Salud y Fármacos

Una organización internacional sin ánimo de lucro para fomentar el acceso y el uso adecuado de medicamentos entre la población hispano-parlante

Conducta de la Industria

Cómo las grandes farmacéuticas usan los programas de caridad para ocultar las subidas de precios de los medicamentos. Los mil millones de dólares de donaciones caritativas se convierten en un negocio rentable (How Big Pharma uses charity programs to cover for drug price hikes. A billion-dollar system in which charitable giving is profitable)
Benjamin Elgin, Robert Langreth
Bloomberg, 19 de mayo de 2016
doi: 10.1038 / nrd.2016.160Published en línea, 29 de julio de 2016
http://www.bloomberg.com/news/articles/2016-05-19/the-real-reason-big-pharma-wants-to-help-pay-for-your-prescription
Traducido por Salud y Fármacos

En agosto de 2015, Turing Pharmaceuticals y su entonces presidente ejecutivo, Martin Shkreli, compraron un medicamento llamado Daraprim e inmediatamente subieron su precio más de 5,000%. En cuestión de días, Turing contactó con el Patient Services Inc., o PSI, una organización benéfica que ayuda a las personas con los co-pagos de medicamentos costosos. Turing quería que el PSI creara un fondo para los pacientes con toxoplasmosis, una infección parasitaria que la mayor parte de veces se trata con Daraprim.

Habiendo aumentado mucho el costo de Daraprim, Turing ahora se ofrece para hacerlo más asequible. Pero ésta no es una historia para sentirse bien. Es una historia acerca de por qué los medicamentos costosos siguen siendo cada vez más caros, y cómo los contribuyentes estadounidenses contribuyen a mantener un sistema de miles de millones de dólares en el que las donaciones caritativas en realidad, son una forma de inversión muy rentable para las compañías farmacéuticas–que también puede ser deducible de impuestos.

El PSI, que lleva a cabo programas similares para más de 20 enfermedades, no dejó pasar la oferta de Turing y sugirió que la empresa iniciara el programa con una donación de US$22millones, incluyendo US$1.6 millones para cubrir los gastos de PSI. Eso llamó la atención de Turing. “¿Vieron las cantidades? ¡US$ 22MM!” escribió Tina Ghorban, directora de análisis de negocios de Turing, en un correo electrónico a un colega. (Investigadores del Congreso que examinaban cómo la empresa fijaba los precios obtuvieron el documento). Finalmente, Turing contribuyó con un millón para el fondo de los pacientes, además de US$80,000 para los gastos del PSI.

El PSI es una organización benéfica de asistencia a pacientes, comúnmente conocida como una organización benéfica de copagos. Es una de las siete organizaciones benéficas de gran tamaño (entre muchas otras más pequeñas) que ofrecen ayuda a algunos de los 40 millones de estadounidenses que tienen cobertura de medicamentos a través del programa público conocido como Medicare. Los pacientes, de acuerdo a su nivel de ingresos, pueden conseguir que la institución caritativa pague una buena parte o todo el copago de sus medicamentos. Después de que Turing elevara el precio de Daraprim, algunos pacientes afectados por la toxoplasmosis que eran beneficiarios de Medicare se encontraron con copagos de hasta $ 3.000.

Eso es sólo una fracción del costo total. El nuevo precio de Turing para un tratamiento inicial de seis semanas de Daraprim es de US$60.000 a 90.000. ¿Quién paga la diferencia? Para los pacientes de Medicare, son los contribuyentes de EE UU quienes soportan la carga. Medicare no da a conocer los datos completos sobre lo que paga a las compañías farmacéuticas anualmente, pero lo que está claro es que: una contribución de un millón de dólares de una compañía farmacéutica a una organización benéfica de copagos puede evitar que cientos de pacientes abandonen el uso del medicamento, lo que permite al donante recibir reembolsos de muchos millones de Medicare.

