personal. Mis estanterías están repletas de libros sobre política farmacéutica, seguridad de los medicamentos, medicina basada en la evidencia, regulación farmacéutica y prescripción. Al observar más de cerca mis estanterías, me pregunto: ¿tengo siquiera un libro escrito específicamente sobre las malas prácticas corporativas de una sola empresa farmacéutica? No encuentro ninguno y considero que “No más lágrimas” es la única recopilación de desastres farmacéuticos cometidos por una sola empresa con la que me haya topado hasta ahora.

Tratándose de un gran periodista especializado en el sector farmacéutico, Harris tiene sin duda la experiencia necesaria para escribir sobre esta empresa. Lleva años informando sobre la industria farmacéutica a través de algunos de los canales informativos más importantes de EE UU, y sabe muy bien cuáles son sus secretos más ocultos.

Los “oscuros secretos” de Johnson & Johnson son una letanía de fechorías escalofriantes: comercializar talco para bebés, a sabiendas de que estaba contaminado con asbesto, minimizar los peligros bien documentados del fármaco más consumido en la historia de la humanidad (el Tylenol, también conocido como acetaminofén o paracetamol), promover desvergonzadamente el antipsicótico Risperdal (risperidona) para personas con demencia (a pesar de las advertencias de que aumentaría la mortalidad en ese grupo de pacientes) y para niños (provocando que a los varones les crecieran pechos y lactaran). Además, su promoción del opioide Duragesic (parche transdérmico de fentanilo), y su descomunal papel en la epidemia de opioides, que afecta a gran parte de Norteamérica, implica que muchas de las miles de muertes innecesarias por sobredosis se podrían atribuir a la empresa.

El extenso libro de Harris, compuesto por 40 capítulos (y 444 páginas), nos recuerda que las empresas farmacéuticas como J&J no son organizaciones filantrópicas. Son corporaciones, estructuradas legalmente para que solo tengan que rendir cuentas ante los accionistas, un hecho que debería preocuparnos a todos. ¿Por qué? Porque en cada uno de los casos que conforman la accidentada historia de J&J, repleta de criminalidad y de alarmantes abusos de la autoridad, la ley y la ética humana, las ganancias están por encima de todo. El sufrimiento y la muerte de pacientes vulnerables no son más que el precio de hacer negocios.

¿Dónde quedó el organismo regulador en todo esto?
Al leer cada capítulo, uno no puede evitar preguntarse: “¿Dónde estaba la FDA mientras J&J se dedicaba a sobornar, coaccionar y cometer delitos?” Es una buena pregunta, y Harris no se guarda sus críticas. La magia de este libro es que no trata solo de Johnson & Johnson; es una parábola sobre la laxa regulación de los medicamentos con la que conviven los estadounidenses, en un mundo en el que cientos de productos compiten por ganarse el derecho a que los ingieras.

Quizá la reflexión central en “No más lágrimas” es que la FDA, el organismo regulador cuya función es mantener los medicamentos peligrosos fuera del mercado y castigar a las empresas que comercializan y promocionan ilegalmente sus productos, es un perro guardián sin dientes. O peor aún, un perro que no ladra ni muerde. Tal vez ¿más como un perro faldero que un perro guardián?

A diferencia de los viajes en avión, que son una de las actividades más seguras que realizan los seres humanos, cuando se produce un accidente o un conato de accidente, los inspectores federales de seguridad aérea investigan el origen del problema, meticulosa y rigurosamente, para que no se repita. En un período de cinco meses se produjeron 346 muertes en dos accidentes del Boeing 737 MAX (en 2018 y 2019). Estos accidentes dieron lugar a investigaciones exhaustivas y a la inmovilización de toda la flota de 737 MAX en todo el mundo, durante casi dos años, mientras se realizaban evaluaciones de seguridad y actualizaciones de software.

