Losprimeros medicamentos que fueron reconocidos como causantes de trastornos del control de impulsos fueron los agonistas de la dopamina, seguidos más recientemente por neurolépticos que son agonistas parciales de la dopamina, como el aripiprazol [1-3].
Los trastornos del control de los impulsos causados por estos medicamentos incluyen juego patológico, hipersexualidad, compras compulsivas, hiperfagia, cleptomanía (robo compulsivo), tricotilomanía (compulsión por arrancarse el cabello) y acumulación. Estos comportamientos tienen efectos dañinos, a veces graves, en las relaciones sociales y familiares de los pacientes, y en sentido más amplio en su bienestar físico y mental [1-3].
En 2024, un equipo de investigación examinó las manifestaciones y las consecuencias de los trastornos del control de los impulsos inducidos por el agonista de la dopamina pramipexol y el neuroléptico aripiprazol [1, 4].
Un análisis detallado de las notificaciones en la base de datos de farmacovigilancia de EE UU. Los autores analizaron las notificaciones de efectos adversos atribuidos al pramipexol o al aripiprazol, registradas en la base de datos de farmacovigilancia de EE UU entre 2004 y 2022. Primero, hicieron una búsqueda en esta base de datos utilizando términos estandarizados del Medical Dictionary for Regulatory Activities (MedDRA), la terminología médica que usan las principales agencias reguladoras de medicamentos y los sistemas de farmacovigilancia [5]. El 7,5% de las notificaciones (2.066 casos) relacionadas con el pramipexol y el 4,5% (3.609 casos) de las relacionadas con el aripiprazol incluían un trastorno de control de los impulsos, en particular juego patológico, hipersexualidad, impulsividad, compras compulsivas, hiperfagia, estereotipia o acumulación [4].
Estos trastornos del control de impulsos ocurrieron principalmente en hombres. El 55% de los casos notificados con el pramipexol y el 75% de los notificados con el aripiprazol fueron graves [4].
Consecuencias sociales, familiares, físicas y mentales. Después, los autores estudiaron las notificaciones originales, antes de la codificación MedDRA, para examinar más a fondo el vocabulario utilizado [4].
El 57% de las notificaciones relacionadas con el pramipexol habían sido presentadas por pacientes, mientras que el 40% de las notificaciones relacionadas con el aripiprazol habían sido presentadas por pacientes y el 34% por los abogados de los pacientes [4].
Además de los efectos adversos a los que se había asignado un código MedDRA, estas notificaciones describían sus consecuencias en la vida de los pacientes. Se realizaron varios análisis sucesivos para identificar las principales consecuencias perjudiciales de estos efectos adversos [4].
En el grupo pramipexol,surgieron 56 tipos de efectos adversos asociados tanto con los trastornos del control de impulsos como con sus consecuencias, por ejemplo: trastornos obsesivo-compulsivos (TOC), conductas anormales, síntomas relacionados con el estrés, hiperfagia y piromanía. Las consecuencias identificadas fueron angustia emocional, depresión, pensamientos suicidas, intentos de suicidio y dificultades económicas [4].
En el grupo aripiprazol,surgieron 107 tipos de efectos adversos, por ejemplo: robo, hiperfagia, celos delirantes y piromanía. Las consecuencias identificadas fueron dificultades económicas, desempleo, lesiones, bancarrota, divorcio, vida en la calle por haberse quedado sin hogar, y problemas matrimoniales [4].
Los autores observaron varios tipos de consecuencias, basándose en análisis estadísticos. Con el aripiprazol, observaron: divorcio, bancarrota, desempleo y vida en la calle; hipersexualidad, embarazo no deseado y enfermedades de transmisión sexual; e hiperfagia y trastornos metabólicos. Con el pramipexol, observaron: hipersexualidad, celos delirantes, alucinaciones y problemas matrimoniales [4].
En la práctica, este análisis detallado y profundo de las notificaciones de farmacovigilancia muestra la realidad oculta trás los términos simplistas usados en las bases de datos y en los resúmenes de las características del producto (RCP): las consecuencias en la vida de los pacientes y de su entorno son devastadoras. Es una razón más para prestar atención a los pacientes y a cualquier dificultad que padezcan debido a los comportamientos que no podían o que ya no logran controlar, así como para investigar las causas del problema y preguntarse si un medicamento podría ser responsable.
Referencias seleccionadas de la búsqueda bibliográfica de Prescrire