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Fuera de récord: El chollo de las revisiones sistemáticas (Offline: The gravy train of systematic reviews)
Richard Horton
The Lancet, 16 de noviembre de 2019
DOI: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(19)32766-7
https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(19)32766-7/fulltext
Traducido por Salud y Fármacos

Imagínese que todo el conocimiento médico se construye sobre una falsedad. Se dice que las revisiones sistemáticas son el estándar más alto de atención médica basada en la evidencia. Las revisiones sistemáticas y los metaanálisis se actualizan regularmente para garantizar que las decisiones sobre el tratamiento se basan en la ciencia más actualizada y confiable, y se utilizan para elaborar las guías clínicas y guiar la toma de decisiones. Para construir una base de conocimiento médico respaldada por los resultados de revisiones sistemáticas han surgido organizaciones poderosas. Una de esas organizaciones es Cochrane, con 11.000 miembros en más de 130 países. Este movimiento extraordinario de personas gira entorno a su compromiso apasionado por contribuir a mejorar los resultados en salud para todos, en todas partes.

Actualmente, la industria que impulsa la producción de revisiones sistemáticas está financiada por algunas de las agencias más influyentes en la investigación médica. Cochrane, por ejemplo, cuenta con tres financiadores que aportan más de £1 millón cada uno: el Instituto Nacional de Investigación en Salud (NIHR) del Reino Unido, los Institutos Nacionales de Salud de EE UU (NIH) y el Consejo Nacional de Investigación Médica y de Salud de Australia (NHMRC). Las afirmaciones de Cochrane son importantes: evidencia confiable, decisiones informadas, mejor salud. Pero ¿qué sucede si la asombrosa energía, compromiso y productividad de la comunidad que realiza las revisiones sistemáticas está envenenando en lugar de nutrir a la práctica médica? Esta pregunta ha sido formulada repetidamente por uno de los principales investigadores clínicos del Reino Unido, Ian Roberts, profesor de Epidemiología y Salud Pública, y codirector de la Unidad de Ensayos Clínicos de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. Es una pregunta que ya no se puede evitar.

La duda surgió por primera vez cuando Roberts comenzó a investigar la veracidad de los ensayos incluidos en una revisión Cochrane sobre el uso de dosis altas de manitol en la lesión cerebral traumática aguda. Encontró evidencia de que se habían manipulado los datos en los ensayos clínicos. “¿Cómo puede Cochrane”, cuestionó Roberts en el BMJ, “pretender que proporciona evidencia confiable cuando para todo lo que hacen confían en los datos existentes?” Roberts cree que el fraude en los ensayos clínicos es más común de lo que actualmente reconocemos.

Pero el fraude es solo una parte del problema de las revisiones sistemáticas, afirma. Los editores de revistas médicas son culpables de publicar miles de ensayos de baja calidad, a menudo con baja potencia estadística y con datos que proceden de un sólo centro. Los que hacen revisiones sistemáticas incluyen estos ensayos en sus metaanálisis sin aplicar criterios de inclusión suficientemente rigurosos. Por lo tanto, los ensayos se toman al pie de la letra sin verificar los hechos. Y es probable que incluyan resultados falsos positivos, lo que hace que la revisión final no solo sea poco confiable, sino que posiblemente también sea incorrecta.

En 2015, en The Lancet, Ian Roberts y Katharine Ker escribieron: “Las revisiones sistemáticas de ensayos pequeños contribuyen a la inutilidad de la información al promocionar entre la comunidad científica efectos de tratamiento significativos, exagerados, que a menudo se reducen o desaparecen cuando se realizan ensayos grandes y de gran calidad … Las revisiones sistemáticas que no reconocen la falta de confiabilidad de los ensayos pequeños que se realizan en un solo centro deberían generar inquietudes sobre el valor y la costo-efectividad del esfuerzo invertido en esas revisiones”. Cartas al Director del Programa de Revisiones Sistemáticas de NIHR y al Asesor Científico Principal del Departamento de Salud y Asuntos Sociales del Reino Unido llamando la atención sobre estas preocupaciones, no provocaron una respuesta seria o sustantiva.

creado el 25 de Febrero de 2020


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