La mayoría de las personas saben que beber alcohol puede causar varios daños inmediatos, como intoxicación alcohólica, lesiones por caídas o accidentes automovilísticos. El alcohol también conlleva algunos riesgos para la salud a largo plazo, que son menos conocidos, como un mayor riesgo de enfermedad hepática o cáncer [1].
Sin embargo, también debe tener en cuenta que el alcohol puede tener interacciones clínicamente importantes y potencialmente peligrosas con muchos medicamentos de venta con receta y de venta libre. Es especialmente importante tener en cuenta estas interacciones farmacológicas durante las fiestas navideñas, cuando incluso las personas que rara vez beben cerveza, vino, o licores, pueden consumir más alcohol de lo habitual.
Aunque algunas interacciones entre el alcohol y los medicamentos solo se producen en personas que beben en exceso, también se pueden producir interacciones peligrosas con cantidades más pequeñas de alcohol [2]. El Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo (National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism) define el consumo excesivo de alcohol como cuatro o más bebidas al día para las mujeres y cinco o más para los hombres. Sin embargo, tres o más bebidas en una sola ocasión también son motivo de preocupación para las personas que corren el riesgo de sufrir interacciones farmacológicas.
Es importante señalar que las mujeres y las personas mayores deben tener especial cuidado al beber alcohol [3]. El cuerpo de las mujeres tiende a tener menos agua que el de los hombres, lo que significa que las concentraciones de alcohol en sangre pueden ser más altas en las mujeres que en los hombres después de beber la misma cantidad de alcohol.
Las personas mayores podrían estar tomando más medicamentos que los adultos más jóvenes, y algunas pueden haber perdido la capacidad de metabolizar el alcohol con la misma eficacia [4]. El alcohol puede permanecer más tiempo en su organismo, lo que aumenta la posibilidad de interacciones entre el alcohol y los medicamentos. Después de consumir alcohol, el equilibrio y la coordinación también pueden verse más afectados en las personas mayores que en los individuos más jóvenes, lo que aumenta el riesgo de sufrir caídas y lesiones graves.
El alcohol puede interactuar con los medicamentos de varias maneras, por ejemplo, intensificando el efecto sedante de los fármacos; reduciendo o aumentando la eficacia de los fármacos; o aumentando el riesgo de efectos adversos, que incluyen problemas cardiovasculares, daño hepático o hemorragia interna. Aunque no se menciona en este artículo, el consumo de alcohol también puede afectar o desencadenar los síntomas de algunas enfermedades, como hipertensión, diabetes, gota, insomnio y trastornos psiquiátricos (incluyendo depresión, trastorno bipolar y psicosis) [5, 6].
Efectos aditivos
El alcohol, al igual que muchos otros fármacos, es un depresor del sistema nervioso central que puede ralentizar la actividad cerebral [7]. Si se consume alcohol junto con otro fármaco con efectos similares, los efectos sedantes se pueden intensificar, lo que en algunos casos puede provocar problemas respiratorios potencialmente mortales o sobredosis [8].
Entre los fármacos con efectos aditivos al alcohol se incluyen los hipnóticos, por ejemplo, las benzodiazepinas como el alprazolam (Xanax y genéricos), los fármacos Z como el zolpidem (Ambien y genéricos) y los opioides como la oxicodona (Oxycontin, Roxicodone, Roxybond, Xtampza ER y genéricos). El Cuadro siguiente muestra ejemplos adicionales.
La combinación de alcohol y benzodiazepinas o fármacos Z puede aumentar el riesgo de sufrir efectos adversos como somnolencia, retraso en los tiempos de reacción y pérdida del equilibrio o del control motor. Estos efectos adversos pueden aumentar el riesgo de sufrir caídas u otros accidentes graves, especialmente en personas de edad avanzada. Cabe destacar que tomar benzodiazepinas o fármacos Z con alcohol también puede provocar pérdidas de memoria de leves a graves [9]. Cuando se toman con alcohol, algunos antihistamínicos, como la difenhidramina (Benadryl y genéricos), también pueden aumentar el riesgo de sufrir accidentes mientras se conduce [10].
