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El centro de bioética de la universidad se doblega bajo la influencia de los dólares de las grandes farmacéuticas (U’s bioethics center shrivels under influence of Big Pharma dollars)
Susan Du
City Pages, 9 de mayo, el año 2016
http://www.citypages.com/news/u-s-bioethics-center-shrivels-under-influence-of-big-pharma-dollars-8258009
Traducido por Salud y Fármacos

Cuando Steven Miles, jefe y profesor titular del Centro de Bioética de la Universidad Minnesota anunció su retiro la semana pasada, reflexionó humildemente sobre sus muchos logros, que incluyen el diseño de MinnesotaCare y la investigación sobre el uso que los militares de EE UU hicieron de la tortura durante la guerra contra el terrorismo.

Después de 35 años, le dijo al Minnesota Daily que tenía sueños volterianos de cultivar su jardín con tranquilidad.

Miles también hizo una advertencia agridulce a la administración de la Universidad.

Durante los últimos 15 años, la Universidad “ha experimentado una serie de escándalos tóxicos de ética tales como: ALG, Anafranil, GHB, INFUSE, MCL, los últimos problemas de Caremark en psiquiatría y otros”, escribió Miles. “Todo esto ha surgido por la conexión entre profesores de prestigio, la financiación comercial y los avances en la investigación. Estos escándalos han terminado en audiencias gubernamentales, juicios penales, enormes asignaciones de tiempo de personal universitario y sanciones (impuestas por los Institutos Nacionales de la Salud)”.

Durante estos sucesos, año tras año la Universidad redujo el presupuesto del Centro de Bioética. Los profesores que se jubilaron o los que renunciaron no se reemplazaron. Ahora solo hay cinco bioeticistas en un programa que llegó a considerarse uno de los mejores en investigación bioética. Hace 10 años había 15.

En la carta Miles escribió: “La Universidad necesita un programa de bioética mucho más fuerte cercano pero independiente de su empresa de investigación. “La reducción de la fortaleza y amplitud del conocimiento en bioética… va en contra de los intereses de la Universidad”.

Miles se negó a decir nada más sobre el futuro de la bioética en la Universidad. Pero su colega, el profesor Carl Elliott, dice que mientras los investigadores de la facultad de medicina se lanzan hacia el deslumbrante atractivo que representa el dinero de la investigación de nuevos medicamentos financiados por Big Pharma, el Centro de Bioética se ha convertido en una molestia para la Universidad.

Elliott admite que él y Leigh Turner, su compañera en bioética, han irritado enormemente a la universidad desde que montaron un escándalo por el suicidio de Dan Markingson. Markingson necesitaba un tratamiento intensivo para su esquizofrenia, pero su psiquiatra, investigador de la universidad, en 2003 le reclutó en un ensayo clínico de un fármaco experimental de AstraZeneca.

Seis meses después, estando inscrito en el ensayo, Markingson se suicidó. La Universidad negó su responsabilidad durante más de 10 años hasta que el Auditor Legislativo obligó al presidente Eric Kaler a reevaluar el caso.

En el transcurso de la pelea, la universidad ha castigado al Centro de Bioética, dice Elliott. “La administración de la Universidad ha decidido matar de hambre al Centro de Bioética como castigo por los pecados de Leigh y míos”.

Miles se mantuvo neutral sobre los fallos de la Universidad en el caso Markingson. Mientras los médicos de todo el país instaban a la Universidad a reconocer la culpa, Miles se negó a firmar las peticiones de que se hiciera una investigación independiente sobre la muerte del joven paciente. No hizo ningún comentario público criticando la universidad. En la primavera pasada, Kaler en una conferencia de prensa anunció las reformas para proteger a los pacientes que participan en los ensayos clínicos, Miles estaba a su lado apoyándole.

Para Elliot “este no es un tema únicamente problemático para la Universidad de Minnesota. Usted puede ver que hay escándalos que han sucedido en muchos otros lugares y observar la forma en que los centros de bioética que se encuentran en las propias instituciones responden, y generalmente hacen muy poco. Creo que las razones son obvias. En esencia, los bioeticistas se dan cuenta de que ‘si hago lo correcto no me va a ir bien”.

creado el 7 de Diciembre de 2016


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