Me perdí este artículo del New York Times cuando se publicó hace dos meses [1]. Pero creo que merece algo más de atención.

El titular me llamó la atención de inmediato. Parece ofrecer un reportaje sobre medicamentos “que podrían reducir el riesgo de demencia”. Este es un nuevo ejemplo que me permite traer a colación mi recomendación habitual.
Siempre que lea o escuche un reportaje sobre salud que utilice palabras como “podría… puede ser… quizá”, no dude en sustituirlas por “podría no… tal vez no”, ya que, en este punto de la investigación, estaría haciendo una predicción igualmente plausible.

El artículo expresaba “entusiasmo” (esa palabra se utilizó dos veces) por la vacuna contra la gripe, la vacuna contra el herpes zóster, las estatinas y los medicamentos para la presión arterial, los antiinflamatorios no esteroideos y los medicamentos para la diabetes (metformina e inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2).
En mi opinión, no es tarea del periodismo avivar el entusiasmo en torno a afirmaciones que aún no se han comprobado. Al leer esto, pregúntese lo siguiente: ¿Quién está entusiasmado? ¿Cómo sabe el periodista que hay un número x de personas entusiasmadas? ¿Existe algún conflicto de intereses detrás de este entusiasmo?
Para evaluar el reportaje, me puse en contacto con dos personas con las que he mantenido una comunicación bastante frecuente sobre temas relacionados con la demencia y la enfermedad de Alzheimer a lo largo de los años.
La psiquiatra Susan Molchan fue una de las colaboradoras de mi antiguo sitio web, HealthNewsReview.org, durante años [2]. En general, consideraba que el artículo abordaba el potencial de estos fármacos de manera adecuada.
Sin embargo, recibí una reacción bastante diferente por parte de la Dra. Linda Furlini, especialista en ética en la investigación, en Montreal, quien lleva mucho tiempo interesada en la enfermedad de Alzheimer y la demencia. Me escribió diciendo que el artículo del Times sigue un patrón que se viene repitiendo desde hace décadas:
Dado que mis dos padres desarrollaron Alzheimer al mismo tiempo, a los 60 años, y que la generación de los baby boomers está entrando ahora en la franja de edad de mayor riesgo para padecer esta enfermedad, me muestro profundamente escéptica, y, por lo general, desdeñosa, ante las afirmaciones de que un único tratamiento pueda prevenir el Alzheimer. Llevo siguiendo los “tratamientos preventivos” para esta enfermedad desde la década de los 80 y he aprendido una cosa: la estrategia de publicidad de la “tendencia del mes” es constante. La tendencia de este mes son los medicamentos de uso frecuente. Menuda mina de oro para las empresas farmacéuticas que se aprovechan de los temores de una población que está envejeciendo…
El New York Times reconoce que los científicos no pueden determinar si estos medicamentos tienen un “impacto positivo directo” o “simplemente se correlacionan”, pero el titular da a entender que la prevención está demostrada. Los estudios observacionales muestran asociaciones, no causalidad. Algunos medicamentos solo se han probado en ratones.
Una revisión Cochrane, realizada en 2022, concluyó que “no hay evidencia que respalde el uso” de la aspirina o los AINE para la prevención del Alzheimer. Las estatinas se han promocionado como preventivas y, al mismo tiempo, se han criticado por suponer un riesgo para las funciones cognitivas, algo que no se menciona en el artículo. Los baby boomers, preocupados por el Alzheimer, son el público objetivo. Las empresas farmacéuticas son las beneficiarias. Los medios de comunicación dominantes, como el New York Times, parecen ser el canal de difusión.
Llevo 40 años viendo este ciclo de “tendencias del mes”. Sabemos bastante sobre el cerebro, pero estamos muy lejos de saberlo todo. No existe una cura comprobada para el Alzheimer, y no se ha demostrado que ninguna intervención lo prevenga. El ciclo continúa. La tendencia de este mes son los medicamentos de uso frecuente, y yo solo puedo suspirar. Más de lo mismo.
No me sorprendería encontrar opiniones tan dispares en una muestra más amplia de observadores.
Pero intento centrarme en el periodismo, y en el impacto que puede tener en la gente. En ese sentido, al leer el artículo he compartido muchas de las mismas observaciones de Linda Furlini. Entre las notas que tomé se incluían:
Mi resumen
Mi análisis detallado arroja resultados dispares, al igual que ocurre con algunas de las investigaciones. Las dos fuentes que elegí para que comentaran el reportaje también tenían opiniones y énfasis diferentes.
Así pues, me pregunto: “¿Qué se ha conseguido con este reportaje de 1.100 palabras?”. Algunos lectores dejaron comentarios en The New York Times que abordan esta pregunta. Estos son algunos ejemplos:
Si los lectores, en su mayoría, tienen conocimientos científicos, a estas alturas disponen de las herramientas necesarias para evaluar la solidez de la evidencia (o la falta de ella). Pero para todos los demás, me pregunto cuántos consideran que se trata simplemente de otro reportaje sobre “la esperanza en torno al Alzheimer” como escribió Linda Furlini: “la tendencia del mes… más de lo mismo… en fin”.
Admito que estoy indeciso, pero me inclino por sugerir: “¿Por qué no esperar a que la evidencia sea más sólida antes de publicar una noticia tan sensacionalista?”.
Referencias