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Publicidad y Promoción

La campaña para convertir a personas sanas en pacientes con Alzheimer

(The Campaign To Turn Healthy People Into Alzheimer’s Patients)
Jeanne Lenzer
The Lever, 13 de mayo de 2026
https://www.levernews.com/the-campaign-to-turn-healthy-people-into-alzheimers-patients/
Traducido por Salud y Fármacos, publicado en Boletín Fármacos: Ética y Derecho 2026; 29 (3)

Tags: tratamientos para la demencia, promover tratamientos para la demencia, teoría de las placas de amiloide, efectos adversos de los tratamientos contra el Alzheimer, cribado de demencias, medicamentos para prevenir la demencia

Los fabricantes de medicamentos, personas influyentes (influencers) y los grupos de defensa de los pacientes que financia la industria están promoviendo la realización de pruebas de cribado para el Alzheimer, que podrían etiquetar a millones de estadounidenses como enfermos, a pesar de que su base científica es escasa y los tratamientos son peligrosos.

Cuando Barbara Feuerstein, de 72 años, vio un anuncio en Facebook que ofrecía un análisis de sangre gratuito para detectar la enfermedad de Alzheimer, no dudó en aprovechar la oportunidad. El anuncio, publicado por un centro de investigación, ofrecía la prueba que acababa de autorizar la FDA como parte de un estudio con un fármaco diseñado para prevenir la enfermedad [1, 2]. “Pensé que si lo había aprobado la FDA debía ser seguro “, dijo Feuerstein.

No hay duda de que también ayudó el hecho de que destacados expertos hubieran puesto en marcha una impresionante campaña para convencer a los médicos, al público, y a los legisladores, de que se generalizara la realización de pruebas de cribado del Alzheimer. En apasionadas editoriales publicadas en todo el país, Robert Redfield, exdirector de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention), explicó: “Estas pruebas cambian radicalmente nuestra comprensión de la enfermedad, al igual que lo hizo la prueba del VIH con el sida” [3]. Se instalaron unidades móviles que ofrecían análisis de sangre gratuitos en residencias para personas mayores, y otros lugares de todo el país, justo en las puertas de los hogares [4].

Por su parte, la Asociación de Alzheimer, una institución privada que financia la investigación sobre el Alzheimer, y cuyas recomendaciones sobre la enfermedad se suelen considerar confiables (la última palabra), ha estado promoviendo una legislación bipartidista para garantizar que Medicare cubra la prueba para el tamizaje de millones de personas que no tienen ningún problema de memoria.

Pero lo que Feuerstein y millones de personas ignoraban era que muchos de los principales defensores de las pruebas reciben millones de dólares de las empresas farmacéuticas y de dispositivos médicos que se benefician de que las personas se sometan a estas pruebas y opten por un tratamiento farmacológico preventivo. Estas mismas empresas están impulsando una legislación relacionada con Medicare que podría ampliar radicalmente sus negocios.

Si tales esfuerzos dan resultado, las ventas de los nuevos análisis de sangre y medicamentos se podrían disparar. En la actualidad, solo 592.000 personas cumplen los requisitos para recibir tratamiento con los nuevos medicamentos contra el Alzheimer [5]. Pero si los fármacos se utilizan para prevenir la enfermedad en lugar de tratarla, el mercado se ampliaría a 47 millones de estadounidenses [6].

La campaña ya está dando sus frutos. Una encuesta que realizó la Asociación de Alzheimer en 2025 reveló que a más de nueve de cada diez personas les gustaría hacerse el análisis de sangre para detectar el Alzheimer, con el fin de poder iniciar el tratamiento al principio de la enfermedad [7]. Muchos ya se están haciendo las pruebas, ya sea a través de médicos que las solicitan “fuera de indicación” o comprando las pruebas para realizarlas en casa, sin necesidad de receta médica [8]. (Y aunque Marty Makary, el comisionado de la FDA, que supervisó la autorización de las nuevas pruebas, ha sido destituido, hay pocos motivos para sospechar que su sustituto será menos complaciente con la industria) [9, 10].