Las contribuciones también proporcionan a las empresas farmacéuticas la imagen de empresas caritativas cuando enfrentan críticas por los aumentos de precios. Un estudio de caso de Turing, realizado por la compañía, sobre cómo explicar los aumentos de precios, escrito en octubre pasado y que el Congreso Nacional obtuvo a principios de este año, incluía la sugerencia de que “se mencionen repetidamente” los programas de ayuda a los pacientes.

“Las compañías farmacéuticas no hacen donaciones de cientos de millones de dólares por razones altruistas”.

“Se ve muy bien que las compañías farmacéuticas digan que están ayudando a los pacientes a obtener los medicamentos”, dice Adriane Fugh-Berman, una médico que ha estudiado las prácticas de comercialización farmacéuticas durante tres décadas y es profesora asociada de farmacología y fisiología en la Universidad de Georgetown. La intención de estas donaciones, dice, es “desviar las críticas a los altos precios de los medicamentos. Mientras tanto, están quebrando el sistema de atención a la salud”.

No es sólo Daraprim. En 2014, la compañía farmacéutica Retrophin, en aquel momento bajo la dirección de Shkreli, adquirió Thiola, un fármaco que se había comercializado 26 años antes, que trata una condición rara por la cual los pacientes producen constantemente cálculos renales. Retrophin subió el precio del medicamento un 1.900%, y donó dinero a PSI para que ayudara con los copagos. En 2010, Valeant Pharmaceuticals International compró un par de viejos medicamentos para tratar la enfermedad de Wilson, un trastorno raro por el que se acumula cobre en el cuerpo. Tres años más tarde, en medio de una serie de aumentos de precios que finalmente superó el 2.600%, Valeant dio dinero a la Patient Access Network (PAN), otra fundación de ayuda con los copagos para pacientes con enfermedad de Wilson.

En 2014, impulsadas casi exclusivamente por las contribuciones de fabricantes de medicamentos, las siete mayores organizaciones benéficas de copago, que cubren decenas de enfermedades, habían recibido contribuciones por un total de US$1.100 millones. Eso es más del doble de lo que manejaban en 2010, lo que refleja el aumento de los precios de los medicamentos. Fugh-Berman dice que por los US$1.000 millones en ayudas, las compañías farmacéuticas “reciben muchos miles de millones” de las empresas aseguradoras.

“Las compañías farmacéuticas no están contribuyendo cientos de millones de dólares por razones altruistas”, dice Joel Hay, profesor y presidente fundador del departamento de economía y política farmacéutica en la University of Southern California. Las organizaciones benéficas “no siempre tienen que mendigar por dinero. Les cae sin pedirlo”. Tanto Hay como Fugh-Berman han presentado testimonio en demandas contra las compañías farmacéuticas.

Los documentos internos de la compañía muestran que cuando Turing compró Daraprim y trató de aumentar sus beneficios anuales de US$5 millones a más de US$200 millones, los fondos de ayuda al paciente eran una parte esencial de la estrategia. En mayo pasado, cuando la empresa inició su proceso antes de la compra, un ejecutivo advirtió en un correo electrónico que el elevado monto de los nuevos copagos obligaría a los pacientes con toxoplasmosis a buscar fármacos alternativos.

“Queremos evitar esa situación”, escribió Nancy Retzlaff, directora comercial de Turing. “La necesidad de abordar la ayuda a los copagos es un factor clave para el éxito”. Los funcionarios de Turing declinaron una solicitud de entrevista, pero la empresa dijo en un correo electrónico que por “éxito”, Retzlaff quería decir que “a ningún paciente se le niegue el acceso a nuestros medicamentos por no poder pagar”. Turing añadió que en el caso del Daraprim hace descuentos a los hospitales de hasta el 50% y que la mayoría de los pacientes recibieron el medicamento a través de programas como Medicaid que paga sólo 1¢ por pastilla.

Sin embargo, un documento en el que PSI expuso sus planes para el nuevo fondo contenía una pista sobre quien se beneficiaba. Dice: “Cliente | Turing Pharmaceuticals”.