Comparemos esto con la regulación de la seguridad de los medicamentos de venta con receta. La FDA aprueba los medicamentos y, posteriormente, evalúa su seguridad (mientras recibe pagos de las mismas empresas cuyos medicamentos aprueba), lo que la mayoría de la gente reconocería como un evidente conflicto de intereses. Por lo tanto, en la práctica, acaban haciendo ambas cosas mal, y cuando hay indicios de un desastre inminente relacionado con un medicamento, la FDA suele hacer todo lo posible por ver las cosas desde la perspectiva de las empresas. Por ejemplo, el tira y afloja entre J&J y la FDA en torno a la seguridad del Tylenol constituye un buen caso de estudio sobre cómo no se deben regular los medicamentos poco seguros.

A pesar de que el paracetamol representa una parte importante del mercado de analgésicos, que se suele vender en una versión que marcó tendencia, el Tylenol “Extra Strength” de J&J, es la principal causa de insuficiencia hepática en EE UU, pero la mayoría de los consumidores no lo saben. Rn el libro de Harris, rl El capítulo dedicado al Tylenol en el libro de Harris demuestra que las evaluaciones de seguridad de la FDA son, en gran medida, solo para aparentar.

“Si en un año cualquiera la FDA se encargara de la seguridad de las aerolíneas, ni siquiera sería capaz de decir cuántos aviones se han estrellado”.

Uno de los motivos por los que hay líos entre las empresas farmacéuticas y la FDA, es que los directivos de las empresas se quejan con frecuencia y públicamente de lo estricta que es la agencia y de lo difícil que es conseguir que se aprueben los medicamentos, etcétera, etcétera. Esto es un mito conveniente que contradice lo que ocurre en la práctica, y que solo sirve para transmitir una agradable sensación de “seguridad” respecto a la toma de decisiones de la FDA. Para aquellos que no me crean, tengo una sola palabra: Vioxx.

Vioxx, un medicamento comercializado por Merck, fue como la Guerra de Vietnam de la era moderna de los fármacos. He aquí un breve resumen: entre 1999 y 2004, casi 60.000 estadounidenses murieron de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares prematuros por consumir un medicamento “innovador” para tratar la artritis que se promocionó ampliamente y de manera fraudulenta.

A pesar de señales tempranas de alerta por muertes, y de que un organismo regulador pusilánime fuera acosado constantemente por un energúmeno de 136 kilos, transcurrieron cinco años hasta que Vioxx fue retirado del mercado. ¿El resultado? Cada día morían innecesariamente unos 30 estadounidenses que tomaban el medicamento únicamente para aliviar el simple dolor de la artritis. En términos aeronáuticos, el Vioxx por sí solo equivalía a que, durante cinco años, cada semana se estrellara un Boeing 737 Max y matara a todos los pasajeros a bordo.

La analogía con Vietnam es deliberada, dadas las cifras similares de muertes. Unos 60.000 estadounidenses murieron en la guerra de Vietnam, durante los aproximadamente 12 años que duró la intervención estadounidense. En cambio, a Vioxx solo le tomó cinco años matar a ese número de personas, lo que demuestra que la FDA fue mucho más eficaz matando estadounidenses que el Viet Cong.

¿Y cuántas reformas profundas, en materia de seguridad de los medicamentos, se han introducido en EE UU desde el caso de Vioxx, que hayan mejorado la seguridad de comprar en la farmacia? Mmmm… No se me ocurre ninguna. Cuando lean cómo Johnson & Johnson se sale repetidamente con la suya, gracias a que la FDA es laxa en lo que respecta a la seguridad de los medicamentos, comprenderán por qué Vioxx es solo la punta del iceberg.

Los funcionarios de la FDA, en su propia documentación, suelen presumir de lo bien que colabora la agencia con sus “socios de la industria”, incluyendo ejecutivos de empresas como Johnson & Johnson, donde la puerta giratoria entre el regulador y los regulados es un problema constante y grave. Esta relación de complicidad hace que la FDA negocie y elabore argumentos creíbles sobre la seguridad de un medicamento, prestando así un servicio a quienes financian sus operaciones.

En la práctica, esto permite que los fabricantes de medicamentos reincidan y promuevan ilegalmente productos que saben que son letales, paguen multas cuando los descubren y luego sigan causando más muertes. En cuanto a la magnitud del problema, Harris señala que, en 2003, J&J utilizó “tácticas de venta ilegales, entre ellas sobornos y mentiras a la FDA, para comercializar seis de los siete medicamentos de mayores ventas de la empresa”.