Es cierto que los nuevos análisis de sangre son “muy precisos” para identificar un marcador biológico asociado al Alzheimer en personas que ya padecen demencia. Pero cuando se utilizan para detectar el Alzheimer en personas como Feuerstein, que pueden ser un poco olvidadizas, pero por lo demás cognitivamente normales, tienen menos precisión que la que resulta de lanzar una moneda al aire.

Feuerstein no se dio cuenta de esto cuando su análisis de sangre reveló la presencia del marcador biológico que se asocia con el Alzheimer, por lo que aceptó tomar Kinsula, un nuevo e “innovador” medicamento contra el Alzheimer, que los investigadores del estudio estaban poniendo a prueba. No era consciente de la dudosa eficacia del fármaco, ni se dio cuenta de que podía conllevar efectos secundarios incapacitantes y mortales. Pero pronto lo descubriría en ella misma [11].

Al inicio del estudio, Feuerstein era independiente y activa. Pero poco después de su tercera dosis de Kinsula, la antigua contadora empezó a mostrarse desorientada y no podía caminar sin ayuda. No podía escribir su nombre y tenía dificultades para manejar la tostadora.

Una tomografía computarizada reveló una inflamación cerebral grave, una complicación frecuente asociada al uso de Kisunla. Tras recibir tratamiento y pasar por varias hospitalizaciones, los médicos le dieron el alta [12]. Aún algo desorientada y con problemas de equilibrio, un día, antes de que anocheciera, salió a pasear a su perra, Daisy, y se cayó en la calle, fracturándose la cadera.

Tomografía computarizada de Barbara Feuerstein que muestra inflamación cerebral (abajo a la derecha) tras comenzar a tomar el medicamento contra el Alzheimer, Kisunla. (Imagen cortesía de Barbara Feuerstein)

“Grité pidiendo ayuda, pero nadie me oía”, cuenta. “Pensé que iba a morir”. Permaneció tumbada en la calle hasta la 1 de la madrugada, cuando un conductor que pasaba por allí la vio.

Desde luego, el caso de Feuerstein no es el único [13]. En el estudio pivotal sobre Kisunla, el 37% de las personas que recibieron este fármaco desarrollaron inflamación cerebral y hemorragias [14]. Los fabricantes de los nuevos medicamentos contra el Alzheimer afirman que estas complicaciones son en su mayoría “benignas y se resuelven por sí solas”, una conclusión a la que se suele llegar cuando las resonancias magnéticas de los pacientes vuelven a la normalidad. Sin embargo, otros pacientes como Feuerstein cuentan una historia muy diferente.

Kristine Shields, de 65 años, tras recibir un fármaco experimental antiamiloide de la misma clase que Kisunla desarrolló alucinaciones visuales, inflamación cerebral, microhemorragias y convulsiones. Al igual que en el caso de Feuerstein, las últimas resonancias magnéticas de Shields muestran que la inflamación cerebral ha remitido, pero debido a sus convulsiones y a la confusión mental, perdió su trabajo. También perdió el carné de conducir durante ocho meses, y es probable que tenga que tomar anticonvulsivos el resto de su vida.

Algunos expertos están preocupados por si aquellas personas que no experimentan síntomas, como los de Shields y Feuerstein, se pueden ver perjudicadas por estos tratamientos contra el Alzheimer. Además de que, en ocasiones, provocan hemorragias cerebrales e inflamación, también se sabe que estos fármacos causan atrofia cerebral [15]. Por su parte, los investigadores del gobierno han observado que el neurofilamento ligero, una proteína que se acumula con la muerte de las células cerebrales, aumentó durante un ensayo clínico con Kisunla [16].

La idea de administrar medicamentos que pueden ser peligrosos, basándose en un análisis de sangre que detecta una enfermedad que quizá nunca llegue a desarrollar no convence a George Perry, neurocientífico y jefe de redacción de la revista Journal of Alzheimer’s Disease. Según Perry, eso es como “administrar quimioterapia a todo el mundo, porque algún día podrían desarrollar cáncer”.