En 1983, Dana Kuhn era un joven que trabaja en una iglesia presbiteriana en Jackson, Tenn. cuando su vida dio un giro trágico. Durante un juego de baloncesto para recaudar fondos, fue a por un rebote, bajó torpemente, y se rompió el pie. Siendo hemofílico leve, Kuhn recibió una infusión de sangre. Contenía el virus del VIH. Sin darse cuenta de que estaba infectado, Kuhn transmitió el virus a su esposa, que murió en 1987, dejándole solo con sus dos hijos pequeños.

Kuhn se convirtió en un defensor de pacientes con hemofilia y demandante en un pleito contra las compañías farmacéuticas que abordaban con lentitud el riesgo de VIH en los tratamientos de coagulación. También comenzó a trabajar como consejero para los pacientes del hospital, en donde pudo ver cómo los costos médicos perjudicaban a familias, incluso a las que tenían seguro. Los pacientes liquidaban sus ahorros; recuerda que algunos tuvieron que vender sus casas.

Desde la mesa de su cocina fundó el PSI en 1989 y la dirigió si cobrar durante los siete primeros años. “La ayuda apropiada puede hacer que el enfermo se quede en casa, mantenga su trabajo, y sea un miembro productivo de la sociedad”, dice Kuhn, ahora con 63 años de edad.

Kuhn creó el modelo, y una ley del Congreso en 2003 permitió que estas organizaciones benéficas pudieran crecer. Ese año, los legisladores expandieron Medicare, al crear la Parte D de Medicare que cubre los medicamentos de venta con receta. Este gran mercado, financiado por los contribuyentes, ofrecía a los fabricantes de medicamentos la posibilidad de hacer trampa: Se les permitía dar ayuda directa a los pacientes cubiertos por las aseguradoras comerciales-y tarjetas de descuento para cubrir los copagos de medicamentos que se han vuelto omnipresentes, pero se les impedía hacer lo mismo para los pacientes de Medicare que no están afiliados a la parte D del programa. Los regalos directos a esta población se pueden considerar sobornos ilegales, ya que hacen que los pacientes utilicen inapropiadamente a las empresas específicas que hacen el regalo en lugar de buscar alternativas más baratas.

Sin embargo, la política del gobierno sí permite que organizaciones benéficas “independientes, de buena fe, sin conflicto de intereses” ayuden a los pacientes de Medicare con los pagos de los medicamentos. Las compañías farmacéuticas pueden contribuir a organizaciones benéficas para enfermedades específicas, siempre que no ejerzan ninguna influencia sobre el funcionamiento de las organizaciones benéficas o en la asignación de sus fondos.

Bajo las nuevas reglas, los ingresos de PSI crecieron rápidamente, de US$16 millones en 2003 a US$128 millones en 2015. En 2014, la organización dijo que algo más de la mitad de sus fondos provenían de una única compañía farmacéutica, aunque no dio el nombre del donante. Los ex empleados dicen que fue Novartis; Novartis confirmó que dona a PSI, pero se negó a decir cuánto.

La caridad de copago más grande, la Fundación PAN, creció aún más rápidamente, de alrededor de US$36 millones en contribuciones en 2010 a más de US$800 millones en 2015. Según esta fundación, alrededor del 95% de las donaciones que recibe provienen de la industria farmacéutica; en 2014, cinco compañías farmacéuticas no identificadas donaron cada una más de US$70 millones, de acuerdo con la declaración de impuestos de PAN. Con este grupo de donantes tan dispuestos a contribuir, en 2014 PAN gastó sólo U$597.000 en iniciativas para recaudar fondos. Eso es menos del 1% de lo gastan en recaudación otras organizaciones benéficas de tamaño similar, como la Sociedad Americana del Cáncer y la Asociación Americana del Corazón.

La compensación de Kuhn ha aumentado a la par que los programas de PSI. En 2014 su salario era de US$576.000, convirtiéndose en el ejecutivo con el salario más alto de todas las empresas de caridad de copago. Kuhn también ha tenido estrechos tratos comerciales con la organización benéfica que creó. Antes de 2004, PSI subcontrató algunas de sus operaciones, incluyendo los servicios y programas de recaudación de fondos, a una empresa con fines de lucro llamada Managed Care Concepts, de la cual Kuhn era co-propietario. El PSI también arrienda espacio de oficinas a la compañía de Kuhn.

