Salud y Fármacos

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Salud y Fármacos, 23 de marzo de 2014

En febrero de 2014 se ha  publicado en la revista Atención Primaria un trabajo sobre la percepción poblacional del riesgo de accidentes de tráfico asociado al uso de psicofármacos, cuyos antecedentes vamos a tomar como punto de partida[1].

Según un informe publicado por la revista Lancet en 2010 los accidentes de tráfico ocupan la octava causa de muerte en el mundo, causando el mismo número de víctimas mortales que la diabetes[2]. El porcentaje en 2011 de conductores fallecidos que resultaron positivos a psicofármacos fue del 9,49 y sustancias como las benzodiazepinas fueron las más frecuentemente detectadas entre los conductores fallecidos en España entre 1991 y 2000. Pero este grupo farmacológico no es el único que tiene la capacidad de mermar los procesos cognitivos implicados en la conducción de vehículos.

La revista Annals of Pharmacotherapy, en su número de abril presenta dos trabajos realizados por un mismo grupo de investigación de la Universidad de Washington,  en los que analizan los grupos farmacológicos que han sido asociados con mermas en la conducción de vehículos y cuáles son los procesos cognitivos implicados. A los grupos farmacológicos identificados en el deterioro de estos procesos, se les ha denominado Medicamentos Potencialmente Incapacitantes para la Conducción (MPIC).

El objetivo del primero [3] de estos dos trabajos fue describir la asociación entre varios grupos farmacológicos y determinadas variables funcionales-conductuales relacionadas con la conducción de vehículos (como por ejemplo simuladores y test de conducción o pruebas psicométricas que miden la función cognitiva) así como accidentes de tráfico. Se incluyeron para ello estudios observacionales y de intervención en los que hubiesen participado como mínimo diez personas y se excluyeron casos clínicos y series de casos. Como resultado se encontraron 30 estudios que relacionaron los siguientes grupos farmacológicos a las mencionadas variables funcionales-conductuales y a accidentes de tráfico: barbitúricos, benzodiazepinas, hipnóticos, antidepresivos, opioides, antihistamínicos, antidiabéticos orales, antiinflamatorios no esteroideos (AINES), anticonvulsivantes, antipsicóticos, antiparkinsonianos, relajantes musculares y anticolinérgicos. Estos grupos pasaron a formar parte de los denominados MPIC.

Posteriormente, en el segundo trabajo publicado [4] se describió por un lado la frecuencia de uso de estos MPIC en una población de 225 personas conductoras habituales de 68 años de edad media y que eran derivadas a una clínica de evaluación de la conducción donde se les revisaba la medicación y se les hacía determinadas pruebas conductuales de conducción de vehículos, se les realizaba valoraciones psicométricas relacionadas con la función cognitiva, y se les pasaba un cuestionario de valoración funcional. El objetivo era ver cómo se comportaban estos sujetos en estas pruebas y relacionar los resultados con los aspectos farmacológicos. La conclusión de los autores es que el uso de MPIC (empleado en el 68,9% de los sujetos del estudio, cada uno de los cuales consumía una media de 1,4 de estos medicamentos), se asociaba con un incremento significativo de somnolencia diurna, lo cual representa un factor de riesgo reconocido de accidentes de tráfico.

Sin embargo, a pesar de todos estos datos, la percepción del riesgo de accidentes de tráfico de los MPIC en la población general, es escasa. En una encuesta EDADES realizada en España en 2009, sólo el 60% de la población general consideraba que el uso esporádico de tranquilizantes pudiera suponer un riesgo, y recordemos que precisamente es el uso en las primeras semanas el que puede entrañar un riesgo incrementado porque aún no se han manifestado fenómenos de tolerancia al efecto farmacológico[1].

Estos datos supusieron el punto de partida del trabajo publicado en Atención Primaria al que nos referíamos al principio. El objetivo del estudio fue presentar los datos de dos estudios sobre la percepción del riesgo de accidentes automovilísticos así como la información recibida a ese respecto por los usuarios, en un grupo de conductores en tratamiento con fármacos empleados habitualmente como coadvuvantes a los analgésicos (antidepresivos, anticonvulsivantes, ansiolíticos, miorelajantes y opiáceos) y durante 3 meses. Los resultados mostraron un nivel de percepción de riesgo bajo, a pesar de que en ocasiones habían recibido cierta información.

Las agencias reguladoras quizás sean conscientes de este fenómeno, y les preocupe además el aumento en el consumo de este tipo de medicamentos en los últimos años. Los datos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) indican que el uso global de benzodiacepinas en España es muy superior al de otros países europeos con bases de datos farmacoepidemiológicas comparables, y además, se confirma el uso de zolpidem como el segundo hipnótico con mayor prevalencia de uso, siendo éste superior en mujeres y en pacientes de edad avanzada. Todo esto motivó una nota informativa de la AEMPS, el 11 de marzo del 2014 [5], en la que se volvió a incidir en la necesidad de emplear hipnóticos únicamente en periodos breves de tiempo y cuando fuera absolutamente imprescindible. En concreto, la nota recordaba ciertos aspectos del uso adecuado de zolpidem: que la dosis recomendada en pacientes de edad avanzada y/o con insuficiencia hepática es de 5 mg/día, que no deben administrarse dosis adicionales de zolpidem durante la noche, solamente una única dosis al acostarse, y que se recomendaba no conducir o realizar actividades que requieran atención y puedan ser peligrosas por una disminución en el estado de alerta hasta transcurridas 8 horas desde la toma del fármaco.

Resumiendo, el consumo de MPIC es frecuente. Ello entraña un riesgo incrementado de accidentes de tráfico mortales o inhabilitantes. El incremento de este riesgo es debido a la alteración de procesos cognitivos fundamentales en la conducción de vehículos, los cuales son mermados por estados de somnolencia inducidos farmacológicamente, y la percepción de este riesgo no se ha sabido transmitir de forma plena y adecuada a los ciudadanos. El cóctel está servido.

Referencias
1. Oyarzabal A, Ceberio F, Ballero F, Sangüesa V, Martinez Gorostiaga S. Psicotrópicos y dolor durante la conducción. Aten Primaria. febrero de 2014;46(2):111-2.
2. Lozano R, Naghavi M, Foreman K, Lim S, Shibuya K, Aboyans V, et al. Global and regional mortality from 235 causes of death for 20 age groups in 1990 and 2010: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2010. The Lancet. diciembre de 2012;380(9859):2095-128.
3. Hetland A, Carr DB. Medications and Impaired Driving. Ann Pharmacother. 1 de abril de 2014;48(4):494-506.
4. Hetland AJ, Carr DB, Wallendorf MJ, Barco PP. Potentially Driver-Impairing (PDI) Medication Use in Medically Impaired Adults Referred for Driving Evaluation. Ann Pharmacother. 1 de abril de 2014;48(4):476-82.
5. ZOLPIDEM (DALPARAN®, STILNOX®, ZOLPIDEM EFG®): RIESGO DE SOMNOLENCIA AL DÍA SIGUIENTE [Internet]. AEMPS. 2014. Recuperado a partir de: http://www.aemps.gob.es/informa/notasInformativas/medicamentosUsoHumano/seguridad/2014/NI-MUH_FV_05-2014-zolpidem.htm

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