Ampliar la definición de la enfermedad y los daños cometidos
Hasta hace poco, el Alzheimer solo se diagnosticaba en personas con problemas cognitivos o de memoria. Pero en 2011, la Asociación de Alzheimer emitió una controvertida declaración en la que afirmaba que el Alzheimer era una enfermedad biológica, causada principalmente por la acumulación de una proteína llamada beta-amiloide en el cerebro, independientemente de si se presentaban síntomas [17, 18]. Los nuevos criterios se elaboraron para equiparar el Alzheimer con otras enfermedades, como el cáncer, que se basan en hallazgos físicos.

Este anuncio abrió la puerta al recién acuñado diagnóstico de Alzheimer “preclínico”, una fase temprana de la enfermedad, caracterizada por la presencia de amiloide en el cerebro o en la sangre del paciente, sin que se presente ningún otro síntoma, que, según la asociación, puede durar dos décadas o más [19].

Esta “ampliación de la definición de una enfermedad”, en la que se relajan los criterios para diagnosticar un padecimiento o una preenfermedad, es cada vez más habitual para diversas enfermedades, como la hipertensión arterial o la diabetes [20-22]. Los críticos sospechan que detrás de este fenómeno se esconde un afán de lucro: cuantas más personas sean diagnosticadas con una enfermedad o preenfermedad, mayor será el mercado para posibles tratamientos [23].

Si el Alzheimer fuera una enfermedad biológica, vinculada a la presencia de amiloide, los médicos podrían, en teoría, realizar pruebas para detectarla, si pudieran encontrar una forma relativamente barata y sencilla de hacerlo. En agosto de 2025, parecía surgir una esperanza, se comercializó Lumipulse tres meses después de que la FDA lo autorizara. Lumipulse es un análisis de sangre desarrollado en Japón para detectar proteínas sanguíneas asociadas a las placas amiloides en el cerebro [24]. Dos meses más tarde, las autoridades reguladoras autorizaron una prueba similar, Elecsys, desarrollada por Roche y Eli Lilly [25].

Es innegable que estas pruebas son eficaces para detectar el amiloide; se comprobó que Lumipulse tenía una precisión del 89 al 98% para identificar estas acumulaciones en el cerebro de las personas [26].

Eso es prometedor, salvo por el hecho de que, en personas que aún no presentan otros síntomas de la enfermedad, la presencia de amiloide en el cerebro resulta ser un pésimo indicador de demencia o Alzheimer.

Solo unos pocos estudios han analizado la precisión clínica de la prueba del Alzheimer cuando se utiliza como herramienta de cribado, y los resultados son desalentadores. Entre las personas de 60 años, o más, sin problemas cognitivos, solo el 18% de las que dieron positivo en el análisis de sangre desarrollaron demencia durante un período de seguimiento de 10 años, lo que significa que al 82% se les podría diagnosticar erróneamente una enfermedad tan temida [27].

Otro estudio reveló que, aunque más de un tercio de los adultos de 70 años o más, tenían amiloide en su organismo, solo una décima parte padecía demencia [28]. Incluso cuando los investigadores utilizaron una sofisticada combinación de análisis de sangre, solo fueron capaces de identificar con precisión a las personas con Alzheimer en el 43% de los casos [29].

Al final, la mayoría de las personas que se encuentran en un estado cognitivo normal, y dan positivo en un análisis de sangre para detectar el Alzheimer, nunca desarrollarán la demencia de Alzheimer.

Así como el amiloide es un mal indicador de la demencia, reducir el amiloide con fármacos como Kisunla no se correlaciona necesariamente con la ralentización de la demencia. Investigadores de la Universidad de Stanford revisaron los datos de la FDA y descubrieron que, aunque los fármacos eliminaban eficazmente el amiloide, existía “poca o ninguna” correlación entre la cantidad de amiloide eliminada y algún beneficio [30].

Por eso, un informe sobre la demencia, que realizó la comisión permanente de The Lancet sin financiación de la industria, concluyó que los cambios biológicos por sí solos no son suficientes para diagnosticar el Alzheimer. Y en marzo de 2026, el Colegio Americano de Médicos (American College of Physicians) y la revista Annals of Internal Medicine convocaron a un panel de expertos independientes sobre el tema y determinaron que no vale la pena realizar pruebas de detección del Alzheimer a personas con cognición normal, “hasta que se disponga de tratamientos eficaces, seguros y rentables que produzcan mejoras clínicas significativas” [31].