En 2005, la PSI compró los edificios de oficinas de Managed Care Concepts por US$1,06 millones, o cerca de US$200.000 más de lo que la compañía había pagado por ellos en 2000 y 2003.

Durante ese tiempo, PSI también pagó a Kuhn US$476.000 por propiedad intelectual que era “vital para las actividades en curso de la organización”, según las declaraciones de impuestos de la caridad. Según seis ex empleados y directivos de PSI, la propiedad intelectual en cuestión es una hoja de cálculo de Excel que ayuda a calcular la cantidad de dinero que los pacientes deben recibir. (En una declaración escrita, la caridad defiende que la compensación de Kuhn corresponde a su experiencia. La declaración también explica que el aumento de precio de los edificios comprados a la empresa de Kuhn respondía al aumento de precios en el cambiante mercado inmobiliario.

Kuhn habla del PSI sólo hasta que se le pregunta acerca de la donación de Turing. Entonces el tono de su voz se torna agresivo. “Quiero asegurarme que Ud, no sea responsable de la muerte de un paciente por lo que escriba”, dice. Las fundaciones sólo estamos tratando de tirar los chalecos salvavidas a las personas que estaban en el Titanic. Todo el mundo está tratando de tirar los desechos encima de los pacientes para hundirles. Esto es cruel”.

“Yo estaría muerto si no fuera por PSI,” dice Steve Ashbrook, un oculista jubilado de Cincinnati. Se le diagnosticó leucemia mieloide crónica en 2009 o LMC, un cáncer de progreso lento que se origina en la médula ósea. Su médico le ha prescrito Gleevec, un fármaco de Novartis que desde la década de 1990 ha conseguido doblar la tasa de supervivencia a los cinco años de los pacientes con CML, a 63%.

Cuando Ashbrook inició el tratamiento de Gleevec recibía una alta dosis que costaba US$6.000 por mes. Ashbrook, que vive con los US$1.600 mensuales que recibe de la Seguridad Social, se enfrentaba a pagos iniciales de su propio bolsillo de más de US$2,000, y después de US$300 mensuales. En un primer momento, Novartis le dio medicamentos gratuitos, como las farmacéuticas hacen a menudo para pacientes que no pueden pagar. La industria tiene un nombre para esto: “producto compasivo”. El médico de Ashbrook le habló de PSI, y uno o dos meses después de comenzar a tomar Gleevec, Ashbrook calificó para recibir ayuda. PSI comenzó a cubrir sus gastos directos de bolsillo, mientras que su plan de Medicare pagó el resto.

Ashbrook dice que no le importa de dónde viene el dinero de PSI. Eso es probablemente cierto para la mayoría de los cientos de miles de pacientes que tienen sus copagos pagados por organizaciones benéficas; simplemente agradecen la ayuda. Pero la historia de Ashbrook ilustra cómo el sistema permite precios de medicamentos que ahogan a Medicare.

Según Andrew Hill, un investigador de la Universidad de Liverpool, fabricar la cantidad necesaria de Gleeevec para un año de tratamiento por menos de US$200. Cuando se comercializó en 2001, su precio en EE UU era US$30.000 al año. A ese precio, se habrían recuperado los costos de desarrollo en sólo dos años, de acuerdo a una carta de 100 especialistas de cáncer, publicada en la revista médica Blood en 2013. El precio es ahora de US$120.000 al año en los EE UU (su precio varía drásticamente en el mundo: En Sudáfrica es US25.000 al año y US$34.000 al año en el Reino Unido).

Al ir subiendo el el precio de Gleevec se ha incrementado la carga para los contribuyentes. Medicare gastó US$996 millones en Gleevec en 2014, un 158% más que en 2010. La mayor parte de ese aumento se debe al aumento del precio; en EE UU precio de venta oficial subió un 83% entre enero de 2010 y enero de 2014, de US$139 a US$255 por píldora de 400 miligramos. (Se espera que un genérico reduzca el precio en el futuro).

