En 2024, un equipo británico publicó una revisión sistemática que analizó el riesgo de discinesia tardía en niños que tomaban un neuroléptico. Se identificaron 13 estudios de cohorte, hasta enero de 2024, que incluyeron a un total de 13.215 niños y adolescentes [1].
Según estos estudios, la prevalencia de la discinesia tardía en los niños expuestos a un neuroléptico osciló entre el 5% y el 20%. En general, los trastornos aparecieron después de más de un año de tratamiento. Las tasas de prevalencia obtenidas retrospectivamente de las bases de datos de servicios médicos fueron menores (alrededor de un 1%) que las notificadas en estudios de seguimiento de pacientes, lo que indica que es probable que este efecto adverso se pase por alto, no se reconozca, no se codifique correctamente o se subdiagnostique [1].
Los factores de riesgo demostrados para la aparición de la discinesia tardía fueron las dosis altas y los periodos de exposición prolongados. Los neurolépticos de “primera generación” parecieron estar implicados con mayor frecuencia que los neurolépticos “atípicos” más recientes, pero el hecho de que se “considere” que estos últimos están implicados con menor frecuencia pudo haber afectado la probabilidad de que el trastorno se registrara en las bases de datos [1].
La discinesia tardía se refiere a un espectro de trastornos incapacitantes que consisten en movimientos repetitivos involuntarios. La discinesia orofacial grave es desfigurante y puede afectar al habla, la alimentación, la deglución o la respiración. Estos trastornos rara vez son reversibles, y no existe un tratamiento satisfactorio conocido. La discinesia tardía es un trastorno inducido exclusivamente por medicamentos, que se asocia principalmente a los que tienen acción antidopaminérgica, como los neurolépticos, ya sea que se usen como antipsicóticos, antieméticos, antihistamínicos o con otros fines. La discinesia tardía suele presentarse cuando se reduce la dosis o al interrumpir el medicamento responsable, lo que generalmente provoca un empeoramiento de los síntomas [2, 3].
En la práctica, la discinesia tardía afecta el rostro y tiene un impacto negativo duradero en la vida diaria y en las relaciones sociales. En general, tiende a empeorar en lugar de remitir cuando se suspende el neuroléptico. Este riesgo es una razón más para evitar el uso de neurolépticos.
Sin embargo, cuando se considera un neuroléptico como tratamiento antipsicótico, se debe tomar en cuenta este riesgo y explicarlo a los pacientes y a sus cuidadores.
Referencias