La probabilidad de que las pruebas de Alzheimer den falsos positivos no solo es engañosa y preocupante, sino que tales resultados pueden tener graves repercusiones sociales y económicas.

Un análisis de la normativa estatal en materia de seguros reveló que a las personas que dan positivo en las pruebas de detección del Alzheimer, en fase preclínica, se les podría denegar los servicios de ayuda a largo plazo por aparentar que padecen “enfermedades preexistentes” [32]. Otro estudio puso de manifiesto que obtener resultados positivos en las pruebas podría dar lugar a otras formas de discriminación, como la denegación de empleo, ya que la Ley para Estadounidenses con Discapacidades (Americans with Disabilities Act) solo ofrece opciones limitadas de protección y recurso [33].

Es más, según el Grupo de Trabajo Internacional, un grupo de expertos que ofrece orientación actualizada sobre el diagnóstico del Alzheimer, las personas sin deterioro cognitivo que dan positivo en un único biomarcador sanguíneo, tienen “una alta probabilidad de no desarrollar deterioro cognitivo a lo largo de su vida”, y las “repercusiones psicológicas y sociales de ser etiquetado con la enfermedad de Alzheimer [pueden ser] graves” [34].

La campaña para diagnosticar y tratar el Alzheimer preclínico es lamentable, afirma Gayatri Devi, neuróloga y profesora clínica de neurología en la Facultad de Medicina Zucker de la Universidad de Hofstra. Le preocupa que diagnosticar a personas con Alzheimer preclínico genere “enorme ansiedad” en muchas personas, que pensarán que ese término significa que es solo cuestión de tiempo para que desarrollen demencia.

Devi, quien no recibe financiación de la industria farmacéutica, afirma: “La simplicidad de los criterios resulta atractiva tanto para los médicos, que tienen poco tiempo, como para las empresas farmacéuticas deseosas de ampliar el acceso al tratamiento”.

Colleen Christmas, geriatra y presidenta electa del Colegio Americano de Médicos, quien tampoco recibe apoyo de la industria, afirma que la correlación entre los hallazgos de los biomarcadores y el Alzheimer es “débil”. “Entonces”, pregunta ella, “¿por qué hacemos los análisis de sangre, si no es para asustar a las personas e inducirlas a que pidan los medicamentos?”

Dinero fácil
En un artículo de opinión publicado en periódicos de todo el país (entre ellos The Chicago Tribune y The Seattle Times), Redfield, el exdirector de los CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades o Centers for Disease Control and Prevention), ha estado haciendo un llamado para que la gente se someta a pruebas de detección del Alzheimer [35, 36].

Según Redfield, “el Alzheimer comienza cuando el amiloide se vuelve anormal en el cerebro, décadas antes de que aparezcan los síntomas”. Sin embargo, en ninguno de estos artículos se reveló que, entre 2021 y 2024, Redfield recibió US$638.387 en concepto de servicios de consultoría de Roche Diagnostics, fabricante de una de las nuevas pruebas de detección del Alzheimer [37].

Redfield no respondió a los múltiples correos electrónicos y llamadas en los que se le solicitaban comentarios.

Del mismo modo, muchas de las unidades móviles que ofrecen pruebas gratuitas en todo el país están gestionadas por empresas denominadas “organizaciones de investigación por contrato”, las cuales reciben pagos de los fabricantes de medicamentos para que realicen ensayos clínicos con sus fármacos [38]. Estas pruebas gratuitas son una forma de reclutar sujetos para sus estudios.

Entre ellos se encuentra Artemis, la organización de investigación por contrato que, con financiación de Eli Lilly —el fabricante de Kisunla—, realizó las pruebas a Barbara Feuerstein —a quien se le recetó ese mismo medicamento— [39, 40]. Artemis se negó a conceder una entrevista o a responder a preguntas para este reportaje, argumentando que tienen una política que les prohíbe hablar con los medios de comunicación. Lilly se negó a responder las preguntas sobre cuánto paga a los centros por reclutar voluntarios.