Eric Althoff, portavoz de Novartis, dijo por correo electrónico que los precios de los medicamentos no corresponden, ni deben corresponder al coste de desarrollo y fabricación. “Invertimos en el desarrollo de tratamientos para encontrar maneras de aumentar la supervivencia de los pacientes con cáncer”, dijo. “Este es un reto que tiene riesgos y debe tenerse en cuenta cuando se discuten los precios de los tratamientos.” Althoff también dijo que Novartis había contribuido US$389,4 millones a organizaciones benéficas de copago desde 2004.

Las organizaciones benéficas se esfuerzan en distanciar su trabajo de las estrategias de los fabricantes de medicamentos para establecer sus precios. “Las compañías farmacéuticas quieren donar a organizaciones no lucrativas para ayudar a la gente”, dice Kuhn. “¿Cuáles son sus razones? No puedo responder a eso”.

Daniel Klein, director ejecutivo de la Fundación PAN, dice que su organización no tiene ninguna influencia sobre los precios de los medicamentos. “No tenemos conocimiento de ningún dato que demuestre que la ayuda proporcionada por las organizaciones benéficas de asistencia a pacientes como PAN influya en los precios del medicamento”, dice. En entrevistas y correos electrónicos, los jefes de varias otras organizaciones benéficas de copago también hicieron hincapié en su independencia de los donantes.

Si un fondo de caridad es el que paga con mayor frecuencia un fármaco en particular, puede ser por razones que no tienen nada que ver con que el fabricante del medicamento sea el donante—por ejemplo un fármaco podría simplemente tener una mayor cuota de mercado. Sin embargo, si una organización benéfica escoge un medicamento sobre otros, cuando los dos tratan la misma enfermedad, podría ser una violación de las reglas anti-soborno de Medicare.

Las sanciones criminales por tales violaciones pueden llegar a US$25.000 y cinco años de prisión por cada soborno, y las multas civiles pueden llegar hasta US$50,000 por violación.

Los reguladores federales, para asegurarse de que las organizaciones y las compañías farmacéuticas funcionan de forma independiente, prohíben que las organizaciones benéficas revelen información detallada de sus operaciones, que las compañías farmacéuticas podrían utilizar para calcular el impacto de las donaciones en sus ganancias. Sin embargo, los datos obtenidos a través de la Freedom of Information Act muestran que las compañías farmacéuticas consiguen donar fondos que mayoritariamente sirven para promover sus propios medicamentos. Durante un período de 16 meses entre 2013 y 2014, la Fundación PAN contaba con 51 fondos de enfermedad, y 41 de ellos recibía la mayor parte de su dinero de una sola compañía farmacéutica, según datos que PAN proporcionó a los reguladores. De los 41, 24 fondos pagaron la mayor parte de la ayuda de copago a pacientes que utilizaban medicamentos fabricados y vendidos por su donante principal.

Klein del PAN dice que todos sus fondos son administrados “en estricto cumplimiento de las regulaciones federales y todos ellos son gestionados de forma independiente de los donantes”. Los directores de las fundaciones dicen que tratan de que sus fondos cubran una amplia variedad de medicamentos, disminuyendo la posibilidad de que un fabricante de medicamentos pueda apoyar sobre todo a sus propios clientes. “En nuestro modelo, el dinero se dispersa entre un gran número de diferentes tratamientos y productos”, dice Alan Balch, director general de la Patient Advocate Foundation, que aconseja a los pacientes y también tiene un programa de copago.

Pero a través de los años, en las presentaciones y materiales de marketing, algunas de las organizaciones benéficas han explicado claramente como las donaciones de las compañías farmacéuticas les permites sobrevivir. En un boletín del PSI en 2004, Kuhn explicó que las fundaciones de copago era una solución win-win es decir que beneficiaba tanto a los pacientes como a los fabricantes de medicamentos. “Hacemos posible que las compañías farmacéuticas conviertan sus programas ‘’de productos gratis’ en ganancias buscando soluciones a largo plazo que les permita reembolsar sus donaciones “, escribió. Incluso hoy día, en el sitio web del PSI, un ejecutivo describe cómo las empresas que trabajan con la organización benéfica “se han dado cuenta de que el uso de su medicamento ha aumentado”, mientras se reduce “el uso compasivo del producto”.