Este libro me ha enseñado mucho, pero la pregunta que más me hice fue: ¿Cómo es posible que J&J nunca hubiera caído bajo mi radar? “No más lágrimas” muestra la habilidad que tiene J&J, no solo para hacerse con el control de la FDA, sino también para desplegar una estrategia de relaciones públicas de alto nivel, con el fin de pulir continuamente su aureola de bondad corporativa. Lo hizo siendo una de las empresas farmacéuticas más exitosas en la historia de la humanidad, con cantidades ingentes de dinero, lo que le permitió monopolizar las dos armas más poderosas del arsenal de una empresa farmacéutica: las grandes agencias de relaciones públicas y los grandes bufetes de abogados.

Las grandes agencias de relaciones públicas pueden ayudar a mantener las malas noticias fuera de las portadas de los periódicos nacionales, influyendo en los periodistas y recompensando a los medios de comunicación con cuantiosas inversiones publicitarias. Los grandes bufetes de abogados, incluyendo las firmas contratadas para defender los casos de las grandes tabacaleras, están impacientes por trabajar para J&J: listos, dispuestos y preparados para ir a la guerra en nombre de la empresa. Como dije antes, solo unos pocos bufetes estarían dispuestos a desafiar el poderío legal de J&J o, por el contrario, a dar la espalda a un cliente tan lucrativo.

Quizás lo que más me sorprendió fue el papel de J&J en la epidemia de opioides. Aunque casi todo el mundo sabe que Purdue Pharma echó leña al fuego de la epidemia de opioides al promover el OxyContin (y tuvo que pagar enormes multas por ello), casi nadie conoce lo que Harris describe meticulosamente a mitad del libro: el papel central de J&J. Cita a Andrew Kolodny, el mayor experto del mundo en la crisis de los opioides:

“J&J fue claramente el cerebro de la epidemia de opioides, no Purdue Pharma. No solo promovían sus propios opioides de marca, sino que suministraban el ingrediente farmacéutico activo crucial a casi todos los fabricantes”.

Y ahora, ¿hacia dónde nos dirigimos?

Las propuestas de reforma que Harris expone al concluir “No más lágrimas” se han escuchado muchas veces, pero vale la pena repetirlas. La FDA debe eliminar el dinero ilícito que hay detrás de la regulación de los medicamentos y empezar a tratar al público estadounidense como su cliente, en lugar de responder a las empresas farmacéuticas.

Debería tomar medidas estrictas para prohibir que los médicos acepten dinero o regalos de las empresas farmacéuticas mientras tratan a sus pacientes, prohibir la formación médica continúa financiada por las empresas farmacéuticas, y pasar a un sistema en el que sean los contribuyentes estadounidenses (y no las empresas farmacéuticas) quienes paguen por la regulación y aprobación de los medicamentos. También sugiere la necesidad de adoptar un sistema de monitoreo de seguridad “a nivel del que tienen las aerolíneas”, por el que la aprobación de nuevos aviones y la investigación de accidentes queden a cargo de organismos independientes.

Su crítica final no es en absoluto radical y repite muchos de los temas que se encuentran en los libros que llenan mis estanterías: mientras sigamos permitiendo que el dinero sucio dicte las normas de aprobación, marketing y prescripción de medicamentos, nuestro sistema no hará más que seguir alentando a las grandes empresas farmacéuticas, como Johnson & Johnson, a causar muertes, pagar multas y seguir causando más muertes.

Referencias

  1. Amazon. (n.d.). No More Tears: The Dark Secrets of Johnson & Johnson. Amazon. https://www.amazon.com/No-More-Tears-Secrets-Johnson/dp/059322986X
  2. Staton, Tracy. Pfizer’s $2.3B promise to behave. FiercePharma, 3 de septiembre de 2009. https://www.fiercepharma.com/pharma/pfizer-s-2-3b-promise-to-behave
creado el 19 de Junio de 2026