Por su parte, la Asociación de Alzheimer, que actualmente defiende tanto los análisis de sangre para detectar el Alzheimer como los medicamentos correspondientes para personas con deterioro cognitivo, recibe millones de las empresas que se benefician de dicha promoción [41, 42]. En 2025, la organización recibió más de un millón de dólares de los fabricantes de Leqembi y Kisunla, Eisai y Eli Lilly, respectivamente; US$875.000 de Biogen, el cofabricante de Leqembi; más de US$819.000 de Novo Nordisk, que también está desarrollando fármacos para tratar el Alzheimer, y US$315.000 de Genentech/Roche, codesarrollador, junto con Lilly, del nuevo análisis de sangre Elecsys, que se utiliza para detectar el Alzheimer [43].

María Carrillo, directora científica de la Asociación de Alzheimer, declaró a The Lever que los análisis de sangre para el Alzheimer solo se deberían aplicar a “pacientes con deterioro cognitivo que reciban atención especializada para trastornos de la memoria”. Sin embargo, la asociación ya está abriendo camino para ampliar las pruebas y el tratamiento a personas sin deterioro cognitivo.

Lo está haciendo al apoyar la Ley para la Detección y Prevención del Alzheimer (Alzheimer’s Screening and Prevention Act o ASAP) de 2025, que “crea una vía” para exigir a Medicare que pague las “pruebas de detección de demencia mediante análisis de sangre” [44]. En 2025, el grupo de cabildeo de la asociación, el Movimiento de Impacto de Alzheimer (Alzheimer’s Impact Movement), gastó casi US$4 millones y contrató a 21 cabilderos para que presionaran a favor de cuestiones como la Ley para la Detección y Prevención del Alzheimer (denominada por el grupo de cabildeo como un “momento mamografía” para el Alzheimer) [45, 46].

Según Carrillo, “el proyecto de ley cuenta con más de 50 copatrocinadores en la Cámara de Representantes y 18 en el Senado, un apoyo bipartidista que refleja la urgencia que exige este momento”. Añadió que la asociación apoya el proyecto de ley porque, “según la legislación vigente, Medicare tiene prohibido cubrir las pruebas de detección, a menos que el Congreso lo permita específicamente o que la Comisión de Servicios Preventivos de EE UU (U.S. Preventive Services Task Force) lo recomiende, un proceso que puede llevar hasta siete años”.

La Ley para la Detección y Prevención del Alzheimer de la Cámara de Representantes está copatrocinada por los diputados Paul Tonko (demócrata por Nueva York) y Vern Buchanan (republicano por Florida), y ambos mantienen vínculos económicos con empresas dedicadas a desarrollar pruebas de detección del Alzheimer y con sus representantes.

En el ciclo electoral de 2024, Tonko recibió US$10.000 de la Asociación de Alzheimer y otros US$234.000 de otros grupos de interés del sector salud, que ocupan el segundo lugar entre los donantes del sector que más lo financian, según OpenSecrets [47, 48]. En un correo electrónico, el director de comunicación de Tonko señaló que los nuevos análisis de sangre para detectar el Alzheimer, “aunque no son una panacea, pueden ser una herramienta valiosa en el arsenal de herramientas a disposición de los profesionales de la salud que abordan esta devastadora enfermedad, y los pacientes de Medicare merecen tener acceso a estos avances”.

El sector salud fue el principal financiador industrial de Buchanan en 2024, con una donación de US$513.000 a su campaña, según OpenSecrets [49]. Esa cifra incluía US$10.000 de Abbott Laboratories, que fabrica un análisis de sangre para el Alzheimer, y US$15.000 de Amgen, que desarrolló umibecestat, un fármaco experimental contra el Alzheimer. Además, recibió US$5.000 de la Asociación de Alzheimer [50-52].