Otra caridad, el Fondo de Enfermedades Crónicas, fue aún más explícito. En un folleto publicado en 2006, dijo que los regalos de las farmacéuticas a las fundaciones de copago—que pueden ser desgravables de los impuestos, pueden ser más rentables que muchas iniciativas con fines de lucro de las empresas. “En otras palabras,” decía el folleto del Fondo de Enfermedades Crónicas, “para lograr el mismo beneficio que genera su programa caritativo de ayuda financiera al paciente necesitarían Uds. tener un programa de ganancias que tuviera un rendimiento de un 81% antes de impuestos.

El CDF ahora se llama Buenos Días (Good Days) del CDF. Cambió su nombre después de que la organización sufriera un evento muy cercano a un escándalo. En 2013, la revista Barron publicó un artículo sugiriendo que el CDF estaba creando fondos de enfermedad para ayudar a Questcor Pharmaceuticals, una compañía farmacéutica que estaba donando millones de dólares a CDF.

El CDF ofrecía, según Barron, ayuda a personas que sufrían 37 enfermedades, pero ocho de sus fondos solo pagaban por Acthar, un producto de Questcor. Acthar se usa para una serie de dolencias, desde espasmos infantiles hasta lupus, pero hay otros tratamientos disponibles para estas enfermedades. Tras darle más publicidad, incluyendo un par de informes detallados de dos vendedores en corto, que sugirieron que las ventas de Questcor subieron por una relación estrecha inadecuada con el Fondo, el CDF sustituyó a su principal ejecutivo y a la junta directiva.

Jeffrey Tenenbaum, un abogado del CDF y socio del bufete de abogados Venable dice que el CDF “desautoriza por completo” el folleto de 2006. Añade que el folleto no se ha utilizado en una década y “es totalmente inconsistente con las políticas y posiciones de la organización”. Afirma que no había nada incorrecto en la relación entre el Fondo y Questcor, y que en general no hay nada malo si las farmacéuticas se beneficien de las organizaciones caritativas, mientras sus contribuciones sean necesarias para ayudar a los pacientes. “Por supuesto que hay beneficios para las compañías farmacéuticas, pero los beneficios para el público en general son mayores”, dice Tenenbaum.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos respondió a la conmoción del CDF diciendo a todas las organizaciones no lucrativas que en 2014 iba a auditar los fondos de copago más detalladamente para asegurarse de que no favorecían a las compañías farmacéuticas donantes. Desde entonces, la Oficina del Inspector General (OIG) de Salud y Servicios Humanos, que supervisa el gasto de Medicare, ha refrendado las actividades de las operaciones de la mayoría de las organizaciones benéficas.

En diciembre, el inspector general dio una opinión consultiva favorable a Caring Voice Coalition, una organización caritativa que en 2015 consiguió donaciones por valor de US$131 millones. Cinco ex gerentes y empleados dicen que la Caring Voice Coalition favoreció más a las compañías farmacéuticas que donaban que a las que no donaban. A los pacientes que necesitan medicamentos de las farmacéuticas donantes les ayudan rápidamente, dicen los antiguos empleados, mientras que los pacientes que tenían la misma enfermedad, pero utilizaban medicamentos de otra compañía se les ponían en una lista de espera o se les dirigía a otros sitios. Los ex empleados pidieron que no se utilizaran sus nombres porque habían firmado acuerdos de confidencialidad o temían la reacción de los ejecutivos de la organización.

