Resumen del autor
Nuevas evidencias sugieren que la administración masiva de azitromicina (MDAA) puede reducir significativamente la mortalidad infantil en entornos con alta carga de enfermedad y bajos recursos. Sin embargo, las guías de 2020 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) adoptan una estrategia cautelosa debido a la preocupación por la resistencia a los antimicrobianos (RAMI).
Si bien las guías de la OMS citan principios éticos, no abordan adecuadamente algunas consideraciones clave, como la justicia intergeneracional, el reparto equitativo de la carga y los determinantes estructurales de la salud que configuran la vulnerabilidad a las enfermedades infecciosas
Las políticas mundiales sobre la RAMI a menudo priorizan la conservación sobre el acceso, en una forma que afecta desproporcionadamente a los países de bajos ingresos, a pesar de que los países de altos ingresos también tienen una responsabilidad significativa en la aparición y propagación de la RAMI.
Se necesita un marco conceptual equilibrado desde el punto de vista ético: uno que integre explícitamente los valores contextuales, incluyendo la justicia intergeneracional, las desigualdades históricas y la contribución de la comunidad en situaciones de incertidumbre.
Las guías revisadas de la OMS, que amplían la elegibilidad para la Administración Masiva de Antibióticos (MDAA, por su sigla en inglés Mass Drug Administration of Antibiotics) en base en criterios específicos del contexto, definen umbrales de mortalidad y mecanismos de monitoreo de la resistencia, y promueven la inversión global en sistemas de salud sostenibles y en el acceso a los antibióticos, podrían estar mejor alineadas con los principios de la OMS en materia de equidad, derechos humanos, e incoporación explícita de los determinantes sociales de la salud en el desarrollo de guías.