Cambios en la eficacia de los medicamentos
Al igual que muchos medicamentos, el alcohol se metaboliza en el hígado. El consumo de alcohol puede sobrepasar la capacidad del organismo para metabolizar y excretar fármacos, lo que a su vez puede aumentar los niveles de algunos medicamentos en la sangre. Este aumento de los efectos de los medicamentos se puede producir con el uso del fármaco para los espasmos musculares, tizanidina (Ontralfy, Zanaflex y genéricos), el anticoagulante warfarina (Jantoven y genéricos) o el betabloqueante propranolol (Hemangeol, Inderal LA, Innopran XL y genéricos), entre otros fármacos [13, 14].
A veces, el metabolismo del hígado se acelera para eliminar ciertos medicamentos cuando se toman junto con alcohol, especialmente en el caso de los bebedores empedernidos. Esto puede reducir los efectos de los medicamentos [15, 16]. Entre estos medicamentos se encuentran los antibióticos eritromicina (E.E.S., ERY-TAB, Eryc y genéricos) y doxiciclina (Acticlate, Doryx, Monodox, Oracea y genéricos).
Mayor riesgo de sufrir efectos adversos
Mezclar alcohol con ciertos medicamentos puede aumentar el riesgo de sufrir efectos adversos como vómitos, desmayos, somnolencia o mareos, pérdida de coordinación y dolores de cabeza [17]. Por ejemplo, beber alcohol simultáneamente con ciertos antibióticos (como el metronidazol [Flagyl, Likmez y genéricos] y el tinidazol [Tindamax y genéricos]), o antifúngicos (como el ketoconazol [solo genérico]), puede provocar que el organismo sea incapaz de metabolizar el alcohol (lo que también se conoce como efecto disulfiram o antabus). La incapacidad para metabolizar el alcohol puede causar síntomas desagradables, como enrojecimiento de la cara, náuseas o vómitos [18].
Otros fármacos, como el bloqueador de los canales de calcio, verapamilo (Verelan y genéricos), también pueden afectar la capacidad del organismo para metabolizar el alcohol, lo que provoca un aumento de los niveles de alcohol en sangre. Cuando se mezcla alcohol con ciertos medicamentos, se pueden producir problemas cardiovasculares graves, como cambios repentinos en la presión arterial, taquicardia o latidos cardíacos irregulares (arritmia) e hipotensión (presión arterial baja) [19, 20].
Algunos ejemplos son los nitratos para la angina de pecho (dolor en el pecho), como la isosorbida (Isordil y genéricos); medicamentos para tratar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, como la anfetamina (Adzenys XR-ODT y genéricos), el metilfenidato (Concerta, Daytrana, Focalin, Relexxii, Ritalin, otros y genéricos) y la lisdexanfetamina (Arynta, Vyvanse y genéricos); o el betabloqueador propranolol.
Los antidepresivos de la clase de los inhibidores de la monoaminooxidasa, como la fenelzina (Nardil y genéricos) y la tranilcipromina (Parnate y genéricos), pueden provocar picos graves de presión arterial cuando se toman al mismo tiempo que bebidas ricas en tiramina (una sustancia natural relacionada con el aminoácido tirosina), como el vino, la cerveza o incluso la cerveza sin alcohol [21].
Mezclar alcohol con algunos medicamentos puede aumentar el riesgo de daño hepático. Algunos ejemplos son el analgésico paracetamol (Tylenol y genéricos), el antidepresivo duloxetina (Drizalma Sprinkle y genéricos), el antifúngico griseofulvina (Fulvicin P/G, GRIS-PEG y genéricos) y el antibiótico isoniazida (solo genérico) [22, 23].
Cuando se toman con alcohol, los antiinflamatorios no esteroideos, como el ibuprofeno (Advil, Motrin IB y genéricos), el naproxeno (Aleve, Anaprox DS, EC-Naprosyn, Naprelan y genéricos) o el celecoxib (Celebrex, Vyscoxa y genéricos), o el anticoagulante warfarina, pueden causar hemorragias gastrointestinales graves y, en ocasiones, potencialmente mortales.
¿Qué hacer?
Sea sincero con su médico sobre la cantidad y la frecuencia con la que consume alcohol, y sobre cuáles de los medicamentos de venta con receta o de venta libre que toma, o está considerando tomar, pueden interactuar con el consumo ligero o excesivo de alcohol.
Si tiene pensado beber alcohol y está tomando medicamentos, pregunte a su médico y lea la información para el paciente que se proporciona con el medicamento, o que está disponible en Drugs@FDA (https://www.fda.gov/drugs), para asegurarse siempre de que es seguro tomarlos mientras bebe. No suspenda ningún medicamento para poder beber alcohol.
Referencias