En 2011, Caring Voice estableció un fondo para la narcolepsia, y Jazz Pharmaceuticals hizo una donación. Jazz produce Xyrem, un medicamento para la narcolepsia, que ha subido de precio en más de un 1.000% desde 2007 y ahora cuesta alrededor de US$89.000 al año para un paciente típico, según Connecture, que vende software para comparar los precios de los medicamentos. Cephalon, que no era un donante de Caring Voice produjo en su momento otros dos medicamentos para tratar la narcolepsia Provigil y Nuvigil. Cuando los pacientes con narcolepsia que utilizaban normalmente Xyrem contactaban a Caring Voice normalmente podían esperar recibir ayuda, dicen los ex empleados. En cambio a los pacientes que utilizaban Provigil o Nuvigil se les refería a Cephalon. A los pacientes que podían demostrar que la fundación de Cephalon les había negado ayuda se les ponían en una lista de espera de Caring Voice. Un ex gerente dice que no recuerda que se sacara a nadie de la lista y se le diera ayuda.

El 10 de mayo de este año, Jazz Pharmaceuticals anunció que el Departamento de Justicia había emitido una orden judicial para obtener los documentos relacionados con el apoyo de la farmacéutica a las organizaciones benéficas que proporcionan asistencia financiera para los pacientes de Medicare. La comunicación de Jazz menciona específicamente Xyrem pero menciona la naturaleza de las relaciones ni las organizaciones caritativas que se iban a examinar. La compañía no quiso hacer comentarios sobre la citación.

No está claro cuánto dinero Jazz contribuyó a Caring Voice, pero un portavoz de la compañía confirmó que lleva donando desde 2011 y dijo que no participa de ninguna forma en la elección de los pacientes que reciben apoyo de Caring Voice. En un comunicado por correo electrónico, la presidente de Caring Voice, Pam Harris, dijo que sus programas cubren una amplia variedad de fármacos y sus empleados utilizan criterios uniformes para determinar la elegibilidad de los pacientes que piden ayuda, con independencia de los medicamentos que utilizan. “La ayuda se concede sin tener en cuenta el interés de los donantes”, dijo Harris. Y se negó a responder a preguntas adicionales.

A principios de este año, las organizaciones benéficas de copago se reunieron en una conferencia en Baltimore en el hotel Hyatt, donde su personal se mezcó con representantes de Novartis, Johnson & Johnson, Merck, Genentech, y otras compañías farmacéuticas.

Una mesa redonda se centró en “supervisión de la OIG” y en “opiniones y evolución en la asistencia al paciente”. Otra se centró en “consideraciones legales y de cumplimiento.” Una tercera tocó “las relaciones fabricante / fundaciones.” No se permitió a Bloomberg Businessweek que escuchara lo que se dijo; en el mostrador de inscripción, un miembro del personal de la conferencia dijo a un reportero que los periodistas no eran bienvenidos al evento de dos días, aunque pagaran los US$2.399 que era el precio de la inscripción.

En el vestíbulo del hotel, Kuhn, el padre de esta industria, se sentó solo, comiendo un desayuno ligero. Estaba receloso de responder más preguntas y evitó contestar a una solicitud para visitar las oficinas del PSI. Pidió garantías de que el reportaje no dañara el sistema que había creado. Las organizaciones benéficas, dijo Kuhn, “son todas totalmente legítimas.” En el teléfono, semanas antes, había expresado una preocupación similar. “No quiero ver a nadie planteando cuestionamientos poco informados sobre las fundaciones sin fines de lucro en la mente del público”, dijo Kuhn.

Si el gobierno obligara a las organizaciones benéficas a ampliar sus fondos para incluir múltiples enfermedades y más medicamentos, las compañías farmacéuticas podrían retirar su apoyo, dijo. “Algunas fundaciones podrían tener que cerrar los programas, porque serían demasiado amplias”.

¿Eso podría pasar porque las compañías farmacéuticas no apoyarían a las organizaciones benéficas sin estar seguras de que redundaría en su propio beneficio?

“Por supuesto,” dijo Kuhn. “Vivimos en una sociedad capitalista. Todo el mundo necesita hacer un poco de dinero”.

¿Por qué siguen subiendo los precios de los medicamentos?

creado el 7 de Diciembre de 2016


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