La Asociación de Alzheimer no es la única organización de defensa de los pacientes que recibe financiamiento de la industria para cabildear y lograr que los políticos aprueben el proyecto de ley; estas prácticas se han vuelto cada vez más frecuentes, a medida que las empresas farmacéuticas han trabajado para influir en la cartera de productos farmacéuticos del país [53].

La Alianza para la Investigación del Envejecimiento (Alliance for Aging Research), una importante organización sin ánimo de lucro que promueve “el envejecimiento saludable y el acceso equitativo a la atención médica”, durante el ciclo electoral de 2024, destinó US$437.000 a actividades de cabildeo para asuntos como la Ley para la Detección y Prevención del Alzheimer, a la que califica de “vía hacia una esperanza sin precedentes, para el diagnóstico [y] el tratamiento tempranos del Alzheimer” [54, 55].

La Alianza recibió US$5,360.000 en 2024, pero no revela quiénes son sus financiadores. Su “Consejo de Colaboración Corporativa” incluye a representantes de Biogen, cofabricante de los dos primeros medicamentos nuevos contra el Alzheimer, así como de Eli Lilly y de la Asociación de Investigadores y Productores Farmacéuticos de América (PhRMA o Pharmaceutical Research and Manufacturers of America), el principal grupo de cabildeo de la industria farmacéutica [56]. Un portavoz de la Alianza para la Investigación del Envejecimiento declaró a The Lever que “la mayor parte” de su financiación procede de fabricantes de medicamentos y dispositivos médicos, pero se negó a revelar el porcentaje exacto.

Pruebas infructuosas, medicamentos infructuosos
Si los esfuerzos para aprobar la Ley para la Detección y Prevención del Alzheimer tienen éxito, y las pruebas y el tratamiento del Alzheimer preclínico se generalizan, los fabricantes de medicamentos y dispositivos médicos pueden anticipar una importante ganancia económica. Se estima que 47 millones de personas en EE UU padecen el denominado Alzheimer preclínico, según los criterios de la Asociación de Alzheimer [57]. Esa cifra eclipsa a las menos de 600.000 personas con Alzheimer en fase temprana que actualmente son elegibles para recibir tratamiento con fármacos antiamiloides [58].

Una explosión de mercado de esta magnitud despierta un enorme interés entre los inversionistas. También despierta interés entre el público en general que desconoce el historial del país en cuanto a pruebas de detección fallidas que han causado graves daños. Por ejemplo, un ambicioso programa de cribado, de la década de 1980, analizaba la orina de los bebés para detectar el neuroblastoma, un cáncer infantil poco frecuente, pero la iniciativa se suspendió después de que el programa no solo no lograra reducir las muertes, sino que además provocara daños significativos, debido al sobrediagnóstico y al tratamiento [59, 60].

Dado el aumento previsto del número de personas que padecerán Alzheimer en los próximos años, es comprensible que exista una sensación de urgencia por desarrollar nuevos tratamientos [61]. Sin embargo, Adriane Fugh-Berman de la Universidad de Georgetown, experta en análisis de estudios con medicamentos y codirectora de PharmedOut, una organización sin ánimo de lucro, dedicada a la prescripción basada en la evidencia, afirma que la urgencia no se debe anteponer a la evidencia científica.

“La detección temprana no siempre es algo positivo”, señaló. Estas pruebas son infructuosas y están diseñadas para que las personas cumplan los requisitos para recibir medicamentos infructuosos”.

Nota del editor: Shannon Brownlee ha colaborado en la elaboración de este artículo.

Referencias

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  3. Redfield, R. R. Commentary: We need an urgent and unified response to the coming Alzheimer’s crisis. Times Leader, 19 de noviembre de 2025. https://www.timesleader.com/opinion/1724912/commentary-we-need-an-urgent-and-unified-response-to-the-coming-alzheimers-crisis?ref=levernews.com
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  13. Ibid.
  14. Lenzer, J. & Brownlee, S. The deadly secrets behind “Breakthrough” Alzheimer’s drugs. The Lever. 28 de enero de 2025-b. https://www.levernews.com/the-deadly-secrets-behind-breakthrough-alzheimers-drugs/
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creado el 21 de Septiembre de 2026